La Unión del Golfo puede ser una opción positiva en el nuevo orden que se vislumbra en Oriente Medio, pero para ello tendrán que pasar de las palabras a los hechos superando posiciones e intereses particulares y el temor a la hegemonía saudí.
Tras unos años de auténtica "luna de miel" entre el Reino de Marruecos y Estados Unidos, sobre todo en lo que se refiere a sus relaciones en el terreno militar, a mediados de este mes de abril han sufrido una crisis, al parecer transitoria.
El régimen de Bachar al Assad sigue sin ceder a las presiones occidentales, la oposición armada está estancada tanto en el campo de batalla como en el terreno diplomático y el último aliado de Damasco, Rusia, se mantiene junto a China en sus trece: no al derrocamiento de Assad y no a la injerencia exterior.
Apagados, de momento, los fuegos de artificio norcoreanos con el sacrificio de una víctima estadounidense el escenario de las preocupaciones de seguridad norteamericanas torna de nuevo a Siria, con las nuevas informaciones sobre el uso de armas químicas en el conflicto.
El que la Resolución 2099 prorrogue el Mandato de la Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum en el Sáhara Occidental hasta el 30 de abril de 2014, no garantiza que el statu quo vaya a perdurar como lo ha hecho hasta ahora.
Los disparos, que se produjeron durante tres noches desde el mismo lugar, no causaron daños y tampoco se ha informado de que lo hiciera el bombardeo israelí.
Ambos países firmaron en 2011 un acuerdo estratégico, que se ha traducido hasta ahora en la formación de oficiales y cadetes del Ejército afgano en instituciones indias.
Es el cuarto misil de este tipo que dispara el régimen de Pyonyang desde la misma zona después de que el sábado lanzara tres proyectiles y otro el domingo.