Este estado lo descubrí hace mucho tiempo en un amigo mío, amante de la historia militar de España, coleccionista y gran bibliófilo y lector, cuando, al alargarse una conversación sobre la acción militar en Marruecos a principios del siglo XX, me sorprendió su visión extremadamente simple de esa guerra, de la que yo creía era gran conocedor. Así que le repliqué con la frase con la que encabezo estas líneas. Saltó como pillado en una falta grave sobre el conocimiento de la historia y, tras un instante de rápido análisis, me miró como si le hubiera descubierto un arcano y acabó aceptando esa aseveración. Estado fallido y señores de la guerra Una ONG marroquí ha considerado recientemente una "provocación" la concesión por el Gobierno español de la Laureada Colectiva al Regimiento de Caballería Alcántara por su heroico comportamiento en la protección de la retirada de Annual (Marruecos) en julio de 1921. Esa consideración hecha desde Marruecos muestra su incomprensión de lo que fue aquella guerra, que unió las fuerzas de los gobiernos de España y de Marruecos, cada uno persiguiendo, naturalmente, la defensa de sus propios intereses. Por utilizar términos actuales, al Marruecos de principios del siglo XX se le titularía casi como un "estado fallido", en el que no se recaudaban impuestos, los civiles iban armados, las cabilas estaban casi en guerra permanente entre sí por conflictos seculares, había piratería y relaciones internacionales mantenidas por jefes locales, entre otros graves defectos. La autoridad del Sultán era decreciente según aumentara la distancia a la capital y había regiones en las que sus representantes eran prácticamente ignorados porque la policía y el ejército marroquíes apenas tenían entidad y capacidad para intervenir, sobre todo en el norte, la zona que quedaría asignada a la acción española. Florecían allí cabecillas locales que hoy en día recibirían el apelativo de "señores de la guerra" como El Roghi Bu Hamara, El Raisuni o Abd el Krim, que organizaron sus propias rebeliones armadas, con diferentes fechas, motivaciones, actitud cambiante hacia la acción española, extensión de los territorios dominados y seguimiento entre las cabilas más independientes. Parecido a lo que conocemos de la reciente historia de Afganistán. Tropas jalifianas junto a las españolas La intervención internacional en Marruecos a principios del siglo XX fue consecuencia de la conferencia de Algeciras (1906) en la que las potencias europeas -incluyendo lejanas como el Imperio Austrohúngaro, Rusia y Suecia- y EEUU, acordaron junto con Marruecos, la división de su territorio en dos partes, la del león para Francia y la más arriscada y de cabilas más belicosas para España. Y allí envió el Gobierno español al Ejército, que organizó pronto, con consentimiento marroquí y sin problemas en el número de alistados, el reclutamiento de tropas indígenas, los famosos Regulares, y de la Policía Indígena, también formada por marroquíes con mandos españoles. El representante del Sultán en la zona española, el Jalifa, organizó las Mehal.las Jalifianas como parte del ejército marroquí al servicio del Majzén y que operaban en coordinación con el español, del que procedía ayuda, oficiales instructores y especialistas. Y hay que sumar otras formaciones de marroquíes que participaron en las operaciones, aliados con las tropas españolas, en unas milicias civiles llamadas harkas, gums e idalas. Hubo también un servicio de espionaje integrado por marroquíes. Ejército español y ejército marroquí combatieron, pues, con la superior dirección del primero, a los enemigos del régimen marroquí. Lo explica Indalecio Prieto en 1921: "... un moro esbelto, bien vestido, con una bandera arrollada. Aguarda al general Berenguer. Es el portaestandarte que ahora lleva el Alto Comisario en cuanto sale del territorio de soberanía [española] para entrar en la zona del Protectorado, con la insignia del Majzén [el pendón verde] para evidenciar que no es España conquistadora quien allí asienta su dominio, sino el Jalifa... cuya autoridad nos toca amparar". Billete de 1 riffan emitido por el Banco del Rif Podemos imaginar fácilmente en el final de Marruecos si pensamos en un Afganistán en el peor de sus momentos y sin las tropas occidentales que han estado combatiendo allí, con la cooperación de tropas y policías locales, a sus enemigos internos. La sangre y el oro de España Como proclama la inscripción de la Medalla de la Paz de Marruecos, creada por el Gobierno español en 1927 para conmemorar el fin de la guerra contra los rebeldes, España contribuyó a aquella "con la sangre preciada de sus hijos y el oro de sus arcas". La sangre española vertida fue la de las 30.000 bajas españolas que costó alcanzar la paz y merece el respeto y la consideración por ambas partes, Marruecos y España. Estas explicaciones deberían bastar para dejar las cosas en su sitio. España ganó entonces su guerra a favor de Marruecos, y, repito, también a favor de los intereses españoles en la zona fijados por el Gobierno. Del cumplimiento de la misión hay que estar orgullosos. Cuestión diferente es si, con más y mejores tropas y medios, podía haberse logrado antes la victoria y con menos bajas, pero esto es para debatirlo en otra ocasión.
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