El Presidente del Ecuador, Rafael Correa ha anunciado que su país propondrá a la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) la creación de un centro de formación militar. Con ello se pretende que según el mandatario se imparta a las FAS latinoamericanas una doctrina propia, basada en el valor a la democracia y de los derechos humanos. Ciertamente la propuesta guarda absoluta coherencia con las motivaciones que inspiraron la creación de UNASUR.
Desde su origen este organismo ha pretendido ser un proyecto propiamente sudamericano y autónomo, al margen de la influencia de cualquier potencia. En coherencia con ello ha desarrollado en diferentes ámbitos, órganos especializados para dar desarrollo a este proyecto. En el ámbito de la Defensa el Consejo de Defensa Sudamericano es un ejemplo evidente de ello y en idéntico sentido, para proporcionar herramientas a dicho Consejo, se inauguró el pasado año el Centro de Estudios Estratégicos de la Defensa de UNASUR, con el fin de elaborar una perspectiva propia que exprese las necesidades e intereses comunes sobre la defensa de los países de la región. Siendo así por qué no crear la escuela militar sudamericana que propone el Presidente Correa?. Dicha escuela iría completando la ambición de diseñar este proyecto de integración autónomo, desde el ámbito de la defensa.
La propuesta sin embargo tiene importantes obstáculos, la región carece de una doctrina propia. La diversidad de amenazas y problemas de seguridad que enfrenta la región es hasta el momento el principal obstáculo para la configuración de una única formación militar para todos los militares sudamericanos. La necesidad de una doctrina previa complica enormemente el proceso, por coherente que sea con el espíritu de la UNASUR.
Más allá de la complejidad y de las dificultades para llevar a cabo la propuesta, la pregunta es por qué el Presidente Correa la hace en el seno de la UNASUR y no en la Alternativa para nuestros pueblos de América (ALBA). Ecuador es miembro del ALBA y esta iniciativa se ha formulado ya en su seno desde hace más de un año. En 2009, en la VII Cumbre Extraordinaria, donde si no fue posible acordar la formación de unas fuerzas armadas del ALBA, se alcanzó un acuerdo para definir una Estrategia de Defensa Integral Popular Conjunta y la constitución de una Escuela de Dignidad y Soberanía de las Fuerzas Armadas de los países del ALBA-TCP. En otras palabras el proyecto de una escuela militar ya esta formulado y además está mucho más avanzado que en la UNASUR, donde hasta el momento ni ha sido mencionada esta posibilidad, posiblemente por las dificultades que entraña. Habría que sumar algo más, el motivo de la propuesta de una escuela militar se justifica fundamentalmente por la negativa a que los militares ecuatorianos asistan al Instituto norteamericano del Hemisferio Occidental para la Cooperación en Seguridad, antigua Escuela de las Américas. Negativa que el Presidente ha hecho expresa firmando una prohibición para que estas visitas no se realicen. También en este caso hay coincidencia entre el Presidente Correa y el ALBA, ya que de hecho éste fue uno de los principales argumentos que justificaron la creación de la escuela del ALBA, en su momento.
Este centro de formación es considerado como uno de los emblemas militares de la Guerra Fría en el continente americano, desde donde Estados Unidos formó, bajo los presupuestos de la Doctrina de seguridad nacional y la guerra contrarrevolucionaria, a numerosos cuadros militares de todos los países latinoamericanos. Buena parte de las políticas represoras aplicadas en los sesenta y los setenta por los gobiernos de la región se desarrollaron a partir de la doctrina difundida desde este centro. Sin embargo Correa no es el único que por este motivo, se ha manifestado en contra la Escuela de las Américas. Argentina, Venezuela y Bolivia también han dejado de enviar militares al centro. De hecho desde el ALBA, a diferencia de UNASUR, se han formulado duras críticas no sólo a este centro sino a la influencia norteamericana en general
De todo ello se deduce que el espacio natural para hacer esta propuesta sería la ALBA y no la UNASUR. Los motivos para no hacerlo pueden ser varios. El primero de ellos, parece obvio, que se debe a una mayor identificación del gobiernos ecuatoriano con la UNASUR que con el ALBA. Pero mas allá de ello, lo cierto es que la propuesta en sí no parece muy factible ni en el ALBA, ni en la UNASUR debido a causas muy similares. Tanto en un organismo como en otro, hay una diversidad interna e intereses encontrados que dificultad proyectos comunes. Muestra de esta disparidad es la inexistencia tanto en la ALBA como en UNASUR de una doctrina común a partir de la cual construir un programa educativo coherente bajo el que impartir enseñanza militar. Los resultados en el ALBA en relación a la propuesta concreta han sido muy escasos. La tarea era harto complicada y no podía tener mucho futuro ya que, como en la UNASUR, no todos los países miembros comparten una estrategia y una doctrina común.
La existencia de un objetivo común no es suficiente. A grandes rasgos tanto la UNASUR como la ALBA, por diferentes motivos, desean independizarse de la influencia doctrinal y militar ejercida por Estados Unidos y pretenden ganar en autonomía mediante la configuración de una doctrina propia. Sin embargo este punto de partida no garantiza la posibilidad de crear una escuela ni de la UNASUR, ni del ALBA, donde pese a tener incluso un edificio asignado en Bolivia, el proyecto no ha podido avanzar más. Y todo parece indicar que pasaría lo mismo en la UNASUR de progresar la propuesta ecuatoriana.
*Sonia Alda es Doctora en Historia por la UAM y profesora en el IUGM
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