España tiene, desgraciadamente, un importante déficit en el ámbito de la conciencia de defensa, especialmente si nos comparamos con los países europeos de nuestro entorno. Para tomar conciencia de algo es necesario conocerlo, luego sentirlo como propio y finalmente comprometerse en defenderlo.
El Ministro de Defensa Sr Morenés, en su discurso con motivo de la Pascua Militar, identificó, entre otros, objetivos tan ambiciosos como revisar la estructura orgánica del Ministerio de Defensa y de las Fuerzas Armadas y definir las capacidades militares a conservar, a redefinir y a suprimir.
En sus palabras durante la celebración de la Pascua Militar, el nuevo ministro de Defensa, Pedro Morenés, ha esbozado sus intenciones, necesariamente de forma muy general, para afrontar los complejos problemas de su departamento, derivados no sólo de la tremenda crisis en que estamos metidos sino también de las peculiares características de éste.
En su discurso de investidura, el nuevo Presidente, Mariano Rajoy, señaló que "en política de Defensa siempre actuará a través del consenso con el principal partido de la oposición, definiendo, en cada caso, las líneas esenciales de la Estrategia de Defensa Nacional y las eventuales actuaciones en el exterior". Es decir, considerar a la política de defensa como una política de estado.
Tras el casi eterno período pre y post electoral, y dentro de la vorágine económica que nos arrastra, es previsible que el próximo día 22 empiece a funcionar un nuevo gobierno. Tal vez sea este un buen momento para reflexionar sobre el tema que sugiere el título de este artículo, como muy bien está promoviendo este diario digital que ya ha acogido en sus páginas muchas y variadas opiniones.
En primer lugar me gustaría aclarar que cuando se habla de Defensa no se debería hablar solamente de la defensa del territorio nacional, ni tampoco solamente de la defensa de la Constitución, sino que se trata de la defensa de la Seguridad Nacional.
La conciencia nacional es una emanación de la historia, compartida por un grupo humano. Constituye la expresión de sus afinidades culturales y emocionales y, en definitiva, de todos los rasgos que lo configuran como único y distinto frente a otros grupos.
El cambio de legislatura invita a comentar el perfil deseable de un ministro de Defensa, teniendo en cuenta los antecedentes de los sucesivos ministros que han ocupado esta cartera desde la Transición.
La crisis que padece la economía española afecta a todas las empresas que constituyen la industria al servicio de la Defensa, incluso a aquellas como las de AESMIDE, que se dedican más de manera cualitativa que cuantitativa a atender las necesidades de la Defensa .
El 24 de febrero de 1981 el Secretario de Estado Haig tuvo una desafortunada reacción sobre los acontecimientos españoles de unas horas antes. Preguntado a bocajarro por un periodista en la puerta del Departamento de Estado en momentos en que despedía a su colega francés sobre lo que estaba aconteciendo en España replicó que se trataba de un asunto interno español.
Convendría puntualizar o aclarar algunos aspectos en relación con los 27.000 millones de la deuda de Defensa. En primer lugar. ¿Por qué hay que llamarla la "deuda de Defensa"? Como si este Ministerio hubiera efectuado unilateralmente unas irresponsables compras de material que ponen en peligro las finanzas públicas.
NBQ, NBA, NBC, NRBQ. el baile de acrónimos es casi inevitable en una materia de la que el público en general sabe poco, pero que provoca un temor primario y cerval. Ya que nos referimos a la amenaza de tipo nuclear, radológico, biológico y químico, el acrónimo NRBQ parece el más adecuado.
Los economistas calculan que por cada euro invertido en la defensa española se obtienen dos y medio de impacto económico. El impacto del sector en la creación de riqueza de cualquier país va mucho más allá de los puestos de trabajo de las plantillas de los tres ejércitos o de las industrias de defensa, porque supone más de 165.000 empleos adicionales.
Fomentar la conciencia de defensa es un viejo mantra que repetimos desde hace décadas, pero ¿de qué conciencia estamos hablando? El concepto clásico ha evolucionado mucho desde la caída del muro de Berlín y el fin del enfrentamiento entre bloques, pero además nuevos riesgos de carácter global han obligado a un replanteamiento a fondo, mucho más ligado a la seguridad, hasta el punto de que probablemente esta última a medio plazo pueda englobar a la primera.
En el primer despertar de España hacia el exterior, en los tiempos de los Reyes Católicos y del Gran Capitán, el valor del soldado español, actuando en una diversidad de cometidos y territorios, fue reconocido unánimemente por todo el mundo. Era sobrio, resistente a la fatiga y a las privaciones, su fuerza se sustentaba en la tradición, la alta estima que tenía de su honor y sus deberes.
Tenemos un nuevo modelo de Fuerzas Armadas con profesionales capaces de intervenir en cualquier lugar del mundo y con una cualificación que va más allá de lo militar.
La nueva ley de Derechos y Deberes de los militares, aprobada recientemente con amplio consenso político y parlamentario, ha sido proclamada como un gran avance social.
A los tres meses de que se aprobara la Estrategia Española de Seguridad (EES), prometida en 2008 por el presidente José Luis Rodríguez Zapatero, precisamente en el mismo momento en que se diera a luz a la última Directiva de Defensa Nacional (DDN), y ocho semanas antes de que se celebren elecciones generales, analizar el presente y el futuro de la estructura defensiva española es útil y necesario pero también aventurado.
El enfoque integral de la seguridad obliga a que todos los instrumentos del estado tengan que estar coordinados entre sí. La seguridad ya no es tarea únicamente del gobierno ni de las distintas administraciones públicas, sino empeño de la sociedad en su conjunto.
Desde hace algunos años, la Transformación se ha convertido en un asunto muy recurrente entre las autoridades políticas y militares del Ministerio de Defensa.
Las Fuerzas Armadas españolas se encuentran en este momento entre las instituciones más valoradas por el conjunto de la población y ello no es ninguna casualidad coyuntural ni un capricho demoscópico, se trata muy probablemente del resultado de un proceso en el que ha tenido una responsabilidad central el cumplimiento con gran éxito de sus misiones, tanto en el ámbito interno como en el más prolífero escenario exterior.
La Sanidad Militar tiene en la actualidad importantes dificultades para asegurar el apoyo sanitario, tanto en operaciones como en las actividades que desarrolla en territorio nacional, como consecuencia de las graves carencias de personal del Cuerpo Militar de Sanidad (CMS), especialmente de médicos.
La obligación básica de un gobierno en materia de defensa, a riesgo de ser simplista, es atender a la seguridad nacional, y el instrumento básico del que dispone son sus FF.AA. La primera decisión que debe adoptar un Estado es con qué modelo de ejércitos quiere dar respuesta al objetivo perseguido.
La Seguridad Nacional se conforma, como su nombre indica, como el ámbito para proteger los intereses nacionales, por lo que se convierte en la principal responsabilidad del Gobierno de la nación. Para ello hay que articular una estrategia para definir esos intereses, atribuir los medios necesarios y articularlos para su empleo en un ambiente internacional complejo y cambiante.
Dejemos a un lado otros valores ciertamente más importantes, pero es que, además, los mecanismos de defensa de España tienen tres consecuencias económicas inmediatas.
Como cualquier empresa, los ejércitos fluctuan en su nivel de actividad que les llevan a buscar unas plantillas flexibles. A menudo es necesario hacer frente a necesidades temporales y la forma más rápida es recurrir a personal ya formado antes de reclutar otro nuevo. Ese personal suelen ser los reservistas.
Como reacción a la actitud de Gadafi ante las revueltas en Libia, Naciones Unidas con la Resolución 1973 solicitaba a la comunidad internacional una operación en Libia legitimada por el capítulo VII de la Carta de NNUU y enmarcada en las misiones denominadas de responsabilidad de proteger.
Quizá es en la recientemente difundida Estrategia Española de Seguridad (EES) y no en mis pobres razonamientos donde deberíamos encontrar las ideas de cómo actuar con y dentro de la OTAN en los próximos diez años. Pero como las escasas ideas sobre esta organización expresadas en la EES (ver página 25) dejan un amplísimo margen a la interpretación, me aventuraré a adelantar alguna de las mías.
En 1990, las Fuerzas Armadas contaban con la confianza de únicamente el 41% de los españoles. Poco más de 20 años después, el crédito que merece la institución militar a la sociedad a la que sirve no tiene comparación con ninguna otra institución social o estatal, llegando al 82,5%. Hoy son los partidos políticos los que con un escuálido 41,6% de confianza social se encuentran en las antípodas de las Fuerzas Armadas.