Hace unos pocos días, navegando por las ediciones digitales de prensa internacional, llamó mi atención una noticia cuya cabecera rezaba:
"Cuatro hombres de negocios finlandeses, de origen carelio, pueden sembrar cizaña entre Finlandia y Rusia. Reclaman la restitución de la región de Carelia cedida a la URSS en 1944, como contrapartida a renunciar a un proyecto que puede amenazar al futuro oleoducto que los rusos quieren instalar en el mar Báltico."
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Actual división política de la Carelia |
Han pasado más de setenta años de aquel momento en que la URSS, alarmada ante la posibilidad de que la Alemania del III Reich realizase una ofensiva sobre su territorio a través de Finlandia, solicitó el intercambio de una zona próxima a la emblemática ciudad de Leningrado (hoy San Petersburgo), unos 2700 kms2 correspondientes a la parte finlandesa del istmo de Carelia, por 5500 kms2 de la Carelia Oriental de la Unión Soviética.
En aquel otoño de 1939, la URSS realizó su última y definitiva demanda a Finlandia que incluía, además del movimiento retrogrado de las tropas fronterizas finlandesas de unos 25 kilómetros de su entonces emplazamientos, la intención de que se le permitiese establecer una base naval en la estratégica península de Hanko por un periodo de 30 años.
A pesar de que en enero de 1932 Finlandia había firmado un pacto de no agresión con la URSS, el 26 de noviembre de 1939, como consecuencia del bombardeo artillero sobre la fronteriza ciudad soviética de Mainila -bombardeo atribuido por uno y otro bando al contrario-, el Comisario del Pueblo (ministro) de Asuntos Exteriores de la URSS Viacheslav Mijailovich Skvialin, denominado "Molotov" (martillo en ruso), firmó la famosa nota [1] que desencadenó la guerra ruso-finesa o de invierno de 1939.
La guerra ruso-finesa
La ruptura del pacto de no agresión de 1932 entre la URSS y Finlandia, puede que fuese debido a la enemistad latente entre ambas naciones desde la finalización de la Primera Guerra Mundial, así como a la existencia de alguna cláusula, de carácter secreto, del Pacto Molotov-Ribbentrop del 23 de agosto de 1939 entre la Unión Soviética y Alemania que, además de establecer que no habría ningún tipo de agresión entre los firmantes durante un periodo de 10 años, parece que también incluía el desglose del reparto de países de Europa Occidental.
Como respuesta a la negativa finlandesa a ceder a las pretensiones soviéticas, cuatro días más tarde y sin mediar otro comunicado, la URSS comienza las hostilidades bombardeando la capital finesa y la invasión del territorio por cuatro frentes a la vez. Consecuencia de esta campaña ofensiva llevada a cabo sin intervención extranjera, por la URSS, la Sociedad de Naciones, el 14 de diciembre, excluye de su seno a la potencia agresora.
Durante los tres meses largos que duró esta guerra ruso-finlandesa esta se desarrolló principalmente en terrenos de bosque y sus características fueron la de, por parte finesa, una guerra de guerrillas, llevada a cabo mediante la táctica de cercar al enemigo en pequeñas bolsas y atacarle en diversos puntos por sorpresa, con objeto de infringirle el mayor número de bajas y replegarse rápidamente para no presentar un combate en fuerza, dada la desproporción de efectivos [2] en el conflicto.
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Topas finesas durante la guerra © Imperial War Museum - UK Gov. |
La resistencia finlandesa fue tan encarnizada que los rusos llegan a utilizar, por primera vez en esta guerra, los gases asfixiantes. Merecen destacarse las ligeras unidades de infantería compuestas principalmente por esquiadores finlandeses, que con trajes de camuflaje se confundían con la nieve, desplazándose rápidamente mediante sus esquíes, utilizando para destruir los blindados soviéticos, lo que se conocería como los cocteles molotov, con excelentes resultados.
Este conflicto tuvo el paradójico mérito de situar a Escandinavia en primera fila del escenario militar y sacar a los países aliados de su pasividad.
En febrero, las unidades soviéticas fueron reforzadas con mas de medio millón de combatientes de refresco pertrechados de toda clase de potente armamento y moderno material, lo que supuso un fuerte impulso a las operaciones militares que en poco tiempo ocasionaron la capitulación de Finlandia el 12 de marzo, mediante la firma del documento denominado Paz de Moscú, por el que Finlandia, entre otras cosas, cede a la URSS el istmo de Carelia, parte de la Carelia Oriental y el derecho de paso por el territorio de Petsamo al norte.
Al año siguiente y como consecuencia del ataque de Hitler a Rusia, los finlandeses se aliaron con el III Reich y volvieron a recuperar sus territorios perdidos. No obstante, el 15 de junio de 1944 comienza la ofensiva rusa en Finlandia que gana terreno ante el desmoronamiento del ejército alemán, que conduce a que el 19 de septiembre se firme el armisticio ruso finlandés.
Finalizada la Segunda Guerra Mundial (II GM), un tratado pretende resolver parte de los conflictos existentes en Europa y, a su vez, deshacer los cambios fronterizos creados por la Alemania nazi durante la guerra. Este no es otro que el Tratado Internacional del 10 de febrero de 1947, firmado en París, entre los Aliados vencedores de la II GM y los antiguos aliados de Alemania (Italia, Rumanía, Hungría, Bulgaria y Finlandia). Se acuerda, referente a Finlandia, la cesión a la URSS, de la península de Carelia, Petsamo y el derecho de acceso al Ártico, así como el arriendo, por 50 años, de la base militar de Porkkala situada a unos pocos kilómetros al oeste de la capital finesa.
La situación durante la Guerra Fría
Un año después Finlandia firma un acuerdo bilateral con la URSS de amistad y no agresión por un periodo de 10 años, renovado en 20 años, en 1955, al tiempo que los soviéticos renunciaban a la base de Porkkala.
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Zonas finlandesas cedidas a la URSS en 1940 |
El triste balance obtenido, por haber combatido durante la II GM al lado de los alemanes, se concretó en la cesión de un 12% de su territorio y que más de 400.000 finlandeses (un 10 % de su población) tuvo que abandonar sus hogares y tierras. Seguro que entre ellos se encontraban los antepasados de los hombres de negocios que, en la noticia comentada al principio, reivindican sus tierras.
La forma por la que estos reivindicadores incomodan a las actuales autoridades rusas, es la de haber solicitado formalmente, en agosto del pasado año, un permiso de exploración submarina en una zona entre Helsinki y Tallin. A pesar de lo singular de la demanda, ya que se trata de una zona de unos 80 metros de profundidad transitada por numerosos navíos que van y vienen de San Petersburgo, como se ha comentado, se ajusta completamente a la ley. Nada que añadir excepto por el pequeño detalle que se encuentra sobre el trazado previsto del futuro oleoducto North Stream (corriente del norte) que partiendo de Rusia abastece de crudo a Alemania.
Desde que se puso la demanda, el gobierno ruso comienza a impacientarse por los retardos que este proyecto privado de exploración minera submarina pudiera provocar. Parece que este pasado verano los rusos han ofertado una buena cantidad de dinero a los empresarios fineses y que estos lo han rechazado arguyendo que a cambio de la retirada de la demanda desean que Rusia abra una serie de negociaciones con Finlandia para la restitución de La Carelia.
La hipotética restitución del territorio es un asunto que envenena, de una manera crónica, la relación entre ambos vecinos. Durante el periodo de la guerra fría, era aun tema tabú. Al parecer se estuvo a punto de intercambiar, durante los años sesenta, la parte reivindicada de la Carelia por ciertas regiones de Laponia.
En este asunto, por el momento y de una forma oficial, no han reaccionado los gobiernos de ambos países. Comprensible si se tiene en cuenta la fuerte dependencia de los hidrocarburos rusos por parte de Finlandia. Pero esta demanda actual no es la primera de carácter conflictivo que establecen los empresarios fineses, hace unos tres años, su abogado presentó otra demanda, por el momento sin respuesta, reivindicando la restitución de más de medio centenar de granjas y edificios de la Carelia rusa.
La Carelia, ese escenario tan cruento de la Segunda Guerra Mundial, vuelve a estar de actualidad, quizás debido a la nueva geopolítica de la energía que, el experto profesor de estudios de paz y seguridad mundial en el Hampshire College de Massachusetts, nos relata detalladamente en su libro [3] sobre el tema. Estoy convencido que ningún problema es irresoluble, incluso en este caso que nos ocupa y, siendo que se refiere a un territorio símbolo de la cultura finlandesa, es cuestión de comenzar a negociar.
