Este viernes Al Qaeda ha matado a 41 personas y herido a 100 más en la ciudad paquistaní de Pesahawar. La víspera había sido en Kabul, la capital afgana, en una de sus zonas más blindadas: frente al ministerio del Interior afgano y contra la Embajada de la India. Balance abierto de víctimas: 17 muertos y 63 heridos, algunos pasarán a la anterior casilla.
El lunes, en la paquistaní Islamabad la perforación terrorista del blindaje espacial que protegía dependencias de la ONU, también con muertos y numerosos heridos. Han coincidido los atentados con el octavo aniversario de la guerra de Afganistán. Toda una exhibición en torno al octavo aniversario de un conflicto que militarmente comenzó muy bien y que políticamente no ha resuelto nada, pues los talibanes controlan ahora más de dos tercios del país. Encima de la mesa está, en Washington, el debate sobre el cambio de orientación y de ritmo en el esfuerzo militar.
Y con ello, la evidencia de que sin seguridad de poco sirven tanto la defensa como el ataque. La guerra terrorista invierte y descabala los parámetros históricos de la guerra, sobre todo cuando se combina sinérgicamente con la guerrilla y se basa en un fanatismo religioso que convierte en obuses a los suicidas. En Afganistán, como en Pakistán, el desafío a la seguridad supera marcas.

Afganistán y Pakistán
Un soldado español muerto y otros cinco heridos es el balance de un episodio que se repite en Afganistán, por el uso de minas de distinta condición y diseño - convencionales o artesanales por el formato y el tipo de explosivo utilizado en ellas - que hacen los activistas talibanes contra las patrullas y unidades motorizadas de las fuerzas occidentales allí combatientes. La cualidad de los explosivos pone a prueba la calidad de los blindajes.
Pero también el género de beligerancia de los islamistas cuestiona el modelo de acción seguida hasta el presente por las fuerzas militares norteamericanas y los soldados de la OTAN: si como combate convencional contra la insurgencia, o si lucha quirúrgicamente antiterrorista, para reducir en la mayor medida posible la asimetría que otorga ventajas de partida a las huestes de Al Qaeda y sus aliados, tanto en Afganistán como en Pakistán.
Un atentado terrorista contra una sede de la ONU en Islamabad, con cinco muertos y muchos heridos, ocurrido el pasado lunes, expresa la propia estrategia de Ben Laden frente a la disyuntiva de quienes la combaten: insurgencia guerrillera en Afganistán contra las tropas, y terrorismo puro y duro en Pakistán contra los civiles.

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