CONTINUACIÓN DE LAS OPERACIONES
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Fotografía de la época |
El 22 de julio transcurre en aparente calma. Nuevos notables rifeños se presentan en Melilla para mostrarse ajenos al alzamiento rebelde. Las confidencias revelan que habrá ataques a Sidi Musa y, lo que es peor, a Melilla, algo que muestra en cuánto estiman los rebeldes sus capacidades y el nivel de confianza en sus posibilidades. Ante este aumento del peligro, con la guarnición disminuida a causa de que las tropas están desplegadas en el campo, el general Marina decide organizar, con los refuerzos que están llegando, un potente ataque preventivo desde la ciudad hacia el cerro de Ait Aixa, para alejar la amenaza procedente del Gurugú. Toda la región circundante de Melilla está bajo las presiones de los sublevados que amenazan a los trabajadores moros de la vía férrea para que roben las herramientas y que saboteen las instalaciones, logrando que quede inutilizada una buena parte de la vía.
Del 23 al 26 son días de relativa calma mientras siguen desembarcando refuerzos, como el 24 el Batallón de Arapiles, de la Brigada Pintos. Las posiciones siguen hostigadas, especialmente la 2ª caseta y el 25 resultan heridos 1 capitán y 15 de tropa de las posiciones inmediatas a Melilla, lo que permite confirmar la amenaza.
EN EL BARRANCO DEL LOBO
El 27 de julio, martes, iba a salir un convoy con suministros para las posiciones adelantadas y las tropas de primera línea, pero llegan noticias sobre la inutilización de la vía y las grandes concentraciones de moros en posiciones dominantes sobre la ruta de comunicación y en una actitud que hace sospechar que están a la espera de que pase el convoy, para cazarle en una gran emboscada.
El General Marina replantea la situación y organiza dos columnas. La primera, para proteger tanto la marcha del convoy de suministros como la realización de las obras de reconstrucción de la vía férrea; está compuesta por 6 compañías de cazadores (una del Batallón de Arapiles, 2 del de Reus, 2 del de Alfonso XII y 1 del de África), 1 escuadrón del regimiento de caballería de Treviño, 1 sección de artillería de montaña y una compañía de ingenieros, todo ello bajo el mando del Coronel Fernández Cuerda.
La segunda columna recibe la misión de proteger el flanco derecho del avance de la primera de las columnas y del convoy de suministros, que es el que resulta amenazado por los rebeldes situadops en las barrancadas del Gurugú. Si es preciso, esta segunda columna debe realizar ataques en esa dirección. Sus fuerzas las proporciona la 1ª Brigada de Cazadores del General Pintos.
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| Coronel Páez Jaramillo. Ilustración basada en fotografía original / A. M. |
Éste organiza sus unidades en dos partes. La 1ª Agrupación, que está formada por los batallones de cazadores de Madrid, Barbastro y Figueras, y de la que el General Pintos se reserva su mando, por prever su utilización en el posible esfuerzo principal. La 2ª Agrupación, mandada por el Coronel Páez Jaramillo, está formada por los batallones de cazadores de Las Navas, Llerena y resto de Arapiles. Además, esta segunda columna tiene una batería de artillería.
Comienza el avance y, pronto, el extremo derecho del flanqueo que proporciona la Brigada Pintos, comienza a sufrir un fuego enemigo que va aumentando hasta conseguir detener el avance de los batallones Madrid, Barbastro y Figueras (la 1ª Agrupación). Los heridos van aumentando, entre ellos el mismo General Pintos de gravedad, que es retirado del frente.
La 2ª Agrupación, tras ir avanzando, supera el barranco del Infierno y se dirige al del Lobo, donde su vanguardia, el batallón de Las Navas (Teniente Coronel Tomás Palacios Rodríguez), es fuertemente emboscado desde posiciones elevadas, no identificables desde las posiciones españolas y hasta fortificadas a base de amontonamientos de piedras. La posición de los españoles es grave pues el batallón de Las Navas ha sido cazado en una posición muy bien aprovechada por los rifeños, está bloqueado -aunque lleva a cabo asaltos parciales a la bayoneta- y recibiendo un incesante tiroteo que le está causando muchas bajas. En su apoyo avanza el batallón de Llerena (Comandante Fresneda) que, sin darse cuenta, también queda englobado en la trampa. Los rifeños, hábilmente, y sin dejar de disparar, han ido perfeccionando sus posiciones de modo que han formado una "U" en cuyo interior dos batallones españoles están bloqueados. Los españoles, tratando de zafarse de esta gravísima situación, intentan, en medio de una constante lluvia de balas, pequeños asaltos, avances y repliegues; las bajas aumentan sin cesar; la situación se reconoce ya como gravísima y de difícil solución y todo ello hace flaquear a algunas fracciones que se retiran sin orden abandonando a heridos y muertos.
Para tratar de salvar la situación se incorpora al combate la reserva de la Agrupación, el batallón de Arapiles, que, por la confusión y el adecuado uso de la maniobra y del fuego de los rifeños, queda también sometido a su fuego y, tras sufrir 200 bajas sin apenas resultados, y quedarle sólo 5 oficiales ilesos, emprende una maniobra de retirada, saliendo del barranco del Lobo.
En resumen, tres batallones del ala derecha han quedado diezmados. Entre los oficiales, han quedado muertos en el barranco los tenientes coroneles Palacios (de Las Navas) y Ortega (de Arapiles); los comandantes López Nuño y Fresneda -herido en tres ocasiones-, los capitanes Melgar, Moreno y Navarro, y los tenientes Cirujano, Márquez, Portilla, Muñoz y Tourné.
Y heridos, el coronel Páez Jaramillo, el teniente coronel Prieto Valero (de Llerena) y 23 oficiales más entre capitanes (Sánchez Gómez, de Eugenio, de la Plaza) y tenientes (Urbina, Carpena, García Ruiz, Pellón, Barbasán, Goded, Fernández Quintero, entre otros); uno de ellos el Capellán Francisco Ocaña Téllez. A muchos de ellos, por su comportamiento heroico, se les concedería la Cruz Laureada de San Fernando, como al Capellán Jesús Moreno Álvaro.
Junto con el resto de los combates de esta jornada, han resultado muertos el General Pintos, 5 Jefes y 12 Oficiales, más otros 4 tras haber sido evacuados; y heridos, 2 Jefes y 38 oficiales más. En cuanto a la Tropa, se hizo un cálculo de 136 muertos y 564 heridos. Fuentes recientes han concretado las cifras totales en 154 muertos y 604 heridos, aunque las cifras podrían revisarse.
EPÍLOGO
Ante la gravedad de la situación se hace cargo de las operaciones el general Marina en persona que, a base de un intensivo uso de la artillería y ataques parciales de algunas de las fracciones de infantería, como el batallón de Estella, consigue reorganizar la situación y a eso de las 6 de la tarde ordena el repliegue general hasta posiciones seguras. Como objetivos logrados en esta sangrienta jornada es que se consideró lavada la afrenta de los asesinatos de los trabajadores españoles, cuyos cuerpos fueron recuperados, el suministro llegó a las posiciones avanzadas y la vía férrea quedó reparada y asegurada. En cambio, pudo constatarse la inexperiencia de las tropas españolas y la enorme capacidad combativa de las cabilas rifeñas, para lo que la táctica europea debía ser revisada, ya que había demostrado no estar a la altura de estos combates diríase irregulares o no convencionales, entonces.
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Cabo Porta banderín. Ilustración basada en fotografía original / A.M. |
La seguridad de Melilla, su comarca y las instalaciones a las que se debía proteger no podía garantizarse ante tal situación. El refuerzo de la guarnición estaba lográndose con las brigadas de cazadores pero se consideró que no era suficiente, así que, tras los combates del 27, se pidieron más tropas y el Gobierno atendió rápidamente la petición. Los batallones de la 3ª Brigada desembarcan desde finales de julio.
El 31 de julio están en Melilla las Divisiones Orozco y Álvarez de Sotomayor y la 2ª Brigada de Cazadores del General Ricardo Morales, con un total de 22.000 hombres. Hay 25 batallones de infantería (18.300 h.), 3 Grupos de ametralladoras (200 h.), la Compañía de Mar, 4 escuadrones de Caballería (400 caballos), 52 piezas de artillería (1500 artilleros de tropa), 4 Compañías de Zapadores y 3 de telégrafos (750 h.).
A principios de agosto de 1908 empezaron a desembarcar el Batallón de Chiclana, el Regimiento de Húsares de la Princesa, 2 batallones de Ferrocarriles y un Tren de Aerostación. En total, iban a acumularse unos 30.000 hombres. Además, se consideró la posibilidad de solicitar otra división expedicionaria, lo que permitiría a las fuerzas españolas alcanzar los 40.000 hombres.
El 16 de agosto se ordena que desde el 1 de septiembre los reservistas de los batallones de infantería sean concentrados en las 5ª compañías (o de depósito) y que se les encomienden servicios de guarnición y de plaza, pero no en las operaciones a vanguardia.
El 24 de agosto han acabado los preparativos para lanzar una gran ofensiva que permita aislar la península de Tres Forcas (al norte de Melilla) para así pacificarla más fácilmente y reforzar el cabo de Agua, al este, en las inmediaciones de las Chafarinas.
Tras reanudarse las operaciones, el 29 de septiembre de 1909, se logran dos objetivos de la mayor importancia psicológica: coronar el monte Gurugú, tan amenazante sobre Melilla y guarida de las cabilas rebeldes y llegar hasta el barranco del Lobo. Dos meses más tarde pudieron recogerse 110 cuerpos de quienes allí perdieron su vida en el combate del 27 de julio, del que se han cumplido en estas fechas 100 años.
Pero la reocupación del territorio se lograba a costa de realizar grandes esfuerzos contra un enemigo poderoso y muy guerrero que el 30 de septiembre infligió a nuestras tropas otro duro castigo en el Zoco el Jemis de Beni bu Ifrur en cuyo combate perdieron la vida el General Díez Vicario, 3 Oficiales y 28 de Tropa.
Las operaciones siguieron hasta que el 17 de diciembre de 1909 se consideró que la zona prevista había quedado pacificada. Los batallones fueron recibiendo la orden de regresar a la península, incluso antes del final. Así, por ejemplo, el de cazadores de Barcelona recibió la orden el 15 de diciembre y embarcó en Melilla el 17; el 21 embarcó el batallón de Estella; el 16 de enero de 1910 reembarcó el de Arapiles que, tras su llegada a Madrid hizo junto con la Brigada entera una entrada triunfal el 22 de ese mes.
LA SANGRE DE SUS HIJOS
Esta guerra de Melilla fue considerada victoriosa y así fue celebrada. Pero las tropas españolas pagaron un fuerte tributo pues sufrieron 252 muertos (2 Generales, 11 Jefes, 31 Oficiales y 208 Suboficiales y Tropa) y 1.551 heridos (9 Jefes, 85 Oficiales y 1.457 Suboficiales y Tropa). Total, 1.803 bajas.
Por otra parte, a esta guerra hay que imputar los muertos, los heridos y los daños causados en los disturbios revolucionarios conocidos como la Semana Trágica de Barcelona, que fueron desatados por los dirigentes (que tan sólo habían convocado una jornada de paro en el lunes 26 de julio) al llegar a esa ciudad las primeras noticias de los combates del barranco del Lobo el día 27.
Composición de los Batallones y la Medalla de la Campaña: Lunes 28 de septiembre