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   sábado, 11 de febrero de 2012
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La Campaña de Melilla

Antonio Manzano  

 

ASESINATO DE OBREROS ESPAÑOLES

 

Plano del Campo Exterior de Melilla de principios del siglo XX / BNE

El 9 de julio de 1909, mientras estaban llevándose a cabo en Madrid negociaciones con Ben Muar, el Delegado del Sultán de Marruecos, acerca de la zona de influencia española, llegaron noticias de que en Melilla unos moros habían matado a unos trabajadores españoles del ferrocarril minero. Unos dicen que han muerto 4, otros que 6 y además, hay otro español herido. El resto del destacamento de obreros, ayudado por moros amigos, ha conseguido llegar hasta el tren y refugiarse en Melilla.

 

Las noticias no eran nuevas, aunque sí su gravedad. En los últimos tiempos, a raíz de la desaparición del Roghi, había aumentado la inseguridad en el campo marroquí y las agresiones e insultos eran frecuentes pues, según se supo, días antes se había proclamado la guerra santa contra los españoles. Por otra parte, las cabilas rifeñas más cercanas a Melilla estaban enfrentadas entre ellas a causa de los beneficios que sólo unas obtenían de las 'concesiones' que El Roghi, el Príncipe Tuerto, pero llamado por sus enemigos Bu Hamara (el tío de la burra), había otorgado a unas compañías mineras de capital francés y español, al haberse atribuido unas capacidades que no tenía pues, desde 1902, venía gobernando aquellas comarcas haciéndose pasar por hermano del Sultán de Marruecos, Muley Mohamed. En cierta ocasión, en su papel de gobernante, salió en defensa de unos españoles agredidos por rebeldes rifeños, a cuyos cabecillas apresó y mandó decapitar y colocar las cabezas a la vista casi de Melilla, en la posada del Cabo Moreno. Éste había sido el apodo del Cheij Ahmed, leal al Sultán y amigo de España muerto en un enfrentamiento entre cabilas tiempo atrás.

 

En Melilla, el General Marina, Comandante General desde 1905, estaba atento a la creciente revuelta en campo rifeño y había tomado algunas medidas de seguridad, ocupando militarmente a principios de 1908 diversos puntos en el entorno de Melilla, como La Restinga (14 de febrero) y el Cabo de Agua (11 de marzo), pero también acogiendo tras sus fortificaciones a tropas del Sultán que huían de los sublevados rifeños a los que no conseguían reducir a la obediencia.

 

La revuelta fue alcanzando niveles tan peligrosos para los intereses españoles que poco antes se leían en la prensa nacional alusiones a la conveniencia de intervenir militarmente. Esta posibilidad derivaba de lo acordado en el Acta de Algeciras -7 de abril de 1906-, por la que 13 países, incluido Marruecos, encomendaban a España y a Francia ayudar a que dicho país saliera de la inoperancia en la que se encontraba, con el compromiso de respetar su integridad territorial y la soberanía del Sultán.

 

REACCIÓN ESPAÑOLA

 

Ante estos asesinatos de españoles el Gobierno autorizó al General Marina acciones ofensivas que redujeran la revuelta en las cercanías de Melilla. Su guarnición era de unos 6.500 hombres y estaba formada por los Regimientos de Infantería Melilla 59 y África 68, el Batallón Disciplinario, un Escuadrón de cazadores de caballería, artillería de plaza y de campaña y los servicios correspondientes.

 

El General Marina el mismo día 9 de julio organiza la primera reacción, pero pide refuerzos al Gobierno porque considera que sus fuerzas no van a ser suficientes para garantizar la defensa de Melilla y sostener a la vez operaciones en campo abierto.

 

De manera inmediata envía en el tren a dos compañías de fusileros del Regimiento África nº 68, que tenía encomendada la seguridad de la vía, a fin de que localice y fije al enemigo. Mientras tanto, organiza una potente columna a base de 2 compañías de fusiles de la Brigada Disciplinaria (formada por corrigendos y por ello habitualmente puesta a la vanguardia de las operaciones), 4 compañías del RI África con una sección de ametralladoras, 2 secciones de sables del Escuadrón de Cazadores de Melilla y una batería de cañones de montaña.

 

Se organiza otra columna, como reserva de la anterior, formada por 2 compañías de fusiles del Regimiento de Infantería Melilla nº 59 y otra del de África, así como una batería de montaña y una sección de cañones. A todo ello se añaden una sección de Ingenieros, una de Administración (Intendencia) y una de Sanidad.

 

Estas fuerzas van a la ofensiva para restablecer la situación, recuperar los cuerpos de los españoles asesinados, dejar alto el pabellón español y castigar a los agresores. Pero se encuentran con un enemigo con el que se traba un verdadero combate en el que, tras una potente preparación artillera, la infantería ataca, teniendo que dar el centro del despliegue tres asaltos y otros tres el flanco derecho. En total, para derrotar a los rebeldes se les ha combatido durante toda la mañana. En el avance se ha alcanzado primeramente la posición llamada Sidi Musa y la final la llamada Sidi Hamed El Hach.

 

Fotografía de la época

Se han sufrido importantes bajas: 6 muertos (el teniente Eduardo López Salcedo, de la Brigada Disciplinaria y 5 de tropa) y 25 heridos graves (de ellos, 3 Oficiales: el Capitán Riquelme, de la Oficina Indígena -encargada de las relaciones con las cabilas- y los Tenientes Luis Molina y Alberto Molina, de la Brigada Disciplinaria). Además, ha habido un número considerable de heridos leves. De los rebeldes se han localizado 40 cadáveres, suponiéndoles bajas mayores porque el cabecilla rebelde El Mizzián, buscando provocar en sus partidarios ansias de venganza y lograr nuevas incorporaciones afirma haber sufrido 600 bajas. En cambio, como consecuencia de esta victoria se presentan en Melilla diversos moros notables que desean mostrar sus respetos y sumisión a las autoridades españolas, deseando quedar al margen de la actitud de los rebeldes.

 

El mismo día 9 el Gobierno firma el Decreto de Movilización para el refuerzo de la guarnición de Melilla. Las unidades hubieron de pasar de sus plantillas de paz a las de guerra y, conforme la reglamentación de la época, se llamó a filas a los últimos licenciados por tener reciente el adiestramiento militar. Pero esto no fue bien recibido popularmente por la agitación de los partidos y sindicatos opuestos a la intervención militar. Aún así, en pocos días irán embarcando en Barcelona los primeros refuerzos con destino a Melilla, los batallones de la 3ª Brigada de Cazadores del General Modesto Navarro García: el 13, el Batallón de Barcelona; el 15, el de Mérida; el 16, el de Alba de Tormes; el 17, el de Estella y el 18, el de Reus. Con esta separación, irán desembarcando sucesivamente en Melilla dos días después y pasando al frente al cabo de otro par de días de preparación.

 

En síntesis, en una semana, los batallones han pasado de sus acuartelamientos peninsulares a la primera línea de fuego. En el proceso de completar las plantillas, el Batallón de Arapiles (de la 1ª Brigada de Cazadores), por ejemplo, ha necesitado llamar a 320 reservistas para ponerse en pie de guerra, con un total de 839 plazas.

 

El día 12 tropas españolas ocupan el Atalayón, al sur de Melilla para reforzar el despliegue. En campo abierto, el despliegue español tras el combate del 9 tiene una debilidad, pues su flanco derecho está dominado por alturas ocupadas por los rebeldes, a cuya retaguardia se eleva el macizo del monte Gurugú, y por ello, a lo largo de los siguientes días se registran hostigamientos que son respondidos por la artillería española.

 

En las cabilas rebeldes, incluso en zonas alejadas de Melilla, como en la bahía de Alhucemas, se dirigen llamadas a la guerra santa a las cabilas de Beni Itef, Bocoya, Beni Said, Beni Urriaguel y otras, a las que se coacciona para que aporten gente armada, siendo los más reticentes a sumarse a la rebelión los de Beni Sicar por ser los beneficiados de su posición más cercana a Melilla. Se calcula en 5.000 los moros armados en rebeldía.

 

En la 'retaguardia' española, según Opisso "la guerra había sido desde el principio impopular, por no verse claro su objeto" y, entre otros aspectos, por la controversia de por qué se había decidido recurrir a los reservistas de la 3ª Brigada de Cazadores para completarla, si la moderna División Orozco estaba preparada para salir como incluso la Brigada de Cazadores del Campo de Gibraltar, las dos Grandes Unidades mejor dotadas para ir al frente.

 

El 18 de julio de 1909, con las fortificaciones más avanzadas de Sidi Hamed El Hach aún por concluir, esta posición sufre durante toda la tarde ataques que por la noche dan paso a los asaltos. Los moros logran llegar hasta unos cañones que son defendidos heroicamente por los artilleros Comandante José Royo de Diego y el Capitán Enrique Guiloche Bonet quienes, a costa de sus vidas, evitan que el enemigo se los lleve. De madrugada se contabilizan las bajas propias: 19 muertos (2 Jefes, 1 Capitán, 2 Sargentos y 14 soldados), 9 heridos graves (3 oficiales y 6 soldados) y numerosos heridos leves. Se calculan en más de 300 las bajas enemigas. Mientras, a Melilla siguen llegando batallones de refuerzo.

 

En la península, las autoridades gubernativas tratan de contrarrestar la acción de los extremistas que provocan disturbios en protesta contra la guerra de Marruecos y a consecuencia de lo cual es detenido y procesado Pablo Iglesias, que en un mitin de este día proclama que los rifeños sublevados tienen la razón.

 

El 20 de julio, la masa atacante rebelde se dirige a la posición a retaguardia de la anterior, la llamada Sidi Musa, pero los moros amigos ya habían informado de ello. A mediodía se cierra el cerco a distancia y se tirotea la posición durante el resto de la jornada; por la noche, se lanzan asaltos en varias ocasiones. Al amanecer se contabilizan las bajas propias: 23 muertos y 50 heridos. Se contabilizan 17 muertos enemigos.

 

Otros ataques moros, como los anteriores "bien concebidos y ejecutados", son lanzados contra la posición llamada 2ª caseta, importante centro logístico, bien provisto de municiones y víveres. Resultado: 33 muertos y 61 heridos españoles, a cambio de mantener intacta la posición.

 

El 21 de julio salen de Madrid las primeras unidades de la 1ª Brigada de Cazadores del General Guillermo Pintos Ledesma.

 

BALANCE PROVISIONAL

General Marina. Ilustración basada en fotografía original / A.M.

 

En resumen, podría decirse que, poco a poco, en las cercanías de Melilla, se ha generado un conflicto cuya gravedad no cesa de aumentar. Las cabilas rebeldes han constituido una masa muy numerosa -se habló de hasta 14.000 rifeños con armas-, compacta, aguerrida, con fracciones de a pie y de a caballo, bien dirigidas en el campo de batalla y con capacidad para llevar a cabo potentes ataques a las posiciones españolas, aún careciendo de armas pesadas.

 

Las tropas españolas, desde el 9 hasta el 22 de julio de 1908, en apenas dos semanas, han sufrido 81 muertos, 145 heridos graves y un número mayor de leves. Esto da una idea de lo durísimos que han sido los combates, sobre todo, vistas estas cifras desde la mentalidad actual. Serviría de dato complementario el de las bajas enemigas, pero esta ha sido una cuestión siempre difícil de evaluar, pudiendo dar una aproximación a las 1000 bajas de todas las clases, de las que seguras serían 57 muertos, aunque de éstos habría más.

 

MENTALIDAD MILITAR HACE 100 AÑOS

 

A principios del siglo XX la idea del combate de la infantería era otra muy diferente a la actual y hay que aproximarse a ella para emitir valoraciones proporcionadas a sus características; en los Oficiales de 1908 -una parte de los cuales había combatido en la guerra de Cuba, acabada 10 años antes- aún estaba presente la idea decimonónica de que su honor, sentido del deber y deseos de mostrar su valor les prohibía adoptar posiciones que les protegieran de los disparos enemigos y los Jefes y Generales eran renuentes a desmontar de su caballo durante el combate; por eso había tantas bajas de todos ellos, proporcionalmente hablando. En otros casos, el ejemplo personal del oficial era necesario para arrastrar a una tropa que, en las ocasiones más duras del combate, podía ver flaquear su moral combativa.

 

En el plano operativo, las compañías de infantería, los escuadrones de caballería, las baterías de artillería, y, en realidad, todas las fuerzas, llevaban a cabo los combates de un modo pautado, dependiendo de voces de mando preventivas y ejecutivas, lo que hoy en día se denomina 'orden cerrado'. Hace 100 años seguía creyéndose (al igual que en los 200 años anteriores) que el orden cerrado proporcionaba útiles servicios a la eficacia del combate, ya que los movimientos y los fuegos obedecían exactamente a los propósitos del mando. Los reglamentos tácticos eran de una minuciosidad que hoy en día se considera desorbitada, porque parecía aherrojar cualquier iniciativa. Por ejemplo, estaba prescrito que en el avance de la Infantería los Oficiales debían ir sable en mano y sólo para el combate cercano, y a la voz de su Capitán, podían los Subalternos envainar y armarse de su revólver.

 

Además, aquella mentalidad militar hacía que se aceptaran como normales unos niveles de bajas que hoy en día se nos harían insoportables. Una cosa parecida podría referirse de la mentalidad social, que aceptaba niveles de incomodidades o de padecimientos mucho mayores que lo que se está dispuesto a aceptar hoy en día. La severidad, en términos generales, era normal: desde la de la autoridad paterna, a los castigos a los hijos, tanto en casa como en el colegio, la dureza de las condenas judiciales, que incluían penas de ajusticiamiento, e incluso en las condiciones laborales de la gente trabajadora, pasando por las escasas comodidades en un hogar de nivel medio con, por ejemplo, frecuente falta de calefacción y de servicios sanitarios como ahora los entendemos. Era, en fin, aquélla una sociedad que aceptaba mejor las jerarquías, el sacrificio y el sufrimiento.

 

Continúa en  La campaña de Melilla II (pulse para acceder)

 

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Comentarios
Añadir comentario Total comentarios 7
Sandra
30/01/2012 9:36:19
Me gustaria saber algo mas del General Marina, o que alguien se pusiera en cantacto conmigo, mi marido es su bisnieto... 4   4
vicente fabregat tortajada
16/01/2012 18:44:18
en mi familia estamos interesados por saber donde murio Manuel Fabregat lopez Infanteria Asia 55 en 1920-21 pertenecia a una sección de expedicionarios,estmos buscando pero desconocemos los archivos si alguie me puede indicar lo agradeceria el es valenciano 9   3
MOHAMED EL MIZZIAN
28/04/2010 18:32:44
garndes batallas
- barranco de lobo 1909
- campana del rio de kert 1911 1912
el libros
-espana en marruecos
-" les origine sde l aguerre de rif" germain ayyach
...etc
168   193
Pilar Gallego
16/04/2010 23:34:49
Un tio abuelo mio, murió en la guerra, de hecho hay una medalla, en bronce de la campaña del rif, por lo que yo oí a mi abuela, su hermano murió allí, pero en un principio dijeron que estaban cautivos y pedian rescate por ellos, mi bisabuela dio dinero, como muchas otras familias, a Alfonso XIII, para poder traer a los soldados, aunque luego se supo que los asesinaron mientras dormian.
Su nombre, por si alguien sabe de alguna lista en la que aparezcan se llamaba CARLOS GARCIA RODRIGUEZ (DEL OSO)
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Antonio Vázquez
16/12/2009
Felicidades. Me parece muy buen trabajo. En la página web www.centenario1909.es hay documentación sobre la campaña. 169   219
ANDRES PEREZ BARRO
23/09/2009
FELICITAR A ANTONIO MANZANO, MAESTRO DE LA ILUSTRACION DE UNIFORMES DE TODAS LAS EPOCAS DE LOS EJERCITOS DE ESPAÑA POR ESTA OBRA Y A LA ESPERA DE VER UNA PUBLICACION QUE TRATE LOS UNIFORMES DE LA ACADEMIA GENERAL MILITAR. UN SALUDO. 158   331
Martin L. Gallego Fernandez
16/09/2009
Para D. Antonio Moreno.
Señor: me gustaria poder leer algo preciso sobre esta guerra de Marruecos.
En Burgos, donde vivo, el Diario de Burgos publica unas reseñas de hace 100 años sobre los soldados que envian a Melilla. Estas noticias me han llamado la atención y me gustaria tener un buen libro sobre este evento.- Saludos, Martin Gallego.
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