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Las saludables elecciones generales argelinas

Carlos Echeverría

   miércoles, 16 de mayo de 2012

Sorprende comprobar que en un país como España las importantes elecciones generales que se acaban de celebrar en Argelia, el 10 de mayo, hayan pasado poco menos que desapercibidas, al menos para buena parte de los medios de comunicación y de otros elaboradores de opinión. Aparte de la vecindad y de la importancia estratégica que el gigante magrebí tiene para nosotros como abastecedor de gas natural, está la tan manida cuestión de las revueltas árabes y de los efectos de estas para nuestro país, y para la UE y la OTAN, en términos de seguridad.

El que se hayan celebrado comicios, supervisados además por observadores internacionales incluyendo entre estos a 150 de la UE dirigidos por un compatriota (el eurodiputado popular y veterano en estas lides de control electoral, José Ignacio Salafranca), hace aún más atractiva la elaboración de un análisis.

Elecciones asumibles

El medio millar de observadores internacionales desplegados en un país muy nacionalista, y por ello refractario a la presencia de estos en el pasado, ha validado los comicios. Ello permite ya de partida consolidar la división de la cornisa norteafricana entre los estados que avanzan en la marea de revueltas árabes por la vía reformista - Argelia y Marruecos - y los que, habiéndose visto inmersos de lleno en estas, tienen aún múltiples desafíos abiertos en términos políticos, de seguridad y de defensa (Túnez, Libia y Egipto).

Desde la perspectiva de la seguridad española, es bueno comprobar que tanto Argelia como Marruecos emergen como ejemplos de normalización progresiva evitando dicha dinámica de revueltas y, aunque nunca debe cantarse victoria pues aún perduran importantes factores de inestabilidad en los dos países centrales del Magreb, sí es importante constatar que, si el liderazgo político y la ciudadanía hacen uso de buenas prácticas, ambos países podrán salir adelante sin necesidad de sumergirse en procesos revolucionarios que algunos ven como obligados pero que no tienen por qué serlo.

Volviendo al escenario específico argelino, comprobamos que, con una participación siete puntos superior a la de los comicios anteriores (del 42,9%, frente al 35,67% de las legislativas de 2007), el ex partido único Frente de Liberación Nacional (FLN) se ha hecho ahora con una cómoda victoria aunque sin alcanzar la mayoría absoluta. Se abre con ello una saludable etapa marcada por al menos tres elementos positivos: no ha habido aún más abstención que otrora -aún cuando esta sigue siendo alta (57% del electorado)-; no han barrido los islamistas de la coalición Argelia Verde siguiendo la estela que muchos veían abierta por los precedentes de Túnez, Egipto o Marruecos o por la que ya se anuncia en Libia para junio; y al no contar con mayoría absoluta, el FLN se verá obligado a pactar, algo saludable para consolidar los usos democráticos.

Las características del día después

Muchos ven, dentro y fuera de Argelia, la alta abstención como reflejo de las lacras del sistema, como pasara en las legislativas marroquíes del pasado 25 de noviembre. Incluso se ceban en críticas tradicionales como la posible manipulación del censo a nivel nacional o la alta abstención en Argel (de un 50% dicen, y significativa en un país tan centralista como es este) o en la Cabilia (que sitúan en el 80%). En cualquier caso, lo importante son los datos globales, y ello sin olvidar que los observadores internacionales - y sobre todo los técnicamente más valorados que son los dirigidos por el eurodiputado Salafranca - han validado el proceso. En cuanto a la Cabilia, región singular que lleva demasiado sufrimiento acumulado, desde la Guerra de Liberación hasta los importantes coletazos terroristas de la actualidad, pasando por su marginación durante décadas de vida independiente del país, no es ahora el momento de acordarse de ella pura y simplemente para tratar de deslegitimar todo el proceso electoral.

Volviendo a la que creo interesante aproximación comparada de Argelia y Marruecos, comprobamos que, a pesar del compromiso personal tanto del rey Mohamed VI como del presidente Abdelaziz Buteflika en ambos comicios, de noviembre de 2011 y de mayo de 2012, deberá pasar aún mucho tiempo para que veamos un firme presencia de ambas ciudadanías en la política en nuestro vecindario magrebí más cercano. Pero recordemos que tampoco en el supuestamente comprometido e ilusionante Túnez, escenario pionero de la "Revolución de los Jazmines" o del "14 de Enero" que acabo de analizar, los ciudadanos han acudido en masa a las urnas para elegir la Asamblea Constituyente el pasado 23 de octubre.

El que en Egipto sí se votara masivamente más a lo largo de 2011 nos lleva a la evaluación del segundo argumento esgrimido hasta la víspera de las elecciones argelinas: mientras en Egipto los islamistas, los de la Hermandad y los salafistas de Al Nur, sí se han mostrado eficaces para movilizar a sus votantes, en Argelia los islamistas coaligados no han obtenido los jugosos resultados que esperaban y que muchos dentro y fuera del país les adjudicaban. Una rápida interpretación de esta en buena medida sorprendente realidad me lleva a considerar que los argelinos que han votado han mostrado con ello su hartazgo de conflicto y su sabiduría para lograr ver más allá del populista mensaje de los islamistas. Argelia ha demostrado, además, que no obedece a las modas, y que muchos se habían precipitado al considerar que la "imparable marea verde" iba a hacerse también con este país tras recorrer Túnez, Egipto y Marruecos y acercarse cada vez más a Libia.

Por otro lado, y como ha ocurrido en Túnez y en Marruecos, donde a pesar de sendas victorias islamistas ha habido alta abstención, habrá que ver qué parte de la misma está promovida precisamente por los islamistas que pretenden luchar por sus objetivos desde fuera del sistema. Esto no será fácil, y será además algo que se irá poniendo, o no, de manifiesto en las próximas semanas y meses en el contexto general del desarrollo político, pero es bueno planteárselo cuando menos como hipótesis de trabajo pues no es de recibo dar por hecho, como muchos hacen precipitadamente, que el islamismo en sus distintas acepciones ha sido apartado del juego político y que, además, va a aceptar deportivamente su supuesta derrota.

Finalmente, es importante subrayar que el juego determinado por el nuevo escenario argelino será determinante tanto para comprometer más a la población con la política como para dinamizar a los distintos actores en el corto y el medio plazo. Un FLN con 220 escaños (frente a los 136 de la legislatura anterior) puede verse tentado a tratar de imponer políticas, pero el no disponer de mayoría absoluta en un hemiciclo de 462 escaños le obliga al pacto. Para hacerlo tiene un interesante abanico de partidos con representación de entre los 44 que se presentaban (la mitad de ellos legalizados en los últimos meses gracias a la nueva Ley de Partidos), comenzando por su socio en la alianza presidencial Agrupación Nacional Democrática (que también ha ganado escaños, pasando de 62 a 68), y siguiendo por la coalición islamista (que ha perdido representación, pasando de 60 a 48 diputados) y por un Frente de Fuerzas Socialistas (FFS) que, por fin, y tras años de automarginación, entrará en el sistema con sus 21 escaños. Hasta los troskistas de Luiza Hanun siguen en el hemiciclo (con 20 escaños frente a los 26 de antes) y todo ello dibuja un interesante escenario político.

Lo importante ahora, si se quiere seguir alejando el desestabilizador escenario de posibles revueltas, será continuar avanzando por la senda de las reformas anunciadas por Buteflika en abril de 2011. Marruecos optó, de la mano del Rey, por elaborar desde arriba una nueva Constitución (objetivo anunciado en el discurso de 9 de marzo de 2011), aprobarla en referéndum (1 de julio) y aplicar las reformas (con su epicentro en las elecciones legislativas de 25 de noviembre). En Argelia está por ver si se cuestiona el régimen presidencialista -algo difícil de vislumbrar dada la estabilidad que ha aportado, pero a la vez obligado dada la edad y estado de salud de Buteflika y la cercanía de las elecciones presidenciales (2013)- pero lo que sí se va a hacer pronto, porque además está anunciado, es acometer la reforma de la vigente Constitución de 2008.

* Carlos Echeverría es Doctor en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid
Profesor de Relaciones Internacionales de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la UNED

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