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El arsenal nuclear, un problema silente que amenaza a la Alianza

Javier Martín / EFE   viernes, 20 de abril de 2012

Aparte de la rentabilización de los recursos y la compleja retirada de Afganistán, la agenda de la próxima cumbre de la OTAN en Chicago esconde un punto de fricción que, según los expertos, amenaza la cohesión de la Alianza. Relegada a los despachos, la cuestión sobre el futuro del arsenal bélico nuclear de Estados Unidos en Europa es también tema de conflicto en la hasta ahora amistosa colaboración entre Rusia y la OTAN.

"Los 28 estados miembros tienen muy diversa visión sobre esas armas, con un grupo que aboga por un desarme total y otro, el de los más vulnerables, que quieren que se mantengan indefinidamente", explica George Perkovich, investigador del Carnegie Endowment for Interntional Peace. "Actualmente, cinco países -Bélgica, Holanda, Alemania, Italia y Turquía- tienen bombas B61 estadounidenses en sus bases y algunos capacidad área para transportarlas", agrega.

"Pero es muy posible que varios de ellos opten por abandonar su papel nuclear en el momento en el que tengan que renovar su flota" de F-16 y Tornados, detalla Perkovich. La polémica tiene sus raíces en la caída del muro de Berlín y el final de la guerra fría, que había llevado a Moscú y a Washington a mantener un frenético y peligroso pulso nuclear.

A partir de 1990, el número de armas nucleares de Estados Unidos desplegadas en territorio europeo decreció de forma acentuada. La reducción incluyó el repliegue de los sistemas de artillería, las cabezas nucleares para el sistema de misiles tipo Lancer y las unidades de bombardeo navales.

En Washington se consideró que las bombas de gravedad B61, combinadas con aviones capaces de transportarlas, era suficiente para apoyar y compartir la capacidad bélica nuclear táctica y estratégica de la Alianza. Las bombas fueron almacenadas en Bélgica y Holanda -donde podían ser transportadas por sus F16- y en Alemania e Italia -países dotados con Tornados-, además de Turquía, único aliado que no tiene dispositivos aéreos de este calado.

Además, la OTAN cambió su política nuclear y quiso dejar claro que su arsenal "ya no apunta a ningún país. Su papel es puramente político y no tiene como objetivo una amenaza especifica". Sin embargo, la desconfianza que aún muestra Rusia, unida a la decisión de varios de los países con aviones de doble capacidad (DCA) de modernizar esta flota aérea ha devuelto la cuestión a las bambalinas del debate.

Los Tornados y F-16 están en servicio desde la década de los 70, y se calcula que su "vida" en plenas condiciones se agotará en torno a 2020. Tanto Estados Unidos como Holanda, Turquía e Italia parecen optar por aparatos tipo F-35 Joint Strike Fighter con capacidad para transportar bombas nucleares.

Alemania, donde la presión popular a favor de la desnuclearización es mayor, parece optar, sin embargo, por el Eurofighter, un tipo de avión de combate que no incluye DCA. Bélgica, por su parte, no ha tomado aún una decisión al respecto. En Bélgica, Holanda, Alemania e incluso Italia existe ya el debate sobre la utilidad y el coste de albergar este material.

Una oposición que no comparten, sobre todo, países del antiguo bloque del este, dispuestos a abrir su territorio a este arma "no estratégica", para espanto de Moscú. "Algunos de los aliados que se sienten más vulnerables no quieren que desaparezca algo que entienden como el compromiso de EEUU en su defensa", insiste Perkovic. "Y en Estados Unidos, hay una corriente de opinión que señala que es importante para los europeos demostrar que están dispuestos a compartir el riesgo y la carga nuclear", agrega.

Fuentes militares en la OTAN confirmaron a Efe que se trata de una cuestión "muy delicada y compleja" sobre la que no hay consenso y en la que se trabaja duro para solventarla antes del 2020, en cooperación con Rusia. "La OTAN seguirá siendo un alianza nuclear mientras existan potenciales adversarios con capacidad nuclear", señala Paul Schulte experto en Defensa del Kings College de Londres.

"Pero su papel en la política de Defensa y Disuasión de la alianza va a evolucionar. Tras Chicago, se deben mantener las discretas consultas y estudios para hallar garantías" que convenzan a Moscu, añade. Una postura que comparte Perkovich, quien no cree que vaya a haber ningún avance en este sentido en la cumbre de mayo.

"Mientras la OTAN conserve su status quo, no podrá abordar los dilemas de defensa y disuasión sin socavar la confianza y la cohesión de la alianza", advierte. "Chicago debe abrir un proceso para estudiar las alternativas y hallar garantías no nucleares para aquellos miembros que temen un ataque exterior", concluye.

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