Aunque no aparecen en la agenda oficial, el veto estadounidense a la asistencia de Cuba y el replanteamiento de la lucha contra el narcotráfico han sido los asuntos estrella de esta edición de la Cumbre de las Américas.
Durante la pasada semana, la bellísima Cartagena de Indias, La Heroica, acogió a los participantes en la fase final de la VI Cumbre de las Américas que bajo el lema "CONECTANDO LAS AMERICAS: SOCIOS PARA LA PROSPERIDAD" ha contemplado en su agenda oficial temas tan sensibles para la población americana como la pobreza y la iniquidad, la seguridad, las infraestructuras, los desastres naturales o el acceso a las nuevas tecnologías; los cuales han sido desarrollados en una serie de ejes temáticos estudiados durante el último año por el Grupo de Revisión de la Implementación de las Cumbres, especie de secretaria general, cuyas conclusiones se incorporarán a la declaración final.
Pero esta agenda oficial que tan meticulosamente ha dirigido la canciller colombiana M.A. Holguín se ha visto desbordada en la práctica por dos novedosos foros y por la implacable realidad política.
El primero de los foros ha sido la llamada Cumbre de Acción Social en la que participaron un millar de representantes de la sociedad civil incluidos indígenas, sindicalistas y afro descendientes con especial participación de los jóvenes. Los debates se iniciaron un año atrás y concluyeron con un diálogo político que contó con la presencia de más de veinte cancilleres americanos (incluida Hillary Clinton) a fin de presentar a los jefes de Estado las "inquietudes, propuestas y recomendaciones" de los actores sociales.
El segundo ha sido la Cumbre Empresarial organizada por el sector privado colombiano con el apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo y que, en la sesión final, contó con la presencia de Santos, Rousseff y Obama, quien reiteró el veto norteamericano al actual régimen cubano, y su oposición a la modificación de la política antidrogas aunque admitió la responsabilidad norteamericana en la reducción del consumo de drogas y en el control del tráfico de armas por la frontera mexicana.
En los días previos se confirmó el boicot de los socios de la ALBA por no invitarse a Cuba (Ver LINK nuestro artículo de 20.02.2012) ya que a la previsible ausencia del presidente Chávez por enfermedad, se sumaron las explícitas del ecuatoriano Correa y del nicaragüense Ortega.
Entre tanto se reunían los cancilleres para ultimar los detalles del documento final de la Cumbre con el objetivo primordial de definir estrategias de cohesión regional. Y aquí se materializó la confrontación que venía anunciándose por el veto de Estados Unidos y Canadá a que se incluyesen dos párrafos sobre la necesidad de incorporar Cuba a la próxima Cumbre y la reivindicación argentina de las Malvinas, por lo que no se redactó la declaración política.
La tensión se hizo patente en el discurso oficial del presidente Santos en la inauguración de la Cumbre la mañana del sábado. Durante treinta minutos el presidente colombiano, sin apuntes ni notas a mano, expuso la necesidad de repensar las relaciones de América del Norte con Iberoamérica avanzando en la exigencia de tender puentes políticos y sociales para superar los paradigmas del pasado y las situaciones enquistadas y dolorosas como Haití, donde la falta de coordinación hace imposible la recuperación del país.
Y sobre todo Cuba, dirigiéndose especialmente al presidente Obama, donde es preciso superar la parálisis producida por "la terquedad ideológica" que pone de manifiesto la ineficacia del aislamiento y el embargo impuesto durante décadas; "no más Cumbres sin Cuba" enfatizó Santos erigiéndose en portavoz de todos sus colegas iberoamericanos. Sobre el tema del narcotráfico dijo que es preciso "hacer un alto en el camino" para discutir y analizar, sin prejuicios, la actual estrategia mediante una revisión de la política mundial contra la droga a la que recientemente calificó como "una bicicleta estática".
Obviamente se detuvo en el conflicto colombiano, "el conflicto interno más antiguo del mundo" debido en parte a "la débil presencia institucional en partes importantes del territorio", situación que su gobierno quiere superar para llegar a la paz; "si se dan las garantías mínimas no me temblará la mano para iniciar un proceso de paz", enfatizó el presidente. Ni una palabra sobre la reivindicación argentina de las islas Malvinas.
A partir de aquí se inició la reunión oficial que, por primera vez, tuvo lugar a puerta cerrada, de los presidentes y jefes de las delegaciones, continuándose el domingo con un retiro informal al que ya no asistió E. Morales. La sesión de clausura también fue a puerta cerrada sin que se alcanzara consenso sobre una declaración final, igual que ocurriera en las dos Cumbres precedentes.
La "nueva era de asociación con Latinoamérica", en palabras de Obama, se inicia con un difícil dilema: por un lado la creciente interdependencia económica, ya que no en vano el comercio bilateral alcanzó la cifra anual de 800.000 millones de dólares, ante la que surgen nuevos retos tales como el ascenso brasileño, los avances económicos y sociales de economías emergentes, sin olvidar el giro hacia políticas pragmáticas y de centro, la consolidación de los entes regionales, el incremento de la inseguridad ciudadana y la creciente influencia de China, India y países árabes; pero sobre todo las diferencias irreconciliables a la hora de enfrentar el problema cubano, la reivindicación argentina de las Malvinas y la diferente percepción de la lucha contra el narcotráfico.
En su comparecencia final el presidente Santos expresó que la Cumbre ha sido un éxito porque se han puesto sobre la mesa y se habló con franqueza "sobre acuerdos y desacuerdos en lugar de elaborar una declaración final insulsa y gaseosa".
Ciertamente las posiciones se han expuesto con rotundidad, empezando por el propio Santos, y parece que sólo la inexorable ley biológica ante los octogenarios Castro y el enfermo Chávez permitirá celebrar la VII Cumbre en Panamá dentro de tres años.
* Manuel González Peña es Coronel de Infantería y ha sido
Agregado de Defensa en Colombia y Ecuador (1994-98)

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