La cultura y la conciencia de defensa están muy interrelacionadas y en ambos aspectos la sociedad española es un tanto deficitaria. Cultura de defensa supone profundizar en el estudio y conocimiento de los temas relacionados con la defensa, analizando su compleja relación con la política, con la diplomacia, con la economía y con la industria, así como conocer su historia y tradiciones.
En el campo de la cultura de defensa somos deficitarios no solo en lo que podríamos denominar cultura popular. El desconocimiento, salvo excepciones, se extiende a otros medios informativos. Pocos son los periodistas que conocen el tema en profundidad y escasos los dirigentes políticos con una buena formación al respecto. El ámbito de la defensa, sus implicaciones económicas, industriales, e internacionales son un tanto complejas y requieren estudio y reflexión.
Las mismas Fuerzas Armadas son complicadas. Hay que tener presente que la Armada ha funcionado durante siglos con normas y administración propia, que en nada se parecían a las del Ejército. Adaptar ambos organismos a un funcionamiento administrativo único integrándolos en el Ministerio de Defensa, y situándolos bajo un Estado Mayor de la Defensa ha resultado complicado. Se ha logrado, pero indudablemente ha requerido tiempo y esfuerzo. La interacción con ejércitos extranjeros, en maniobras cada vez más frecuentes y en operaciones de paz, arriesgadas y alejadas de nuestro entorno geográfico, ha resultado compleja, pero también se ha superado.
Durante los últimos años algunas autoridades políticas han evidenciado su sorpresa al recibir, de personalidades extranjeras, felicitaciones por la actuación de nuestras tropas en el exterior, resaltando la buena formación de nuestros mandos y la calidad y buen hacer de unos soldados, que por donde han pasado y permanecido algunos años, como en el caso de Bosnia, han despertado el afecto de la población civil. En este contexto se ha comentado que tanto el buen grado de preparación como las capacidades de actuación de nuestros ejércitos resultaban desconocidos para una parte de la sociedad española, que ha comenzado a conocerlos y valorarlos.
Una de las características de las Fuerzas Armadas es el largo periodo de maduración de sus medios de actuación. Un nuevo sistema de armas requiere de unos quince años, o más, de maduración y puede tener una vida útil de hasta unos cuarenta años. Cualquier alteración de los planes de formación requiere de larga reflexión, pues sus consecuencias serán también a largo plazo. En este contexto sorprende un tanto la urgencia con la que se ha querido, alegando que había que adaptarse al plan Bolonia, convertir las academias militares en escuelas de ingeniería civil. Un hecho parecido en la mayoría de los países europeos habría sido ampliamente comentado en la prensa, hubiera atraído la atención pública y habría sido debatido en el Parlamento.
Es un hecho que el ciclo político se queda muy corto para las decisiones que hay que tomar en el ámbito de defensa, por lo que las más importantes deben ser meditadas y consensuadas políticamente, escuchando atentamente, además, la opinión de los expertos militares.
*Francisco Pérez Muinelo es General de División de Intendencia del Ejército de Tierra

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