En "Revuelo en la Enseñanza Superior Militar" intentaba trazar un encadenamiento lógico entre la finalidad de la Institución Militar y la pertinente formación de sus oficiales (por supuesto también de los suboficiales). La secuencia se iniciaba con una referencia al concepto 'alineamiento' para continuar con breves reflexiones sobre el papel de los Ejércitos de España, la misión del oficial, tipos de problemas a los que se enfrenta la persona (clasificados como 'operativizables' y 'no operativizables'), finalizando, por último, con el apartado de formación del oficial y algo de crítica. En el presente ensayo pretendo ir un poco más allá.
El Ejército, como institución, es un sistema ciertamente complejo, orientado a la victoria como objetivo último e irrenunciable a través del uso de la fuerza, uso supeditado, como citaba en el anterior ensayo, a la autoridad civil. Queda fuera del alcance de mi exposición debatir sobre los principios que legitiman al poder civil en el uso de la fuerza.
Que el Ejército, como no puede ser de otra forma, esté supeditado al poder político, implica la interacción de dos sistemas; uno es el universo político, de mayor complejidad y aristas, con metas y fines más amplios, y otro el militar, con objetivos más definidos y de menor alcance.
Ambos sistemas, insisto, uno supeditado al otro, en su 'alineamiento' en la búsqueda del mismo fin último, necesitan de unos elementos imprescindibles para el funcionamiento sincronizado de los mismos; los 'engranajes'. La armonía y sincronización de ambos mundos depende en gran medida de ellos; consecuentemente, se ven sometidos a una fuerte tensión y desgaste anímico; así, 'la calidad del engranaje' acaba definiendo la bondad del sistema global.
El 'engranaje' queda definido por el poder político y militar al más alto nivel. Desarrollemos, pues, algunas claves de las distintas concepciones de ambos universos. !No, no he olvidado que estamos hablando de la enseñanza superior militar!
Ética del carácter vs ética de la personalidad
Stephen Covey (nuevamente Covey) en "Los Siete Hábitos de la Gente Altamente Efectiva" muestra la evolución, a lo largo de más de doscientos años, en la concepción de la filosofía del éxito, concluyendo que la sociedad en general "ha comprado" en los últimos 50-75 años una forma de hacer más banal y superficial que en los 150 años anteriores; es lo que denomina ética de la personalidad, en contra de lo que primaba con anterioridad, la ética del carácter.
En la ética de la personalidad, vivimos instalados en ella, la imagen, la técnica y los arreglos transitorios son los que priman en la consecución del éxito social; están presentes en la parafernalia previa a un debate político en televisión (traje, colores, escenario, posición, orden de intervención, etc.), en el espejismo que provoca en muchas personas el 'famoseo' en determinados programas televisivos, en lo fácil y superficial como consigna vital; es eso del "aprenda inglés en dos meses", "adelgace en cuatro semanas", "curso intensivo en liderazgo de tres días" (atentos a la selección española de rugby, reportaje en ATENEA DIGITAL)"conozca las claves de la dirección de equipos en dos sesiones de mañana y tarde", y un largo etcétera de despropósitos en los que la imagen y 'lo superficial' han sustituido al 'ser'. En ella lo importante es el PARECER.
Por el contrario, en la ética del carácter, que ha sido motor del comportamiento social hasta la Primera Guerra Mundial, se basaba en lo profundo y vital; la integridad, la humildad, el valor, la justicia, la paciencia, el esfuerzo, la constancia, la modestia. En ella lo importante es el SER.
En la milicia, ¿a quién le resulta ajena la ética del carácter?
La universidad y la enseñanza superior militar
El mundo universitario, anclado irremediablemente a la evolución de la sociedad, ha asumido como propios los valores de la ética de la personalidad en detrimento de los presentes en la del carácter.
En él está ampliamente extendida la idea de que, como consecuencia de la madurez y responsabilidad del alumnado, no es pertinente comprobar la asistencia al aula, siendo el resultado del examen lo que califique su madurez y grado de conocimiento.
¡Qué ingenuidad! Hemos trasladado a nuestra juventud la idea de que, con tal de que se supere el examen, todo lo demás es accesorio; así, la idea del esfuerzo, la constancia, la renuncia, la consideración hacia el profesor que asiste diariamente a sus sesiones y un largo etcétera de valores caen avergonzados ante la burla de quien, aprobando inmerecidamente, se mofa de aquel que ha empleado tiempo y esfuerzo en su propósito.
¿Y la enseñanza superior militar? Como consecuencia de su aislamiento con respecto al mundo universitario, ha permanecido vitalmente anclada en la ética del carácter. En otras palabras, no ha sido contaminada por una enseñanza que se ha olvidado de la persona para centrarse, en el mejor de los casos, en el intelecto. En modo alguno estoy a favor del aislamiento de la formación militar pero, en este caso, ha obrado a modo de iceberg en el que anidan aguas de pureza indescriptible gracias a haber permanecido ajenas a la mano del hombre.
Curiosamente, el ámbito universitario empieza a vislumbrar lo errado de tal concepción, con consecuencias graves en la sociedad; a mi entender, la más relevante se concreta en que la universidad entrega, en la mayoría de los casos, auténticos analfabetos emocionales a la sociedad (dicho con el mayor de los respetos, tengo dos hijos universitarios); cada vez es mayor la brecha abierta entre una mejor y más extensa formación intelectual y una peor y más endeble formación del individuo ante la vida; no creo que nadie, en su sano juicio, quiera introducir en la enseñanza militar tal despropósito.
El cadete, más tarde oficial, debe estar entrenado en la adversidad; los resortes vitales y su manejo son tratados fuera del ámbito familiar única y exclusivamente en las academias militares; tarde o temprano nos visitará un desencuentro laboral o sentimental, una enfermedad, un accidente y en el militar, además, el combate; son situaciones que siempre han desafiado nuestra condición humana, por lo que resulta extremadamente necesario dotar a nuestros cadetes de una armadura vital importante.
Desencuentros de ambos mundos y culturas
El resultado final de ambos tipos de enseñanza deviene en una fuerte presencia de valores en el militar, debido a su paso por las academias militares (que se suman a los familiares, religiosos, éticos, etc.), y una ausencia de los mismos en su tránsito universitario. En modo alguno quiero decir que los valores son ajenos a un licenciado; los tendrá, claro que sí, pero no por haber cursado estudios universitarios, sino como consecuencia del ambiente familiar, cultural, religioso, etc., en los que haya crecido.
El político y el profesor actuales son consecuencia, no determinista por supuesto, de una formación que se ha preocupado únicamente del intelecto con abandono de la emoción. No tengo por qué dudar de sus conocimientos, seguramente serán amplios y extensos; sí que dudo vivamente de su formación emocional, de sus escrúpulos. Y si lo vital en la formación militar es la emoción, comprenderán la preocupación que genera en todos nosotros el sistema en cuestión.
Tal parece que en el mejor de los casos obrarán como 'profesores', pero en contadas ocasiones como 'maestros'. ¿Cómo puede un profesor del ámbito universitario amenazar con suspender a un cadete ya que no lo puede arrestar? (comentario recogido en la prolongación de "La enseñanza militar de formación de oficiales en la ley de la carrera militar"). Si su materia, pongamos por caso es la Física, a la par ¿no está transmitiendo que la amenaza es lícita y válida en su proceso formativo? Está dinamitando los pilares de la enseñanza militar un necio.
Sócrates decía: "El que no sabe, y no sabe que no sabe, es un necio; evítalo". Pero ¿y cuándo no se le puede evitar?
Consecuentemente, se observa falta de sincronismo en la confluencia de ambas culturas a través del respectivo profesorado (sus 'culturas' son diferentes) sumado al desenfoque de la formación 'no alineada' con su objetivo final (el combate).
La formación del militar necesita de maestros (imparten carácter y competencia) y no de profesores (imparten sólo conocimiento).
Creo que el Sr. Ávila vuelve a poner el dedo en la llaga. Pero creo que se puede ahondar más en las consecuencias de la formación del militar tal y como está planteada actualmente. Un buen amigo mío, hoy general del ET, habló en su imposición de faja del espíritu de promoción como un bien a salvaguardar. Implica la noción de pertenencia a un grupo “familiar” que se ha mantenido inalterado durante generaciones entre los suboficiales y los oficiales de nuestro querido Ejército. Ser de la sexta de la básica o de la cuarenta de la general imprime carácter. ¿Y qué tiene que ver el plan de enseñanza actual con el espíritu de promoción? Pues que lo elimina, al someter a los cadetes a 5 años de presión insoportable donde lo único que vale es aprobar y pasar curso, sin que el compañerismo, valor sagrado entre los militares, sea una virtud que hay que cultivar; antes al revés, ayudar al compañero puede perjudicar a quien lo hace, ante el riesgo de no ser lo competitivo que se exige. De seguir así las cosas, dentro de 5 años habrá en un mismo curso de la carrera cadetes con asignaturas pendientes, otros repetidores, algunos con materias convalidadas, los menos expulsados que se incorporarán a la vida civil con cierto rencor... En fin, un curso Selectivo, como el de los 70, pero de 5 años de duración. Y como no todos habrán terminado 4º curso “limpios", las plantillas habrá que cubrirlas y se abrirá la vía de acceso directo a titulados externos de grado, que en 2 años serán igual de tenientes que los que trabajaron en régimen de internado entre las paredes de nuestras Academias. Y lo mismo sucederá con la Escala de Suboficiales, que verán sus justas aspiraciones de promoción cercenadas por unas leyes que no han pensado en sus legítimos derechos de promoción en las escalas militares. Con el espíritu actual desparece el espíritu de promoción, y con él, el de pertenencia a un grupo forjado tras sufrir idénticas vicisitudes y dificultades (y al mismo tiempo). Posiblemente este efecto sea otro de los objetivos de la ley de la Carrera. Otra cosa que nadie parece abordar: ¿por qué se le exige a un soldado profesional que quiere hacerse suboficial un nivel de inglés significativamente superior al que se exige a los futuros oficiales? Y es que el nivel del examen de inglés para el ingreso en las Academias (EO) raya en lo ridículo. Todo lo que se habla en este foro está muy bien, pero el Ministro, como responsable de la política del Departamento, sigue sin tomar cartas en el asunto. Durante el próximo mes de marzo conoceremos la nueva convocatoria para la EO (3ª de este sistema). Nada habrá cambiado. Lo único que cambiará es que los CUD,s encargados de impartir la titulación de Ingeniero de… habrán contratado más profesores para el siguiente curso (si ahora son 80 en Zaragoza, pasarán a ser 120… y hasta 200 al consolidar el sistema = > 1,8 M€/año sólo para el ET, es decir, un total superior a 4,5 M€/año —unos 750 MPta— más el presupuesto de las tres academias). El coste de este sistema duplica los anteriores y seguirá aumentando (en estos tiempos de recortes y sacrificios), con lo que el problema seguirá engordando. Apuesto a que no se modifica nada para el próximo curso. Porque insisto, no hay coraje político ni voluntad de revisar la situación actual. Tampoco los altos mandos militares se manifiestan públicamente sobre la necesidad de cambiar. De todo ello deduzco que, posiblemente, el equivocado sea yo; pero me niego a creerlo mientras nadie argumente las razones que han motivado la normativa vigente (salvo transformar la milicia en un oficio ocupacional, claro está). Dejaremos de ir al cuartel para ir a la “colocación”
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B. Magán
24/02/2012 13:05:33
En relación a lo que dice Jesús, sobre la valoración del carácter militar en el mundo laboral civil, no le quito la razón pues relata su propia experiencia, pero sí digo que un militar que trabaje en la empresa civil, si tiene un jefe poco ético, éste descubrirá cómo abusar de sus virtudes de disciplina, lealtad, etc. sin otorgarle, en principio, contrapartidas. Lo digo por experiencia cercana. Repito un consejo que oí, que iba dirigido a los militares que pretenden trabajar en la empresa privada: tendrás el sueldo que negocies, no el que corresponda a tus cualidades y experiencia. O sea, militares, a negociar a base de bien, a hacerse valer. En esto, los mundos civil y militar son muy diferentes, pues en éste, las retribuciones no se negocian.
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F. Flores R.
24/02/2012 9:27:23
Agradezco a Santiago Ávila que conserve su propósito de seguir aportando generosamente sus sensatas opiniones a pesar de que parece que se está ¿agotando el tiempo? que se dedica a esta cuestión, la de opinar sobre el arreglo de la enseñanza superior militar. Me resulta extraño que se renuncie a mantener abiertas las ventanas para que entre aire fresco, cuando es precisamente eso lo único que conviene ahora. Y además, es gratis. Le agradezco también que quiera responder a mi invitación de “que descienda a los infiernos”, pero no pretendía yo que mantuviéramos un coloquio bilateral, sino que él siga aportando serenidad, lucidez y concreción a aquellos que, para mí, tienen (en el ministerio de defensa, en los cuarteles generales y en las mismas academias) la gravísima responsabilidad de, o bien mantener el actual y absurdo sistema de las dos carreras (quedando como cómplices en la contumacia) o bien de sustituirlo cuanto antes pasando a otro sistema de enseñanza, puramente militar, cuyos modelos anteriores (sobre todo el que empleaba todo un año en seleccionar los que ingresarían en las academias) ya dieron pruebas suficientes de sus virtudes. Dedica un largo espacio a ponderar estudios superiores en dirección de empresas. Me resulta muy atractiva la idea y creo que acabaré convencido de su utilidad en nuestros oficiales, pero no en la forma de doble carrera, sino como formación complementaria y siempre secundaria de la militar. No acabo de ver claramente su opinión acerca de la transición del sistema a abandonar y el nuevo. Los cadetes de ahora son mi preocupación ¿cómo sufrirán la transformación de sus planes de enseñanza? ¿Cómo afectará a la visión que tengan de la Institución militar? ¿Y a su vocación? Para terminar, en esa deseada transformación, no podemos, de ninguna manera, permitirnos tener CUATRO O CINCO PROMOCIONES AFECTADAS. Son muchos oficiales.
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Santiago Ávila
23/02/2012 15:34:00
Era mi intención proseguir con aportaciones en relación a la Formación Superior Militar, en particular me disponía a concretar un modelo, y como adaptar el actual hasta la plena implantación del propuesto, ante la posibilidad de que el debate se haya dado por concluido, no me resisto a ofrecer un par de reflexiones sobre todo en atención al manifestado "descenso a los infiernos" por parte de F. Flores R . A mi entender un año selectivo es perfecto, en el mundo de la empresa está largamente contrastado que hasta entre seis meses y un año de permanencia en la misma no se puede dar por concluido el proceso de selección, a partir de ese período el individuo "siente" que está en el sitio adecuado y la empresa, en este caso el Ejército, "sabe" que es el candidato que anunciaba maneras al principio. Su consecuencia posterior es el porcentaje de bajas en la carrera, ¿cómo se puede acusar a la formación militar de falta de rigor por el escaso, a su entender, número de bajas?, después de un año eso es lo normal, a no ser que el proceso de selección estuviera mal realizado. En el IESE (Universidad de Navarra) uno de los tres centros de formación directiva más importantes del mundo, puede haber más de veinte candidatos por plaza, después de criba tan importante, el número de bajas que propicia el rigor formativo ( y puedo asegurar que es muy elevado) a lo largo de dos años (M.B.A) se mueve sobre el 10%, en boca de sus profesores, son errores de selección que se busca detectar a lo largo del programa. En la empresa muchas veces se convive con malas situaciones (el actual sistema formativo) que hay que cambiar sin volverse locos, el criterio, sencillo, consiste en minimizar los daños del actual (pasando lo antes posible a la formación militar que nunca debió dejarse de lado) e implantando lo antes posible el siguiente, para lo cual creo que ya llegamos tarde a la próxima convocatoria, pero no a la siguiente, la ventana de oportunidad está abierta para dentro de dos ejercicios, la gravedad del daño se basa en como muy pronto habrá cuatro o cinco promociones afectadas. El daño es evidente, pero en fín no me puedo extender más en este formato. Saludos a todos
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JUCCAMBA
22/02/2012 18:39:19
La Ley de la carrera militar debe modificarse y adaptarla para que sus componentes hagan una verdadera carrera militar. Es conveniente tener unos profesionales muy bien preparados militarmente (no se necesitan ingenieros, para eso están los cuerpos comunes).¿Por que no se crea el grado en defensa(para oficiales y suboficiales), posgrado y máster en defensa(para oficiales) como carrera universitaria de defensa con sus estudios específicos, como ocurre en las carreras civiles (médicos, enfermeros, maestros, etc) que solo estudians lo específico de su profesión?.
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Ángel
22/02/2012 13:50:31
Sigue sin aparecer, como "artículo relacionado", el escrito por el GE. García González bajo el título "Los nuevos cadetes de la Academia General Militar" el pasado 30 de enero. Este artículo fue el que provocó el actual debate sobre la enseñanza de formación que dura ya más de tres semanas, caso inédito en prensa digital. Provocó nada menos que 37 comentarios. No se debe sustraer este artículo al conocimiento de los lectores. Ruego a Atenea que lo incluya entre los "artículos relacionados" en aras de una información completa sobre el debate. Gracias El enlace al artículo del GE. García Gonzalez es el siguiente:http://www.revistatenea.es/RevistaAtenea/REVISTA/articulos/GestionNoticias_7311_ESP.asp
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Ángel
18/02/2012 15:54:43
Santiago Ávila nos regala de nuevo con un artículo magistral. Su análisis y diagnóstico es perfecto. ¡Bendito aislamiento de la enseñanza militar respecto al mundo universitario! Como aquél que, en ambiente contaminado, se protege con máscaras y trajes aislantes, así debe permanecer la enseñanza militar respecto a la civil. Como bien se deduce del artículo, los métodos y fines de ambas enseñanzas, aquí y ahora, son diferentes cuando no claramente divergentes. Supongo que cuando Santiago Ávila dice que “En modo alguno estoy a favor del aislamiento de la formación militar” se refiere a una enseñanza civil ideal y no a la actual. En todo el análisis que en las últimas tres semanas estamos haciendo sobre la enseñanza militar, subyace la génesis de éste y de los otros problemas de las Fuerzas Armadas: el no reconocimiento de la especificidad de la función militar. Todo, en lo militar, es específico y diferente. La legislación y las actuaciones consecuentes así deberían recogerlo y considerarlo. En el caso de la enseñanza, el artículo 43 de la Ley de la carrera militar, expresamente habla de “adaptaciones debidas a la condición militar” cuando dice que la enseñanza militar “está integrada en el sistema educativo general”, sistema que lleva al menos treinta años de fracasos continuos, a la vista de los informes PISA. En resumen, que el problema de la enseñanza militar es sólo una faceta de los distintos problemas que aquejan a las Fuerzas Armadas y que nadie aborda en su totalidad. Su solución pasa por el reconocimiento de la especificidad de la función militar y la actuación consecuente.
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Jesus
17/02/2012 20:06:04
Estoy totalmente de acuerdo con Santiago Avila. Por poner un ejemplo, en el mundo laboral civil se aprecia muchísimo el carácter militar (disciplina, lealtad, seriedad, humanismo, compañerismo, etc) del personal que habiendo sido militar (cabos 1º, suboficiales, oficiales y jefes) ahora estén o hayan estado desarrollando una labor civil. Lo digo po experiencia propia
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JLT
17/02/2012 14:19:35
Esto no es nuevo, vease: "...Profesorado Civil: En una escuela Militar no solamente se ha de atender a la cultura de los Alumnos si no que más importante es todavía la formacion militar de los mismos. Desde que el alumno pasa el dintel de la Academia debe encontrase envuelto en una atmósfera rigidamente militar. El profesorado civil es inadecuado para esta misión. Transformariase la Escuela Naval en un centro universitario de espiritu diametralmente opuesto a lo que debe ser un establecimiento militar. Puede emplearse profesorado civil en lo que haya carencia del militar...."
Carta del Comisario Político de la Escuela Naval Popular, Don Gines Ganga, Catedrático y diputado, al subsecretario de Marina Alfonso Játiva en septiembre del 1938. (Revista de Historia Naval num 15 1986) Por cierto, en la resolucion de creación de la citada Escuela Naval Popular se puede leer "...las asignaturas a cursar seran las logicas". No se puede describir mejor.
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Javier, legionario
17/02/2012 14:19:21
MAESTRES DE CAMPO, ... DE BATALLA, CLARO.
186156
Javier, legionario
17/02/2012 14:14:55
Me suena muy bien esto de que los profesores de la academia deban ser maestros de la milicia. Como casi siempre, ya está inventado. Los jefes de los gloriosos Tercios españoles eran MAESTRES DE CAMPO. Los Tercios, siempre los Tercios, y su actuialidad, La Legión. Por aquí han de ir los tiros, y lo digo sólo de forma metafórica.
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F. Flores R.
17/02/2012 14:04:54
Es muy suave y sutil Santiago Ávila cuando ha escrito esto. Tanto, supongo que para no molestar, que no creo que le entiendan quienes no quieren darse por aludidos porque son los que en sus manos está empezar a tomar cartas en el asunto. Amigo Ávila: te decía en un comentario anterior que araras, sembraras y abonaras. Ahora te pido más: desciende a los infiernos y habla de lo que parece que tienes claro y de lo que pocos quieren hablar, por desconocimiento o tibieza. Háblanos de cosas concretas, de asignaturas, de horarios, de características de los profesores (ha quedado claro que han de ser MAESTROS DE LA MILICIA ¡qué fuerte suena esto!), da pistas a los que tienen que arreglar la enseñanza de nuestros oficiales porque quizá no sepan ni por dónde empezar. Y gracias por tus palabras.
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E. Alonso Marcili
17/02/2012 12:47:54
Sr. Ávila, no ceje en sus opiniones aunque, no muy tarde, pueda tener la impresión de que predica en el desierto. Ha hecho usted una magnifica fotografía de la realidad. Desde hace más de tres décadas en España, se ha pretendido paisanizar lo castrense. Bajo la escusa de acercar las Fuerzas Armadas a la población, culpándolas a ellas de un supuesto aislamiento, se ha pretendido aplicar, en su seno, las mismas soluciones liberales validas en la vida civil. Esa circunstancia conduce irremediablemente a la incompetencia profesional, a dividir la profesión y a sustituir los valores que le son propios por otros ajenos a ella. Hoy no se quiere aceptar que lo castrense posee valores inmutables en relación con las naturales transformaciones sociales. Huntington se adelanto afirmando que la ética militar es “concreta, permanente y universal”. La simple experiencia en misiones con ejércitos aliados de nuestro entorno cultural, da fe de ello.
175147
jose angel armada sarria
17/02/2012 12:12:02
Estoy completamente de acuerdo con Santiago Avila.Por eso, no hay razón de ser para el "síndrome civil" que sufren algunos de nuestros compañeros.La enseñanza militar ,por supuesto mejorable,no tiene nada que envidiar a la universitaria, y creo sinceramente que debe ser al revés.De todas formas el que se acerca a la vida militar es porque tiene algo en el corazón que no se lo quita un nefasto plan de estudios , de ahí el espíritu de nuestros cadetes