En un artículo publicado al formarse el actual Gobierno el filósofo José Antonio Marina contestando a la pegunta ¿pero qué hay que saber para ser Ministro? identificaba tres posibles modos de gestionar un Ministerio: el empresarial, el ideológico y el tecnócrata.
Ampliándolo un poco a Altos Cargos y centrándolo en las áreas de Seguridad y Defensa hay además algunas peculiaridades que convendría tener en cuenta. Y vaya por delante la dificultad de una designación sometida a los numerosos condicionantes políticos que lleva consigo la formación de un gabinete con el correspondiente reparto de poderes, tendencias, cuotas, familias, etc., o la necesidad de un Ministro de rodearse de personal de su entera confianza...
Las áreas de Seguridad y Defensa tienen notables diferencias con los demás: gran visibilidad internacional, cuenta con una amplia plantilla de un personal muy especializado y sometido a un régimen especial y a exigencias muy superiores al resto de sus conciudadanos, son de los pocos departamentos de ámbito exclusivamente nacional , y gestiona un presupuesto importante con notable impacto en la investigación y el tejido industrial y productivo en el caso concreto del Ministerio de Defensa.
El Alto Cargo ante todo y como requisito imprescindible, debe tener credibilidad, ante unos subordinados que valoran el liderazgo, lo que implica su disposición a servir el cargo y no a servirse de el como escaparate mediático, o incluso con fines peores, y además que en justa reciprocidad a la lealtad de estos subordinados les escuche y respete en la medida de lo posible.
Volviendo a los "modelos" de José Antonio Marina el modo ideológico, o al menos su influencia, es inevitable ya que la política es en última instancia la que orienta a estos Organismos; pero debería incidir lo menos posible al tratarse de instituciones del Estado, cuyos objetivos se plantean siempre a medio largo plazo y que deberían estar al margen de intereses partidistas. En especial habría que evitarlo en los nombramientos de cierto nivel, anteponiendo los intereses generales de España a los fines particulares del que hace el nombramiento.
El modo tecnócrata, no es imprescindible al contar con el apoyo habitual de unos asesores que le van a servir con lealtad, y como concluye Marina en su artículo, " en realidad la inteligencia del político consiste en hacer inteligentemente cosas que desconoce".
El modo empresarial es muy importante y no sirve cualquiera. Sirve cualquiera mientras no haya escándalos. Si no los hay se cubre el expediente e incluso se consigue una buena imagen mediática. Pero lo grave es lo que no se ve, lo que no se hace , dirigir instituciones que deben estar permanentemente atentas al cambio y a su modernización. En un entorno en cambio constante el conocimiento de las organizaciones, los conceptos de dirección/management, planes, objetivos, política de personal son herramientas básicas para gestionar "empresas" tan complejas como la institución militar, la Seguridad del Estado o el CNI.
Y dada la proyección exterior de estos Cargos y su repetida asistencia a reuniones internacionales un cierto dominio del inglés es imprescindible, pues es muy diferente la eficacia y capacidad de maniobra de los contactos personales directos que la limitación a través de intérpretes.