El pasado 16.06.2006 aparecía en "La Tercera" de ABC un artículo de Darío Valcárcel titulado "Europa, Datos Entrecruzados". Sin entrar en la argumentación del mismo, tan aceptable como otros del mismo tipo, y apreciable dado el talento y conocimientos del autor sobre Europa, comento algunos extremos de la participación española en misiones de paz, desde dos puntos de vista: el de los datos y desde su significado.
Desde el primero, debo corregir la dedicación, por escasa e incompleta, que asigna a las Fuerzas Armadas españolas cumpliendo operaciones de paz. Siendo estrictos, el total de efectivos que han participado se acerca a los 100.000, de los cuales 910 lo habrían hecho en calidad de observadores; 142 habrían dejado su vida en el cumplimiento de este tipo de misiones.
En lo que respecta a geografía, además de los países y zonas que incluye en el artículo, habría que añadir: Adriático, Albania, Angola, Asia central, Burundi, Centroamérica, Congo, Chechenia, El Salvador, Etiopía-Eritrea, Georgia, Guatemala, guinea, Haiti, indonesia, Irak, Kurdistán, Macedonia, Moldavia, Mozambique, Nagorno Karabaj, Namibia, océano Índico, Pakistán, Países Bálticos, Sahara, Somalia y Turquía.
Desde el segundo punto de vista, el significado de la participación, el autor se refiere a que "esas misiones han contribuido a borrar, y no es poco, la sombra de invasor de su propio país que oscureció al ejército español, cerrado sobre sí mismo a lo largo del siglo anterior". Como comentario y respuesta, el testimonio personal de mis propias vivencias, con 45 años de servicio desde el año 1964.
En primer lugar indicar que España empieza a participar en misiones de paz en 1989 (50 años después de finalizar la Guerra Civil), en una etapa en que está ampliamente involucrada en la OTAN y UE, y si no lo hizo antes es porque es el momento en que se firma el final de la Guerra Fría, y se produce la gran apertura a ese tipo de operaciones por parte de la ONU, es el tiempo de las operaciones multinacionales.
En segundo lugar, aunque sea una conclusión fácil y gratis, la esgrimida por el autor, no es cierta. El Ejército, en este largo recorrido, se ha distanciado enormemente de esos criterios que son eminentemente "guerra- civilistas", y ha tenido como norte el respeto al pueblo, al que ha tratado de servir en los peores momentos de la historia reciente, colaborando en la erradicación del analfabetismo, en la formación profesional del magnífico soldado conscripto y cooperando con sus medios y sus hombres en todas las catástrofes que han asolado el territorio nacional, cuya integridad también ha asegurado en momentos difíciles en los que la voluntad militar siempre se mantuvo incólume.
No he conocido un solo instante en mi actuación y vida militar en el que servir al pueblo español no haya sido el norte. La formación militar, incluidos los Altos Estudios Militares, siempre se ha centrado en la Defensa de España frente a sus enemigos exteriores, incluso cuando no se pertenecía a la OTAN los ejercicios tácticos tenían una dirección paralela a los de la Organización Atlántica.
Ricardo Martínez Isidoro
General de División