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Industria, Defensa. ¿Renovación de conceptos y normativa?

Ángel Sande

   lunes, 06 de junio de 2011

Cuando la Royal Navy encuentra necesario enmendar su rumbo en lo estratégico-industrial, el Primer Lord del Almirantazgo acude (de la mano del Ministro, naturalmente) al Parlamento, lo expone y argumenta, y el Parlamento, tras reconvenirle o aplaudirle, toma la decisión que estima conviene a la nación. eso fue lo que más aprecié, por añorado y vital, de lo oído en un foro reciente sobre la industria de Defensa.

Pero no son estos los López de los que hoy pretendo hablar.

Pretendo insistir, toda vez que esa "familia" es larga, y correosa, en los López que en la mengua de presupuestos tienen uno de sus orígenes y sobre los que ya Atenea, gentilmente, me permitió hablar hace unos días. Quizá algún concepto u observación repita, pero lo "correoso" de la "familia" lo hace inevitable.

Y es que en este mayo recién terminado, como bien saben se han multiplicado los foros en los que se han expuesto los problemas, y discutido soluciones, que afectan a la industria que a Defensa tiene como cliente; AESMIDE, en el suyo del lunes 13, insistirá en ellos.

Derivan estos problemas de varias causas, entre ellas:

a) La nueva normativa europea, que busca abrir más los mercados nacionales a todos los miembros de la UE.
b) La extendida opinión sobre la necesidad de, habida cuenta de la entidad previsible de los conflictos futuros, reconsiderar las adquisiciones de material, enfocadas hasta ayer mismo a las grandes confrontaciones armadas.
c) El serio recorte de presupuestos en Defensa, con remotas perspectivas de recuperación aun en el medio plazo.

Nos encontramos, pues, con que nos desbordan por el flanco, el centro sucumbe y es imposible maniobrar, situación que el Mariscal Foch (el Marne, 1914) calificó de excelente, y que le llevó a decidir en aquella ocasión: ¡Ataco!

No basta con hacer de la necesidad, virtud, pues lo cierto es que si bien los ejércitos disponen hoy de una razonable y muy digna panoplia, la situación futura, para ellos y para la industria que a Defensa tiene como cliente, es bien poco halagüeña; no queda más que atacar:

UNO. Atajando el desbordamiento del flanco, con el desarrollo de la normativa nacional que, trasponiendo de la forma más ventajosa la comunitaria y mejorando la propia, proporcione a la industria española las herramientas adecuadas para competir de igual a igual con la foránea. salvo que, augurando el fracaso de Europa, se apueste por el proteccionismo.

Si bien NAVANTIA, y la Armada, podría aparecer como la más afectada de las empresas, todos los demás actores en la defensa nacional obtendrían un marco claro de actuación y se beneficiarían de la agilización que las mejoras de la normativa existente producirían. Y mejoraría la capacidad de actuación de las industrias en el exterior; ser competitivas quedaría de su cuenta.

DOS. Reforzando el centro, al definir los planes de adquisiciones futuras de material, atendiendo no solo a la entidad y tipo de los conflictos previsibles, sino también a los avances técnicos (los que hacen al material, polivalente y susceptible de mejora/reorientación) y de gestión, que permiten o llevan a una modernización constante de ese material y a una mayor atención, por múltiples razones, a las tareas de mantenimiento. salvo que se renuncie al rango y prestigio que hasta hoy España tuvo en el mundo.

Siendo la DEFENSA "cuestión de Estado", no debería ser difícil llegar a definir para un medio o largo plazo lo que de sus ejércitos espera España, el "nivel de ambición" nacional, y los recursos que a ello se destinan y destinarán. Esa definición y la certeza de los recursos, seguramente permitirían a los profesionales, atemperados por gestores políticos y parlamentarios, transformar el "nivel de ambición" en datos viables de material, y personal.

Políticos y parlamentarios habrían de ser conscientes de los riesgos que, al ser los recursos siempre limitados, se corren, y todos confiar en que los aliados harán, haremos, honor a nuestros compromisos.

TRES. Ganando capacidad de maniobra, al incorporar nuevas formas de adquisición y nuevos métodos de gestión del mantenimiento y mejora de la capacidad operativa del material, lo que llevaría a una mayor integración o cooperación Defensa-industria. salvo que Defensa sostenga la pulsión por la autarquía de instalaciones y el total control de sus medios.

Puesto que de los fondos destinados a Defensa se beneficia esta al obtener su "utillaje", pero no menos se beneficia la industria, parece razonable que hoy, cuando esos fondos son escasos o muy escasos, ambas busquen compartir riesgos y tareas para obtener el mejor rendimiento de esos escasos recursos. Todo apunta a que, como en los diversos foros se ha expuesto, herramientas como los contratos de colaboración público privada, CCPP, y la externalización de tareas que hasta hoy se realizaban dentro de los ejércitos, son la solución.

El camino así iniciado habrá de concluir, como también en esos foros se expuso, en la adopción del "sostenimiento": integración del mantenimiento (correctivo y preventivo) con la modernización que ponga al día, según la necesidad demande y la técnica permita, las capacidades iniciales del material.

Pero CCPP y externalizaciones tan solo pueden ser eficaces si los ejércitos armonizan su Concepto de Apoyo Logístico con dichas prácticas; si Hacienda, y otros, facilita su recorrido; si la estanqueidad entre capítulos (Mantenimiento, Personal.) se relaja y si el recurso de Personal se adecúa al Concepto anterior, para permitir que los ahorros en uno no se vean impedidos por hipotecas-reglamentos en otro; si la sacrosanta inversión cede campo al, hoy en ciernes pero imparable, sostenimiento.

CONCLUIRÉ como ya en estas páginas (Atenea, 24.05.11) hice, sugiriendo que cada uno lleve a cabo, sin dilaciones, lo que de él mismo depende:

Defensa habrá de hacer, de lo indicado, todo lo que en su mano está; le va en ello la eficiencia en la gestión de su presupuesto, el "rango" de los ejércitos que ponga en pié.

La industria tendrá, así, campo de juego y reglas favorablemente definidas; habrá de poner "imaginación" y "valor" al abordar los asuntos de Defensa; le va en ello su cifra de negocio.

Cierto, no será sencillo que Defensa haga su tarea ni que logre que los otros Departamentos se la faciliten; ni lo será que la industria imagine y arriesgue. pero, como el propio Foch proclama: Batalla (y, aunque con normativa y conceptos como armas, lo es) ganada es aquella en la que uno nunca se acepta batido.

* Ángel Sande es Almirante (r)

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