Justo el día del aniversario de la creación de su estado que representó el exilio palestino, Israel ha vivido como todas sus fronteras corrían peligro de ser violadas y algunas desbordadas. Por primera vez, todas sus demarcaciones han sido amenazadas por los refugiados palestinos y sus seguidores en Siria, Líbano, Jordania, Egipto, Gaza y Cisjordania.
Ha sido como una imitación de las revueltas que llevan varios meses convulsionando el mundo árabe. Las protestas fueron convocadas por Facebook donde se ha hecho un llamamiento a la tercera Intifada palestina. El ejército hebreo lo considera como un ensayo de lo que puede venir en septiembre si la ONU no da el visto bueno al estado independiente palestino.
En la frontera con Siria más de 1.000 personas se manifestaron y cerca de un centenar la cruzó de manera ilegal por los Altos del Golán, ocupados por Israel en 1967. En su enfrentamiento con el Ejército israelí han muerto cuatro civiles. Hay decenas de puestos de control en el lado sirio, así que sin el visto bueno del gobierno de Bachar Al Assad eso no hubiese sucedido. Además, la disidencia denuncia que grupos de palestinos progubernamentales habrían llevado a su gente en autobuses hasta la frontera el sábado por la noche.
El papel de Hizbulá
En la demarcación entre Israel y Líbano, el ejército libanés no ha podido o no ha querido detener a los palestinos que se manifestaban en un área fronteriza muy sensible. El Tsahal ha disparado a las personas que entraban en la zona causando 10 muertes y un centenar de heridos. Hizbulá podría estar detrás de la coordinación de la protesta pues un hospital de campaña de los que apoya la milicia armada estaba en el lugar de los hechos. La ONU, que tiene desplegada una fuerza comandada por un general español con el fin de mantener el alto el fuego, ha pedido contención a las dos partes para evitar un mayor derramamiento de sangre.
En Gaza, la protesta se ha dirigido al paso de Erez y la policía de Hamás no ha dejado pasar a los autobuses. Pero los manifestantes han cruzado a pie la zona de seguridad y han comenzado a lanzar piedras. Los soldados israelíes han disparado a la multitud, causando decenas de heridos.
La huella de Irán
Irán podría haber dejado su huella en estas protestas pues es el gran aliado de Siria, desde donde distribuye armas a Hizbulá en Líbano. Este grupo terrorista tiene arsenales en el sur de Líbano y controla de facto el país. El régimen de los ayatolás también financia y apoya el terrorismo de Hamás en Gaza desde donde se disparan cohetes y misiles a territorio israelí. Además, los cuarteles políticos de Hamás están en la capital siria, en Damasco. Irán también ha asesorado a Siria a la hora de reprimir las revueltas y podría empujar a Hizbulá a una guerra en Líbano. Mientras, en Cisjordania, entre Jerusalén y Ramala, se han producido disturbios entre cerca de mil manifestantes que lanzaban cócteles molotov y piedras al ejército hebreo que han causado 50 heridos.
También en Egipto ha habido disturbios pero han sido parados por el ejército egipcio que se ha desplegado en la frontera, donde más de 200 personas se manifestaban en favor de la apertura de la frontera con Gaza y en contra de la venta de gas natural a Israel. En El Cairo, cientos de personas han protestado ante la embajada de Israel. En Jordania, más de 800 palestinos fueron llevados en autobús a la frontera y 14 han sido heridos durante las protestas. Las fuerzas de seguridad de estos dos últimos países han logrado detener, de momento, la violación de las fronteras.
Búsqueda del enemigo exterior
Las manifestaciones son una provocación por parte de Siria para exorcizar el fantasma de las matanzas internas que está llevando a cabo la dictadura, con la escalofriante cifra de más de 800 muertos en un par de meses. Assad busca un enemigo en el exterior que distraiga la atención interna y que cambie la mirada de la Comunidad Internacional. Los grupos yihadistas que actúan en Siria representan un temor para Israel pues poseen cohetes katyushas que pueden ser disparados hacia su territorio. Asimismo, Hizbulá podría volver a atizar una guerra entre Líbano e Israel.
Y esto sucede antes de la visita del rey de Jordania a Washington, del discurso que Obama tiene previsto dar este jueves sobre la estrategia para Oriente Próximo, de la reunión el viernes entre el presidente de EEUU y Benjamin Netanyahu, de la dimisión del enviado especial norteamericano para la zona, George Mitchell, que se hará efectiva a final de semana, y tras la reconciliación entre Hamás y Al Fatah de hace unos días.
Para evitar las provocaciones, Israel debe tener en cuenta que actuaciones como ésta pueden suceder de aquí a fin de año. Por eso, debe formar a su ejército para que las repelan de manera equilibrada procurando causar el menor número de bajas enemigas y pocos heridos. El gobierno hebreo debe invertir más dinero en equipos y tecnología para dispersar manifestaciones y entrenar a sus tropas en su manejo con el objetivo de causar pocos heridos. De lo contrario, Siria aprovechará la provocación para revertir el escenario de Oriente Próximo a su favor. A la mínima oportunidad que se le presente, Assad pondrá en el punto de mira a Israel y los territorios palestinos con el fin de tapar los asesinatos que está cometiendo la dictadura baazista.
* Miguel Ángel Benedicto es Jefe de Internacional en Telemadrid
Twitter: @benedictosolson
Blog: Eurity.com

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