Desde hace unos años se está hablando de la necesidad de fomentar la Cultura de Defensa en España. Esto ocurre no sólo desde el propio Ministerio, que dispone de una Dirección de Asuntos Institucionales, sino desde los Cuarteles Generales y desde otras instituciones como las Universidades e incluso los institutos. Todos estamos de acuerdo en que es una asignatura pendiente y que es un contrasentido que en la sociedad de un país democrático y de cultura Occidental como el nuestro, no haya, no sólo Cultura de la Defensa, sino ni siquiera idea de la Defensa.
Es muy difícil que se pueda fomentar la idea de la Defensa cuando no tenemos claro de qué estamos hablando. Para empezar, no hay ningún sitio donde se defina lo que es la Defensa. Ni siquiera en la Ley Orgánica de la Defensa es posible encontrar este concepto. Pero es que, además, implícitamente se la identifica solamente con la defensa militar, como si la Defensa de nuestra nación, de nuestra Patria, del Estado, en suma, fuera una cuestión exclusiva de los militares.
Para embrollar más el asunto y por culpa en buena parte de la Unión Europea, últimamente estamos ligando este término al de Seguridad como si en cierto modo se quisiera dulcificar este carácter militar utilizando el concepto de "Seguridad y Defensa" y como si la finalidad última de la Defensa no fuera el de garantizar la seguridad de todos y cada uno de los españoles.
Guerras civiles y coloniales
En cualquier caso hay que aceptar que nuestra sociedad no siente, ni ha sentido desde hace años, ninguna amenaza directa a su seguridad que no sea el terrorismo o la seguridad física de las personas y, por lo tanto, no ve claramente la necesidad de unas Fuerzas Armadas. Desde la Guerra contra Napoleón, los Ejércitos españoles no han intervenido más que en guerras civiles y coloniales y a los militares se les ha identificado más que como defensores de la seguridad, como actores de pronunciamientos y golpes de Estado cuando no como políticos.
No ha habido, como en la mayor parte de los países europeos, la necesidad de defenderse contra otros países que amenazaran directa y físicamente nuestra integridad territorial, nuestras instituciones, nuestra libertad, nuestra seguridad en fin. En ellos, el recuerdo de la Guerra Franco-Prusiana y de las dos Guerras Mundiales es en muchos casos suficiente para volver la vista hacia sus FAS y no sólo aceptar sino apoyar su existencia. No hay más que ver la celebración en casi todas las capitales europeas de los días de los veteranos o de los excombatientes.
Cuando entramos en la OTAN, España lo hizo cubriendo la retaguardia del despliegue a Occidente de la frontera interalemana y aquí no hubo percepción de amenaza. En Alemania, en cambio, no había más que acercarse a esa frontera para comprender lo que era la Defensa.
Enmascarar la realidad
Incluso hoy en día cuando la seguridad no se logra sólo desde el interior de nuestras fronteras y cuando hay también que defender la seguridad de los pueblos que sufren la vulneración de los más elementales Derechos Humanos y por lo tanto hay que hacerlo saliendo al exterior, parece que nos avergonzamos de tener unas Fuerzas Armadas preparadas para ello y tratamos de ocultar o cuando menos enmascarar la realidad presentándolas como todo menos como verdaderas fuerzas armadas. No hay más que ver los carteles y "spots" de propaganda donde se ve a nuestros soldados haciendo de todo menos aquello para lo que en realidad están y deben estar preparados: el combate.
Bien está, que se muestre que en caso de necesidad y cuando el resto de los demás estamentos se ven desbordados o no existen, se realicen tareas humanitarias, por otra parte dignísimas y merecedoras de todo elogio. Tampoco queremos decir que el combate sea inevitable, al contrario, el militar debe primero actuar mediante la disuasión para evitar que quien amenaza la seguridad logre sus objetivos, pero no debe dudar en enfrentarse, poniendo en riesgo su vida si es preciso, en defensa de esos valores. Esa es nuestra razón de ser y eso es lo que hay que explicar sin eufemismos a la sociedad. Esa debe ser la base de una verdadera idea de Defensa y no alimentando los falsos pacifismos y ocultando lo que realmente hacen nuestras tropas, los riesgos que corren y las misiones que cumplen.
Los militares no tenemos que "vendernos" como decía hace unos días Ángel Expósito en "La Tercera" de ABC, es la sociedad la que tendría que entenderlo. En los sistemas democráticos las guerras no las provocan ni las conducen los militares sino los dirigentes políticos elegidos por los ciudadanos. Sigue siendo válida la idea de que "ojalá las FAS no fueran necesarias y de verdad todos los conflictos se pudieran solucionar por medios pacíficos". Caminemos hacia ello pero hasta que eso se cumpla, las seguiremos necesitando.
Luis Feliú*
Teniente General del Ejército (Retirado)
* Fue Segundo Jefe de las Fuerzas de la ONU en Bosnia-Herzegovina, Segundo Jefe del Estado Mayor del Ejército, Jefe de la Fuerza de Maniobra, Representante Militar en los Comités Militares de la OTAN, UOE y UE y Representante Militar de España ante la Autoridad Provisional de la Coalición en Irak.
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