La política de la República Islámica de Irán nunca ha estado exenta de tensiones internas. Casi siempre acabaron ocultas bajo las "alfombras persas", a través de procesos electorales sesgados desde su origen por la criba de candidatos practicada por el Consejo de Guardianes de la Revolución y en otros muchos casos, mediante elaborados compromisos, reflejo de la sutil idiosincrasia del viejo país. De cualquier modo, desde la revolución de 1979, los ayatollahs siempre han tratado de dotar al sistema de un cierto barniz de legitimidad.
Pero, las recientes elecciones presidenciales parecen haber "levantado las alfombras" para dejar al descubierto una sociedad diversa, me atrevería a decir, dividida. En la lucha por el poder, el argumento religioso en esta ocasión lo que enmascara es una lucha de clases. Unas clases medias urbanas más pragmáticas, con deseos de mayores cotas de libertad sin extralimitar el régimen, compuestas por jóvenes, mujeres, empresarios, "bazaríes" y un pequeña parte del establishment; y de otra, las clases más pobres y más devotas, partidarias de Mahmud Ahmadi Nejad.
Desde luego, el resultado electoral no deja de sorprender, a la vista de la campaña. Una participación masiva del 85%, de la que un 63% ha quedado adjudicada al actual Presidente y un 34% al principal opositor, el arquitecto y pintor Mir Hussein Musavi. Insisto, el resultado oficial es insólito por varios motivos: Primero, Ahmadineyad obtuvo más votos que sus rivales incluso en sus respectivas localidades de origen. Segundo, porque Musavi tiene raíces azeríes y el apoyo habitual que le presta su comunidad lo ha perdido sin razón lógica, a favor del Presidente. Y tercero, porque aquellas numerosas clases medias movilizadas fervorosamente en campaña, habrían tenido que cambiar el sentido de su voto de la mañana a la noche. Además, en las elecciones presidenciales de 2005, otro candidato opositor, Mahdi Karroubi, casi logró empatar con Ahmadineyad con sus cinco millones de votos, que ahora han desaparecido hasta el punto de quedar el último en la lid.
Bendición divina
Como consecuencia, la oposición se ha echado a la calle y pide que las elecciones se anulen. A pesar de que el Guía Supremo, ayatollah Alí Jamenei, considerase los resultados "una bendición divina", un grupo de 27 clérigos moderados, reunidos en la Asociación del Clero Combatiente, se han unido a las peticiones opositoras. Y el ayatollah Jamenei suele ser muy sensible a las opiniones de los clérigos.
Pero, ¿por qué "levantar las alfombras" ahora?, ¿a qué se debe esta ruptura con la "legitimidad revolucionaria"?: La lucha por el poder.
Parecía inevitable que la desaparición biológica de la generación de 1979 diera paso a otra más abierta, pero la figura del populista Ahmadineyad se presentó como último asidero del conservadurismo y a ella se han aferrado determinados estamentos para impedir la renovación por todos los medios. El reformismo lo ha percibido hasta tal punto como amenaza, que un alto mando de la Guardia Revolucionaria llegó a decir que no podía tolerarse otra "revolución de terciopelo".
Hijo de un humilde obrero metalúrgico, Mahmud Ahmadineyad se licenció en ingeniería de tráfico, si bien políticamente se formó en la Guardia Revolucionaria. Pasó de ser un oscuro gobernador provincial a alcalde de Teherán, donde comenzó a poner en práctica su populismo: renunció a parte de su sueldo y rechazó el uso del despacho y del coche oficial.
Alcanzó popularidad en el mundo musulmán por negar el Holocausto y amenazar con la eliminación de Israel. Y en el ámbito interno, a incrementar los presupuestos gracias a los pingües beneficios del petróleo para, con gran astucia, mejorar la situación económica de los funcionarios, de los militares y de los pensionistas, pese al notable incremento de la inflación y del desempleo. Además, amplió los recursos financieros de la Guardia Revolucionaria , a través de licencias petroleras y de construcción naval y multiplicó por quince el presupuesto asignado al Consejo de Guardianes, que son en definitiva, quienes tienen la última palabra a la hora de ratificar los resultados electorales.
Por este conjunto de circunstancias nuevas, los iraníes podrían, lamentablemente, llegar a la conclusión de que el cambio a través de las urnas es imposible, lo que resulta muy peligroso en una sociedad dividida. En segundo lugar, que el reforzamiento económico de dos cuerpos fundamentales, dependientes ambos del Guía Supremo -l a Guardia Revolucionaria y el Consejo de Guardianes- acabe por otorgar más poder fáctico a Ahmadineyad que al propio ayatollah Jamenei.
Puede que sea para cortocircuitar esta situación por lo que la Administración norteamericana haya manifestado explícitamente su preferencia a dialogar con el Guía Supremo antes que con Ahmadineyad.
A partir de estos datos, podríamos extraer algunas conclusiones. Por ejemplo, que Ahmadineyad queda reforzado, salvo que las protestas se prolonguen, y mantendrá posiciones más firmes en el asunto nuclear, como ya ha declarado. Aunque quizás su radicalidad propicie un consenso más fácil respecto al endurecimiento del régimen de sanciones, porque desde el "internacionalismo moderado" de Musavi, dispuesto también a mantener el programa de enriquecimiento de uranio a toda costa, lograr esos compromisos podría ser más difícil.
El programa nuclear, al fondo
Las declaraciones del viceprimer ministro israelí, Silvan Shalom, responden a una realidad, cuando comentó que los resultados son "una bofetada en plena cara de los que creen que el diálogo detendría el programa nuclear de Irán". Por otra parte, ni el discurso contemporizador del Presidente Obama en El Cairo ni la disposición a aceptar un programa nuclear para fines pacíficos, expresada muy recientemente por el presidente de la Comisión de Exteriores del Senado, el ex candidato presidencial Kerry, ni la "mano abierta" reiterada por el vicepresidente Biden, parecen estar produciendo frutos. Ahora bien, conviene recordar por último, que el régimen de los mullahs, con una sociedad fragmentada, tendrá más dificultades en la negociación que en la confrontación, que azuza bajos instintos patrióticos. Hay que perseverar en la diplomacia.
Mientras tanto, el primer viaje previsto del recién "electo" Presidente es a Rusia, aunque hubo de posponerle debido a los disturbios postelectorales. Pero recordemos que en la Ekaterimburgo de triste memoria, se celebran en estos días dos reuniones importantes para el nuevo orden mundial. La de la Organización para la Cooperación de Sanghai, con vocación comercial y de seguridad, de la que son miembros Rusia, China, Kazajstán y Kirguizistán y a la que estaban invitados Irán, Mongolia y Pakistán (no Afpak). La otra, más informal, la de los denominados países BRIC, de las economías en desarrollo, formados por Brasil, Rusia, China e India.
Todo ello sin olvidar la nueva propuesta rusa de formar una unión aduanera (?) con Bielorrusia y Kazajstán, con la doble dimensión política de afianzar su "espacio de influencia" mientras orilla su pertenencia a la Organización Mundial de Comercio.
Las "alfombras persas se han levantado", veremos las consecuencias, pero en los telares hay otras de dibujo entrelazado, donde cuentan muchos tintes, muchos nudos y muchas tramas. Y cabe recordar que no todas son de seda.
Artículos de opinión anteriores de Roberto Soravilla: