El calado de las informaciones publicadas por "El Mundo" sobre los presuntos abusos del Director del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), Alberto Saiz, en el ejercicio del cargo, desvelan la intensidad de la lucha que libra un sector de directivos del Centro para forzar su destitución, al considerar que no está a la altura de las exigencias profesionales para un puesto de esta naturaleza.
No entra en la cotidianidad de un servicio de inteligencia que en tres años una treintena de directivos hayan abandonado el servicio por incompatibilidad con la gestión de Saiz. Y lo que es más grave, el golpe que supone para la eficacia del CNI la disolución de los equipos que se nuclean alrededor de los jefes cesados o que presentaron la dimisión.
 | | Fotografía retocada para ocultar la cara de Saiz, con camiseta negra, duplicando el rostro de su escolta |
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Esta es la situación actual del CNI, con la gravísima consecuencia de que la eficacia y operatividad se han visto mermadas. En los servicios de inteligencia la planificación y la continuidad sosegada de operaciones que se desarrollan durante años, son claves para garantizar el éxito. Los cambios continuos en Divisiones como Contraterrorismo o Inteligencia Exterior han puesto en peligro operaciones imprescindibles para hacer frente a las amenazas terroristas.
Tanto es así que, a la vista de la trayectoria de sobresaltos del servicio secreto en los últimos años, voces autorizadas comienzan a preguntarse si es necesario refundar por tercera vez en la democracia el actual CNI. Se preguntan ¿por qué ese desmedido afán de utilizar con fines políticos o de beneficio personal los poderosos recursos de una organización que debe estar al servicio exclusivo del Estado?
En su última comparecencia parlamentaria, Alberto Saiz admitió abiertamente el ambiente de división interna que se respiraba en el CNI y poco menos que reconoció que no hacía carrera del Centro.
Sus palabras han sido corroboradas por la cascada de informaciones publicadas por "El Mundo" sobre sus jornadas de pesca y cacerías en el extranjero, así como la utilización de medios y funcionarios del Centro para trabajos varios en el acondicionamiento de su chalé y piscina.
Informaciones filtradas con la intención evidente de ponerle a la defensiva y obligarle a responder con argumentos creíbles las acusaciones, con la finalidad de que el Gobierno termine cesándole. La Moncloa y la ministra Carme Chacón, los dos departamentos de los que depende orgánicamente el CNI, han hecho una tibia defensa de Saiz.
Chapuza legal
Lo paradójico del "Caso Saiz" es que el Ejecutivo le ratificó el pasado 24 de abril al frente del CNI, en una operación calificada "chapuza legal" por medios cercanos al servicio de inteligencia. En efecto, el BOE de ese día publicaba un Real Decreto por el que cesaba a Alberto Saiz como Secretario de Estado Director del CNI y, a continuación, en otro Real Decreto de número correlativo, su nombramiento como Director del Centro.
Esta "trampa" legal tenía por objeto cumplir con el espíritu de la Ley Reguladora del CNI que determina que los directores se mantendrán al frente del Centro por períodos de cinco años, dando por sobreentendido que no se puede optar a un segundo mandato. Pero como no lo dice explícitamente, se opta por poner el reloj a cero. Es decir, por cesarle y nombrarle de nuevo, teóricamente, por otros cinco años.
Paradójicamente, la Ley estableció períodos de "cinco años" para que el nombramiento del jefe del espionaje español estuviera al margen del vaivén de los partidos con ciclos legislativos de cuatro años. De tal manera que ante un cambio de color político, el Director permanecía en el cargo un "quinto año" y el nombre de su sustituto consensuado con el partido de oposición en ese momento. Con este doble mecanismo de solaparse con los dos partidos mayoritarios alternando en el poder y, de no darse ese caso, con un quinquenio como máximo en el cargo, se garantizaba, en teoría, la independencia.
Al ratificar un segundo mandato de Saiz, el Presidente Rodríguez Zapatero ha roto de forma unilateral con el espíritu que inspiró la Ley reguladora del CNI y ha abierto la "Caja de Pandora". El sector del servicio de inteligencia crítico con la gestión de Saiz, al que no le reconocen cualidades profesionales para desempeñar el cargo, comienza la operación "acoso y derribo" haciendo públicas las presuntas irregularidades citadas al comienzo. Los críticos estiman que tres años más de "la era Saiz", es decir el tiempo que aún resta para acabar la legislatura, son suficientes para dejar irreconocible el principal servicio secreto español.
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Detalle del Cese, publicado en el BOE el sábado 25 de abril de 2009 |
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Detalle del nombramiento, publicado en el mismo BOE de 25 de abril |