Un año más la sociedad española se funde con sus militares en las celebraciones que, con motivo Día de las Fuerzas Armadas, se han sucedido a lo largo del mes y tienen su colofón este domingo en Santander.
Jornadas en las que los Ejércitos abren sus puertas para dar cuenta a la ciudadanía de su quehacer diario al servicio de la Defensa, entendida ésta como el conjunto de valores, medios humanos y materiales que, bajo la dirección política del Gobierno elegido democráticamente, garantizan la independencia y soberanía de la Nación española.
Nunca en la historia de España las Fuerzas Armadas habían gozado de niveles tan altos de aprecio social, puesto de manifiesto en las encuestas de estos últimos años. Son la Institución mejor valorada. Para llegar a ello los militares han realizado un enorme esfuerzo de transformación y de modernización de sus estructuras.
Hoy, nuestros Ejércitos se han convertido por derecho propio en uno de los tres instrumentos claves de la Acción Exterior de los Estados modernos, junto a la diplomacia y al poder económico. Y el pueblo español así lo percibe.
Si las nuevas generaciones de militares de las tres últimas décadas han hecho posible el cambio interno, las misiones internacionales han sido el escenario que ha permitido dar a conocer la nueva realidad castrense.
Una realidad no exenta de problemas profesionales, como cualquier otro colectivo de funcionarios del Estado. Pero, por encima de todo, están orgullosos de ser ciudadanos de uniforme -con las limitaciones propias de la singular profesión que han elegido- y de saber que cuentan con el reconocimiento de la sociedad a la que sirven.