Si hace una semana el mundo miraba con esperanza el inicio de las conversaciones de paz entre israelíes y palestinos, esta semana, son las diferencias entre Hamas y Al Fatah las que salen a la luz. Sobre la mesa están los peligros de la fractura palestina que ya divide la vida diaria y la elite política de los palestinos. Hamas ha lanzado advertencias claras y duras: si siguen las detenciones a miembros de su grupo, la Autoridad Nacional Palestina (ANP) pagará las consecuencias.
Hace sólo una semana, los miembros de Hamas sorprendían horas antes del inicio de las negociaciones de paz matando a cuatro israelíes en Hebrón y al siguiente día herían a otros dos cerca de Ramalah. Sin embargo, el grupo terrorista no pensaba que el acecho a sus miembros vendría en primer lugar de la ANP y no de Israel.
Ha sido la ANP la que ha detenido siete miembros de Hamas, todos ellos sospechosos de estar involucrados en los tiroteos en Cisjordania de la semana pasada. Uno de los portavoces de Hamas en declaraciones a los medios de ayer, se mostraba frío y claro: la continuación de esta campaña criminal cruza todas las líneas rojas y es una clara colaboración con el "enemigo Sionista" (Hamas se refiere en su literatura a Israel como enemigo sionista y nunca como Israel). En el comunicado del grupo, colgado el miércoles en la página web del grupo terrorista, la amenaza a los militantes de Al Fatah es dura y reiterativa: "Os llamamos milicias de Al Fatah, para que aprendáis de experiencias del pasado en Gaza, antes de que el pueblo os rechace de nuevo. Sabéis perfectamente, que las manos que han alcanzado al enemigo, también son capaces de alcanzaros a vosotros".
De esta manera contundente, las fricciones entre las dos principales facciones palestinas vuelven a subir sus tensiones internas, quienes vivieron su máximo ardor en verano de 2007, cuando después de unas crudas disputas, Hamas se hacía con el poder de la Franja de Gaza. Desde entonces, la disputa parece haberse trasladado a Cisjordania, quien todavía en manos de Al Fatah, y bajo el liderazgo frágil de Mahmud Abbas, con un índice de popularidad muy distante del que tuviera en su época Arafat, intenta salir de la pugna de poder y legitimación que parece envolver la política palestina. Por su parte, los medios israelíes aseguraban que fuentes de la ANP confirmaban las detenciones pero negaban que los detenidos hubieran sido transferidos a las autoridades hebreas, y que los detenidos serán juzgados por la Autoridad Nacional Palestina.
Este nuevo choque de posiciones entre las dos facciones palestinas, pone de relieve varios puntos que parecían estar olvidados como la fragilidad de la ANP en Cisjordania, la necesidad de plantearse cuál es el papel que Occidente puede brindar a la ANP, y por último, cómo la descohesión palestina aumenta aun más la ya inherente complejidad a toda solución al conflicto palestino-israelí. Los planes de estabilidad que Occidente e Israel, concedían a la ANP pueden peligrar de nuevo, y con ellos los últimos suspiros de esperanza a solucionar de manera factible y duradera el conflicto. Con un ANP fuerte y segura, las opciones que pueden ser coherentes para palestinos e israelíes pueden ser barajadas sobre la mesa, sin embargo, con una ANP débil, una negociación con Hamas en el poder en toda Palestina, seria prácticamente imposible para Israel o cualquier actor occidental racional.
En 2007, Hamas sorprendía al mundo expresando una voz, en la que ni Israel ni Occidente quieren pensar, el aumento del fanatismo islámico en Oriente Próximo. Tres años después, muchos periodistas árabes y judíos analizaban esta semana la necesidad forzada o no, de la posibilidad de incluir a Hamas en la mesa de negociaciones con los israelíes, ya que no hacerlo, según citan algunos, es negar la voz a un sector de la sociedad palestina. No obstante, es en este punto, donde cualquier mente racional, podría plantearse también si el incluir al grupo terrorista es un acto de aceptación de la legitimidad del grupo, y lo más importante, cómo incluir a negociar a un actor que no acepta legitimidad alguna de la existencia del que sería su otra contraparte, Israel.
Las preguntas que se despiertan cuando uno se plantea la inclusión o no de Hamas son muchas, correctas o no, éticas o menos éticas. Pero sin duda, lo que esta semana Hamas con sus amenazas ha conseguido, es volver a refrescar la memoria a israelíes, palestinos y a Occidente de las consecuencias que otro choque entre palestinos puede conllevar para la zona. Gaza cayó en 2007, ahora queda en manos de la ANP, el tener mano dura y luchar para defender su legitimidad en Cisjordania. La tarea no es fácil y Hamas ya ha dejado patente que no va a ayudar.

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