Cabe decir que la Seguridad Nacional comienza por la seguridad de los nacionales, se encuentren éstos dentro de su nación o estén fuera de ella. El Gobierno del presidente Sarkozy tiene decidida una trayectoria muy nítida en este sentido. Lo acaba de hacer como quien dice, hace muy pocos días, cuando intentó rescatar militarmente con fuerzas mauritanas el rehén francés, Michel Germaneau, que la llamada Al Qaeda del Magreb tenía secuestrado. En la operación fueron eliminados cinco terroristas, pero los que sobrevivieron al ataque -otra célula que la eliminada- degollaron a Germaneau. No ha sido éste el primer francés al que los terroristas en el Magreb cortaron el cuello.
La muerte de Germaneau hizo temer por la vida de los dos españoles secuestrados por los mismos piratas de secano, que los tenían en su poder desde noviembre del año pasado y que fueron finalmente salvados con el recurso a otras estrategias y procedimientos. Conforme a otros principios y distinta filosofía de la seguridad nacional y del combate al terrorismo, puesta ya de manifiesto en el desenlace del secuestro habido en el Índico de un yate francés, durante abril del año pasado. Allí, al pago del rescate siguió una operación militar que llevó a la muerte de tres de los cuatro piratas y a la recuperación sustancial del dinero que se había desembolsado para el rescate.
Ejecutoria antiterrorista de esta naturaleza implica costes y supone riesgos como el definido por muerte de Germaneau. Pero también se traduce, además de evitar desembolsos muy cuantiosos a costa del contribuyente, en rendimientos muy significativos dentro del plano de la disuasión a esgrimir frente a los terroristas -islámicos o no- en la guerra que se mantiene con ellos. Por eso ha sido tan significativo el comentario hecho por los alqaedanos del Magreb, tras de la libertad de los dos españoles secuestrados, de alabanza -sólo ha faltado un diploma de buena conducta- a la línea seguida por el Gobierno español, y de censura al comportamiento de Francia. Al que es propia, como no podía ser menos, una lógica cartesiana desde cualquiera de los posibles puntos de vista.
Pero los criterios de Seguridad Nacional que inspiran la política del Estado francés, van más allá de la esgrima de la firmeza como fuente de la disuasión, frente a los opuestos riesgos y peligros de invitar a la insistencia del terrorismo islámico en captar recursos con que difundirse y multiplicarse. Esa política de nuestros vecinos también proyecta su claridad y su firmeza en el ámbito del orden público interno. Ideas claras y justas, con pulso firme que las sirva, podría ser el lema de Nicolás Sarkozy. Y sin amedrentarse por los inconvenientes políticos que ello pueda conllevar, con reproches de principio desde el Consejo de Europa al propio Vaticano, de criterio imbatible desde perspectivas de la caridad.
Sólo unas horas han transcurrido desde que acabara en París el encuentro intergubernamental franco-rumano en el que se ha debatido la cuestión de los gitanos de Rumania repatriados a su país de origen por no disponer de trabajo, vivienda ni de condiciones mínimas para su instalación decorosa en la nación de acogida. Ello convierte a este género de población en una disparada fuente de delincuencia. Según fuentes oficiales en París, los delitos cometidos por gitanos originarios de Rumania aumentaron en 2009 hasta un 138 por ciento. Sobre delincuencia de ese mismo origen en España se tiene reiterada noticia pero se carece de estadísticas. También en la Unión Europea la seguridad va por barrios.

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