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China se pregunta qué falló en Manila

Alexandre Calvo Cristina

   martes, 31 de agosto de 2010

LOS SECUESTROS, UNA LACRA DE NUESTRO TIEMPO

Los secuestros colectivos parecen ser una de las tácticas que definen el panorama de la seguridad contemporánea, generando un debate sobre la forma de afrontarlos, tanto a nivel técnico como político.

En este caso las motivaciones del secuestrador eran puramente personales, pretendiendo su reingreso en el Cuerpo de Policía, del que había sido expulsado tras ser acusado de extorsión. No formaba parte de ningún grupo terrorista ni buscaba nada, dinero o excarcelación de reclusos, que objetivamente supusiese un riesgo para la seguridad nacional filipina y de los países vecinos.

Ello simplifica los términos del debate en torno del desenlace, no dándose la polémica que acompaña la cesión al chantaje terrorista transnacional disfrazada de humanitarismo pero que en el fondo esconde un profundo egoísmo y un absoluto desconocimiento de las lecciones de la historia.

Lo que sí ha sido polémico en este caso, y aun colea, ha sido la forma de afrontar el secuestro por las fuerzas de seguridad, desde el equipo empleado a las tácticas desplegadas, siendo generalizada la sensación que se han manifestado notables deficiencias en la capacidad filipina para abordar este tipo de situaciones. La polémica ha traspasado con fuerza las fronteras del archipiélago dada la nacionalidad de las víctimas, generando protestas públicas en Hong Kong y una oleada de solidaridad a lo largo de China.


UNA PRESENCIA GLOBAL CADA VEZ MÁS EVIDENTE

Los últimos años una serie de incidentes sufridos por nacionales chinos en el extranjero ha multiplicado la preocupación de las autoridades y la opinión pública por la seguridad de su cada vez mayor número de turistas, viajeros de negocios, y personal de todo tipo desplegado más allá de sus fronteras. China se ha abierto al exterior, y aunque los beneficios son innegables y nadie se plantea seriamente volver atrás, esta presencia global conlleva nuevos retos de seguridad.

No es naturalmente un problema exclusivamente chino. Hoy día ningún país puede permitirse el lujo de ignorar lo que acontece allende sus fronteras.

Tampoco es un reto que Beijing pueda afrontar libre de presiones populares, puesto que aunque China continúe siendo una dictadura, la bancarrota moral del marxismo y los desastres del Gran Salto Adelante y la Revolución Cultural han forzado al Partido Comunista Chino a recurrir al nacionalismo y al rápido desarrollo económico para apuntalar la legitimidad del régimen. Ello implica que el gobierno no puede permitirse el lujo de aparecer como débil a ojos de la opinión pública, amplios sectores de la cual tiene rápido acceso a lo que pasa en el mundo gracias a Internet y pese a los muchos controles.


¿POR QUÉ MURIERON OCHO REHENES?

La fuerte reacción ante la muerte de los turistas no se debe solamente a su número, sino a la sensación que se podrían haber evitado. Observando las imágenes del incidente es difícil no estar de acuerdo con dicha afirmación.

En primer lugar hubo diversos momentos en que el secuestrador podría haber sido abatido por los francotiradores desplegados alrededor del

El conductor corriendo tras ser liberado

autobús, al no encontrarse cerca de ningún rehén ni oculto por las cortinas del vehículo.

Se podría quizás argumentar que la policía intentaba forzar su entrega sin derramar sangre, pero surge aquí una de las grandes incógnitas del caso, el papel de su hermano Gregorio, también oficial de policía, quien acompaña a los negociadores pero acaba siendo detenido. Según algunas fuentes anima a su hermano a no entregarse, y según otras se ofrece como rehén en lugar de los turistas.

Lo peor del caso es que la detención de Gregorio es retransmitida en directo por televisión y presenciada por el secuestrador, que dispone del receptor de TV del autobús. Es éste otro de los grandes errores de los responsables del dispositivo de seguridad, permitir la presencia de cámaras de televisión. Se da una curiosa asimetría informativa, puesto que sabe más el secuestrador sobre lo que acontece en el exterior que la policía sobre lo que ocurre en el interior del vehículo.

Cuando finalmente, al fracasar las negociaciones y escucharse los primeros tiros, la policía se decide a asaltar el autobús, este flujo de información en tiempo real sumado a la lentitud e indecisión del equipo de asalto evitarán el efecto sorpresa tan importante en esta clase de operaciones.

Otro factor claramente visible en las imágenes es la falta de equipo especializado, como explosivos para volar las ventanas del autobús y escaleras para penetrar rápidamente en su interior. Al secuestrador se le da tiempo de sobras para ejecutar a los rehenes, y en el fondo la cifra final de víctimas podría haber sido más elevada.


BEIJING PROTESTA Y HONG KONG SALE A LA CALLE

El desenlace del secuestro ha sido muy mal acogido por la opinión pública de Hong Kong y por la del conjunto de China, y ambos ejecutivos han dado a conocer su malestar.

La comunidad filipina muestra su
solidaridad con las víctimas

Los hechos han recibido una enorme atención mediática en la República Popular China, ocupando por ejemplo la primera página del People's Daily del pasado miércoles. Los periódicos han dedicado mucho espacio a las protestas diplomáticas chinas, incluida la petición pública a Manila por parte del ministro de exteriores de que se "investigue completamente el incidente".

El domingo pasado, 29 de agosto, una manifestación (con 20.000 asistentes según las autoridades y 80.000 según los organizadores) recorrió Hong Kong para exigir al gobierno filipino una investigación a fondo de los hechos.

Si el poder militar, y naval en particular, chino continúa creciendo (y aquí la gran incógnita es la sostenibilidad de su modelo económico) es probable que incidentes de este tipo provoquen en el futuro una respuesta aún más contundente.

* Alexandre Calvo Cristina
Profesor de relaciones internacionales, European University.



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