La prematura salida de gran parte de las unidades de combate, que estaba prevista el 31 de agosto, pero se ha adelantado quince días, pone fin -al menos oficialmente- a las misiones de combate, aunque la compleja realidad iraquí impide que este acontecimiento pueda celebrarse como el fin de una guerra que ha durado siete años.
Anthony H. Cordesman, un especialista militar del "Center for Strategic and International Studies" de Washington resumió acertadamente la situación en Iraq en la pagina Web del centro el 20 de agosto: "la guerra en Irak no se ha terminado y no se ha ¨ganado¨. En realidad (la situación) está en un punto tan crítico como en cualquier momento desde 2003". Y los 13 atentados ocurridos en todo el país ayer, desde Mosul a Basora parecen confirmarlo.
Muchos son los interrogantes que aun perduran en suelo iraquí. Ha terminado la operación "Libertad Iraquí"... pero se ha sustituido por "Nuevo Amanecer". Han terminado las misiones de combate - según declaraciones del presidente Obama ante veteranos en Atlanta- . pero queda "asesorar y apoyar" a las fuerzas iraquíes. Se han celebrado unas elecciones razonablemente libres. pero pasados casi cinco meses los líderes políticos siguen sin llegar a un acuerdo sobre la formación de un gobierno. La violencia ha disminuido substancialmente si se compara con la de los años 2006 y 2007. pero todavía persiste una insurgencia activa y difícil de erradicar como demostraron con la matanza de 65 aspirantes en las puertas del centro de reclutamiento en Bagdad hace días y la reciente oleada de ataques coordinados que suman más de 60 muertos.
Las nuevas misiones de las tropas de EEUU
Es verdad que con la operación "Nuevo Amanecer" las misiones prioritarias han pasado a ser de asesoramiento y apoyo a las fuerzas armadas iraquíes, a la vez que instruirlas y adiestrarlas, pero, al mismo tiempo, también incluyen "defender al personal, instalaciones - entre otras, la embajada en Bagdad y los consulados en Mosul, Kirkuk, Erbil y Basora- y los intereses norteamericanos". Esto implica tener que realizar operaciones de combate. Además, dentro del apartado de apoyar a las fuerzas iraquíes se incluye realizar misiones de contrainsurgencia "a petición del gobierno de Bagdad".
Por todo ello las seis Brigadas que permanecen Iraq mantienen todo su potencial ofensivo y defensivo. Y a esto hay que sumar los 4.500 efectivos de fuerzas especiales capaces de emprender cualquier acción contrainsurgente. Unas acciones que, en la mayoría de los casos, realizarán conjuntamente con los iraquíes, especialmente en zonas como Kirkuk y Bagdad, o las provincias de Diyala, Salahadin y Ninive, donde distintos grupos terroristas como Al Qaeda en Iraq o su otra rama, el Estado Islámico de Iraq, lanzan el mensaje de que existen y escogen el momento y lugar.
El ejército y las fuerzas de seguridad iraquíes han alcanzado unos niveles, al menos teóricamente, importantes: 400.000 policías y 220.000 soldados, deberían ser suficientes para acabar con unos terroristas que la mayoría de las estimaciones cifran en unos 5.000. Sin embargo, su preparación y motivación no parecen suficientes para la tarea que tendrán que asumir en el momento de la retirada completa de las fuerzas norteamericanas a finales del 2011.
Los peligros que se ciernen sobre Iraq
Un estudio de la Rand Corp. "Security in Iraq. Emerging Threats as U.S. Forces Withdraw" analiza las consecuencias que puede tener para la delicada estabilidad iraquí la retirada de las fuerzas norteamericanas.
El estudio presenta un escenario en el que el terrorismo es el peligro más probable. El recrudecimiento de los atentados en el último mes y la intensificación por parte de Al Qaeda de la captación entre miembros del "despertar" suní que no han conseguido los puestos de trabajo ofrecidos por el gobierno, confirma esta hipótesis.
Otro escenario que el citado estudio considera menos probable, pero más peligroso, es la posibilidad de que se reactive un conflicto étnico. El peligro de una coalición de suníes con chiítas que deje al margen a los kurdos, es difícil que se produzca por las diferencias y rencillas que los separan, pero podría ocurrir alentada por los deseos kurdos de incorporar Kirkuk -y su petróleo- a un Kurdistán autónomo. La existencia de distintos grupos armados, unos reconocidos en la practica, como los pesmergas kurdos, y otros teóricamente disueltos, pero con capacidad de volver a actuar como el Ejercito de Madhi, de Moqtada al-Sadr o los Hijos de Iraq suníes, también son una amenaza para la convivencia pacifica en Iraq.
Finalmente, el estudio de Rand alerta que no se puede descartar la posibilidad de que alguna facción o grupo político trate de utilizar a las fuerzas gubernamentales para coaccionar y aplastar a sus oponentes. Para evitarlo sería necesario promover el profesionalismo, disciplina y autocontrol de las fuerzas armadas y de seguridad, a la vez que se estimula su composición interétnica.
Como telón de fondo de estos escenarios está la actividad de los países vecinos, principalmente Irán y Arabia Saudí, por atraer a Iraq a su órbita. El ascenso de los chiíes en Iraq y los vínculos de sus dirigentes con el régimen de los ayatolas inducen a pensar que Iraq pueda llegar a convertirse en un satélite de Irán, pero conociendo la idiosincrasia y animadversión de los iraquíes en general hacia los iraníes, no parece probable. Arabia Saudí, por su parte, siempre en segundo plano, según su proceder habitual, también pugna por ejercer un cierto control sobre Iraq, o al menos separarlo de la esfera iraní.
Que la balanza se incline hacia uno u otro lado, y sobre todo que Iraq supere las tensiones entre árabes y kurdos y consiga una reconciliación entre chiítas y sunitas dependerá mucho de la actitud de Estados Unidos más allá de 2011. Si consigue renegociar el acuerdo y mantiene en Iraq un cierto contingente militar, unido a un destacado núcleo civil, es posible que se acabe con la insurgencia e Iraq se convierta de nuevo en un país estable y fuerte en el convulso panorama de Oriente Medio.

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