La presidencia de Juan Manuel Santos en Colombia está significando cambios muy importantes en la tendencia que llevaba las relaciones con sus países vecinos, especialmente tensionadas con Venezuela. En las pocas semanas transcurridas han proliferado declaraciones de abuenamiento, gestos, visitas protocolares e ideas sobre el futuro común.
Sin lugar a dudas son buenas noticias para los países involucrados, como para el resto de la subregión, puesto que vuelve a situar las relaciones en el ámbito de la diplomacia y los intereses comunes, en un marco de diálogo y paz. Si bien todavía quedan trazos de fragilidad y muchos temas pendientes, lo fundamental es que siga el escenario adecuado para su tratamiento.
Lo primero se ha ido logrando, que decía relación con desescalar la crisis que había tenido un punto alto en el rompimiento de relaciones y las declaraciones referente a los planes de guerra por parte de Venezuela. La segunda parte consiste en generar espacios de confianza y recuperación del diálogo en base a una agenda común, y la tercera fase tendrá que asumir los desafíos conjuntos en los ámbitos del comercio, la diplomacia y la seguridad fronteriza.
Simultáneamente, el gobierno colombiano debe encarar un punto central que está relacionado con las tensiones en la zona y que tiene que ver con la presencia de las FARC, insistiendo en una mesa de diálogo tal como lo ha manifestado el propio Presidente Santos. Hoy existen mejores condiciones para eso, atendiendo no solo a la debilidad interna del movimiento guerrillero en sus capacidades militares, lo que deja un espacio abierto para las estrategias de diálogo, sino también a las condiciones externas, entre las cuales se cuenta la falta de respaldo internacional para la continuidad de su accionar armado, tal como lo expresara tajantemente el Presidente venezolano.
A esto debe sumarse la declaración de la Presidencia Pro Témpore de UNASUR, que ha declarado improcedente la solicitud de las FARC de dirigirse al seno de la organización para plantear su visión del conflicto. La opinión institucional confirma que lo esencial es el tratamiento interno del conflicto, para lo cual el gobierno colombiano es el actor pertinente. El rol que puede jugar la instancia subregional está en el espacio de las garantías para el diálogo, así como de una opinión consensuada en torno a lo inaceptable de las acciones que violan los derechos humanos en general así como el de los civiles en un conflicto. De esta forma, UNASUR ya asume un papel activo en forma explícita, y deja tras de sí una cierta posición abúlica que había dominado la escena subregional.
Un aspecto clave para la recomposición de las relaciones y seguir evitando causas de conflicto tiene que ver con el tratamiento de los espacios fronterizos y complejo tramado de nuevas inseguridades, amenazas y riesgos que en ellos proliferan. Esta debe ser una lección aprendida para el conjunto de países de la región, puesto que en ello hoy día se juegan muchos aspectos ligados a los desafíos por la seguridad integral. En este sentido, las declaraciones del Ministro de Defensa de Venezuela Carlos Mata anunciando con nuevas medidas en la región de Táchira para el reforzamiento fronterizo son muy oportunas, así como la agenda de una próxima reunión entre mandos militares y policiales de ambos países para generar un protocolo que permita acentuar la cooperación entre ambos países. Esto se suma a lo ya avanzado entre Colombia y Ecuador desde el año 2008, después de los incidentes fronterizos en el campamento de las FARC.
Ha quedado trágicamente demostrado que la porosidad geográfica, la ausencia de instituciones públicas y la precariedad de estrategias de desarrollo en las zonas de frontera han sido los factores que han permitido la existencia del crimen organizado, el narcotráfico y la movilidad de fuerzas guerrilleras, que ha puesto en cuestión a las sociedades y a los estados vecinos. Situaciones como estas abundan en nuestra región y claramente debieran ser parte de una estrategia común de cooperación.
*Carlos Gutiérrez Palacios es Licenciado en Historia por la Universidad Católica de Chile,
director de la ONG Centro de Estudios Estratégicos, en Chile y magister en Ciencias Militares.

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