La Guerra, a la que las naciones occidentales tan sólo obligadas -con mayor o menor acierto- por las circunstancias llegan, es una realidad todavía; pretender que no existe o afrontarla con eufemismos o subrepticiamente, es posponer el cambio de esas circunstancias, dilatar la resolución del conflicto que a ella nos arrastra. y, ay!, aumentar el gasto de sangre y dinero.
No hace mucho, un político británico, entonces en la oposición, afirmaba que si el General pide lo que necesita para la batalla, y se le da la mitad de lo que pide, no se le da la mitad de la victoria. Y ello abarca medios -hombres, material. fondos- tiempo y apoyo moral.
Nuestro mundo occidental es reacio a asignar medios, tiempo y aún apoyo moral al General en cualquier solución a los problemas que el combate contemple, olvidando que con ello pone tasa a su voluntad de resolverlos, no ya en su favor, sino tan sólo en términos razonables; y olvida que frente a él está una voluntad dispuesta a todo, sin considerar lo que ese Occidente entiende como racional.
Y así se envía en "misión" a las Fuerzas Armadas (FAs), con medios insuficientes, restricciones abundantes, fecha de caducidad y, en algunos casos, de manera vergonzante.
Se pretende resolver un problema empeñando lo mínimo en ello y restándole importancia (con eufemismos o con distorsiones) ante la opinión pública. banalizándolo.
Con ello, a poco que el enemigo, que toma en serio sus retos, resista, se hace preciso mayor esfuerzo, con aumento de costes y bajas, e inmediato descontento de la opinión pública que no comprende el porqué de esos costes, retrasos y bajas; lo que, muy probablemente, llevará a esa ciudadanía propia a exigir se abandone el esfuerzo. y aceptar, así, la derrota.
Si bien la Historia da sobrados ejemplos de que la más eficiente forma de resolver un conflicto armado es empeñar medios suficientes cuanto antes (prédica tanto de los maestros del Arte de la Guerra como, estimo, del sentido común), también el pasado siglo ha ofrecido ejemplos suficientes del ciclo completo del párrafo anterior.
Y nuestro siglo podría llevar camino de emularlo, pues como algunos analistas sostienen, la democracia a duras penas soporta guerras largas, lo que nos coloca en un círculo vicioso: ¿cómo ganar pronto una guerra si la abordamos, moral y materialmente, de forma timorata?
Se podrá argüir que los enfrentamientos armados hoy, por asimétricos, poco tienen que ver con los de antaño. Discrepo; ni en el oficio de las armas hay bajo el sol algo nuevo, ni lo asimétrico es excepcional en nuestro mundo.
En los últimos años de la Argelia francesa, peleando con una asimetría que había llevado a las derrotas de Occidente en Indochina/Vietnam, el ejército francés se alzó con una victoria que la jefatura de su nación no deseaba; en Irak la intervención occidental está cuajando ahora en una situación que permitirá calificarla como un éxito total, costoso, lento, pero tan importante como se necesitaba; siguiendo en ambos casos (como en Afganistán), por cierto, la doctrina que un sanciryen del 39 expuso en 1963.
Siendo evidente la asimetría en los conflictos humanos, armados o políticos, acaso haya que matizar que la mayor no es la diferencia de medios, sino la de principios, que no permiten a unos actitudes o actuaciones que para otros son aceptables o aún habituales.
Sí, la guerra hoy, puesto que para asegurar la paz futura se hace necesario conquistar, sino el corazón sí el ánimo del "otro" pueblo (que nunca es el enemigo a batir), la guerra hoy, repito, está lejos de la foudrouyance anhelada por las escuelas del arte; se imponen esfuerzo y tenacidad, cautela y aún delicadeza y humildad, mas no timidez ni, para la opinión pública en casa, disimulo.
Nunca será banal la guerra, ni el instrumento con que la nación para afrontarla, aún no deseándola, se dota, los Ejércitos, las FAs. Si banalizar las operaciones de guerra tiene el riesgo de la desafección de la ciudadanía en el corto/medio plazo, banalizar las FAs (y desnaturalizar motivaciones y desenfocar calificativos las banaliza a fondo) arriesga en el medio/largo plazo mellar el instrumento, embotarlo o aún inutilizarlo.
Mas. ¿será así, banalizando Ejércitos y Guerra, como se desvanecerá esta en el horizonte?
* Ángel Sande es Almirante (r)

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