La operación combinada franco-mauritana con apoyo logístico estadounidense del 22 de julio invita a una reflexión sobre la posibilidad de que esté empezando a cristalizar una verdadera cooperación operativa multilateral y permanente sobre el terreno. De ser esto así podríamos comenzar a felicitarnos en cuanto al futuro de una lucha antiterrorista contra Al Qaida en las Tierras del Magreb Islámico (AQMI) que requiere de coordinación multilateral dentro y fuera de la región y de instrumentos operativos eficaces.
Según las informaciones disponibles fuerzas especiales francesas y mauritanas aerotransportadas habrían partido de la localidad de Atar, en Mauritania, en la madrugada del 22 de julio, para llegar a Tesssalit, en el norte de Malí y cerca de la frontera argelina, donde habrían eliminado a seis miembros de una célula de AQMI y requisado armamento y explosivos. Fuerzas especiales francesas entrenan con homólogos mauritanos en la susodicha región de Atar desde hace tiempo y esta operación no sería sino una aplicación práctica de los supuestos en los que trabajan cotidianamente. Se habla tanto de éxito como de fracaso, dependiendo de si la operación tenía un fin preventivo - abortar un plan inminente de ataque de estos terroristas - o de si con ella se buscaba liberar al rehén francés Michel Germaneau. Este último, secuestrado en el norte de Níger el pasado 19 de abril por AQMI, se añade como rehén de los terroristas a los dos cooperantes españoles secuestrados desde el 29 de noviembre.
Sea cual fuera el objetivo buscado lo cierto es que esta operación comienza a mostrar que una coordinación multinacional tan necesaria comienza a ser una realidad, y que quizás abarca ya a más actores que los aquí citados. Como se recordará, desde el 21 de abril existe un Comité de Estado Mayor Operativo que vincula a Argelia, Malí, Mauritania y Níger y que tiene su sede en Tamanrasset. Por otro lado, las fuerzas argelinas están autorizadas desde el pasado 30 de junio a penetrar en territorio del segundo: el asesinato de 11 guardias de fronteras argelinos ese día en la frontera con Malí habría acelerado la cristalización de dicho paso. Junto a ello, los contactos entre las autoridades de Malí y de Mauritania son cada vez más intensos, sobre todo a la luz de la necesidad de luchar contra los terroristas en una región septentrional maliense de difícil control. En un círculo más amplio y también subregional africano, aunque en el mismo los niveles de coordinación son menos intensos, cabe recordar también en estos momentos al denominado "Grupo de los Siete" que agrupa a los cuatro Estados citados más Burkina Faso, Chad y Libia
Más allá de la región magrebí-saheliana, potencias foráneas pero cada vez más implicadas en el reforzamiento de la seguridad regional se hacen también más y más visibles. Fuerzas especiales estadounidenses llevan años entrenando a efectivos de los países citados - y de otros como Burkina Faso, Nigeria o Senegal - en lucha antiterrorista y aún está próximo en el tiempo el ejercicio "Flintlock 2010", celebrado el pasado mayo y en el que se reprodujeron supuestos muy parecidos al ejecutado ahora en Tessalit. Además existen contingentes de fuerzas especiales estadounidenses estacionados en Kidal, cerca de Tessalit, y los EEUU facilitan inteligencia y ocasionalmente transporte estratégico a fuerzas de países amigos sobre el terreno. Tampoco esta práctica es nueva pues como se recordará la operación antiterrorista que en 2003 permitió neutralizar a una columna del Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC) argelino, que se desplazaba desde el norte de Malí y que atravesando el norte de Níger fue atacado en la región chadiana del Tibesti, se llevó a cabo gracias a la coordinación, entonces "ad hoc", de un buen número de países africanos y no africanos.
* Carlos Echeverría es Doctor en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid
Profesor de Relaciones Internacionales de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la UNED
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