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   jueves, 09 de febrero de 2012
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Los entresijos del ´affaire´ Kagame

Carlos Echeverría

La visita a España del Presidente de Ruanda, Paul Kagame, como copresidente del Grupo de Impulsores de los Objetivos del Milenio, creado en mayo pasado por el Secretario General de la ONU y que el presidente del Gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero copreside también, ha servido no sólo para marcar distancias entre ambos mandatarios sino sobre todo para poner en su lugar el tema del papel de Kagame en la historia reciente de su país, y ello en un momento, además, en el que pretende ser reelegido por otros siete años en las elecciones presidenciales previstas para agosto.

El Juez de la Audiencia Nacional Fernando Andreu imputaba en 2008 a 40 militares ruandeses por delitos de genocidio, lesa humanidad, crímenes de guerra y asesinato, incluyendo entre las víctimas a cuatro españoles -un misionero, en 1994, y tres cooperantes de Médicos del Mundo, en 1997- y señalando indicios contra el Presidente Kagame, aunque este no ha sido imputado pues su inmunidad lo impide. No sería así si la acusación procediera del Tribunal Penal Internacional, que ha imputado por crímenes parecidos al presidente en ejercicio de Sudán, Omar Hassan Ahmed Al Bashir.

Aunque nuestro presidente del Gobierno le ha evitado, ahora tendrá que reunirse en cualquier caso con su homólogo rwandés en septiembre, durante la Cumbre del Milenio que ambos copresidirán en Nueva York, pero lo que aquí nos interesa no es tanto si se esquiva o no a un personaje molesto -tampoco se reunieron los Presidentes español y rwandés en la Cumbre de la Unión Africana (UA) en Addis Abeba el pasado enero- sino la oportunidad de dar a Ruanda tan alta posición, y esto ha sido una decisión personal del Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, quien ha premiado con ello los esfuerzos rwandeses por reducir la mortalidad infantil y otras lacras, y el contexto en el que esto se produce.

Paul Kagame es un general rwandés de etnia tutsi que pasó buena parte de su vida en Uganda adonde huyó con sus padres tras la caída de la monarquía tutsi en 1959. Ahora que tantos ligan su nombre a matanzas es importante destacar las líneas definidoras no sólo del genocidio rwandés -más de 800.000 tutsis y hutus moderados asesinados en tan sólo tres meses de 1994, entre abril y junio- sino también de la Primera Guerra Mundial africana iniciada en 1998 y que afectó de lleno a la República Democrática del Congo y en la que se vieron involucrados nueve de sus vecinos, Ruanda entre ellos. Recordemos que desde 1994 hasta hoy han muerto en esa amplia zona, conocida en términos de región como la de los Grandes Lagos, más de 4,5 millones de personas.

Tras el asesinato del presidente rwandés hutu Juvenal Habyarimana, el 6 de abril de 1994, el Ejército rwandés de mayoría hutu, alentado desde el círculo restringido de poder hutu conocido como "akazu", se lanzó a una orgía de sangre contra los tutsis en la que también murieron muchos hutus moderados. Habyarimana, apoyado entre otras potencias por Francia, estaba entonces amenazado por la rebelión tutsi dirigida por el Frente Patriótico Rwandés de Kagame desde Uganda. La Comunidad Internacional, con Francia a la cabeza, reaccionó tarde, poniendo en marcha la "Operación Turquesa" de la ONU cuando las grandes matanzas ya habían sido consumadas.

A Kagame se le acusa de utilizar el genocidio de su pueblo, el tutsi, en su propio beneficio y de haber llevado adelante acciones durante años, entre 1994 cuando tomó el poder y 2000, para lograr el exterminio de los hutus. Apoyado al principio por la Uganda de Joweri Museveni y por la Comunidad Internacional como un libertador, Kagame pronto comenzó a vengarse de los hutus pero sus acciones quedaron eclipsadas por el deterioro de la situación en el vecino Zaire. Ruanda y Uganda facilitaron en 1996 el derrocamiento del Mariscal Mubutu y la llegada al poder de Laurent Kabila, padre del actual Presidente de la ya República Democrática del Congo (RDC). Cuando en 1998 fracasa un golpe de Estado contra Kabila varios países, entre ellos Ruanda, intervienen y dan comienzo a la denominada Primera Guerra Mundial Africana. Kagame utilizó este enrevesado escenario para seguir persiguiendo a los hutus rwandeses huídos al noreste de la RDC en el marco de su política de venganza y, de paso, pugnar por los ricos recursos de la zona en una dinámica en solitario que le ha alejado de su otrora aliado, Uganda.

Si nuestro presidente Zapatero se reúne con Kagame en septiembre o si ahora lo ha hecho nuestro Ministro de Asuntos Exteriores estos no hacen sino seguir una tendencia generalizada internacionalmente. Mucho antes fue Francia la que aplicó un gran pragmatismo cuando el pasado 25 de febrero, y después de haber roto París sus relaciones diplomáticas con el país africano en 2006 -cuando la Justicia francesa acusó a colaboradores de Kagame de participar en el atentado contra el avión del Presidente Habyarimana en el que también murió la tripulación francesa del mismo-, el Presidente Nicolas Sarkozy llegaba a Kigali para entrevistarse con su homólogo y cerrar dieciséis años de profunda tensión bilateral. Lo hacía cuatro meses después de haberse restablecido las relaciones diplomáticas. Tan sólo cinco días después de la visita de Sarkozy a Ruanda era detenida en Courcourronnes, al sur de París, acusada de genocidio, Agathe Habyarimana, la viuda del asesinado presidente rwandés.

Lo verdaderamente importante es que cuando a fines de 2010 termine sus trabajos según lo previsto el Tribunal Penal Internacional para Ruanda, con sede en la localidad tanzana de Arusha, podamos hacer un verdadero balance de todo lo sucedido y, sobre todo, que podamos verificar que no quedan impunes tantos crímenes. Hoy las contradicciones africanas nos permiten ser testigos de cómo uno de los principales genocidas y otrora mano derecha de Kagame, el general Faustin Kayumba Nyamwasa, goza de estatuto de refugiado en Suráfrica desde el pasado febrero, hecho que dificulta su extradición tanto a España como a Francia o a Ruanda que también lo reclaman. Establecido en ese país desde que cayera en desgracia en Ruanda, y tuviera que huir a Uganda y de allí a Suráfrica acusado de conspiración terrorista, era tiroteado en Johannesburgo en plena calle el 19 de junio, con el telón de fondo del Mundial de Fútbol. Pronto sabremos si la visita a Madrid el 18 de julio de Kgalema Motlanthe, Vicepresidente surafricano, quien viene en sustitución del Presidente Jacob Zuma demasiado ocupado por cuestiones de política doméstica, sirve para relanzar el tema de la posible extradición a nuestro país de Nyamwasa y avanzar con ello en la lucha contra la impunidad.

* Carlos Echeverría es Doctor en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid
Profesor de Relaciones Internacionales de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la UNED

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