El Consejo de Ministros ha confirmado este viernes a Alberto Saiz como director del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) para un segundo mandato, que, en teoría, concluiría en el año 2014. El Gobierno ha encontrado un resquicio en la Ley Reguladora del servicio secreto que, si bien fija en cinco años la duración del cargo, deja abierta la puerta a sucesivas prórrogas.
En la decisión del Gabinete ha pesado más el criterio del Ministro del Interior Alfredo Pérez Rubalcaba, que apostaba por la continuidad de Saiz, que el interés de la Ministra de Defensa, Carmen Chacón, por colocar a una mujer al frente del principal servicio de inteligencia española.
No es propósito de Atenea terciar en la polémica sobre su reelección, pero la importancia del puesto y la idoneidad de la persona sobre la que recaen importantes responsabilidades de Estado, nos anima a expresar nuestra opinión.
En primer lugar, el espíritu y la letra de la Ley Reguladora del CNI, fija en 5 años la duración del mandato de su Director, precisamente para evitar dilatadas permanencias en un puesto tan delicado.
Estas serían las condiciones deseables que debe reunir el Director de un órgano tan sensible en la Seguridad del Estado.
· Una cierta experiencia profesional en áreas como la política internacional, la seguridad, la defensa y otras, relacionados en aquella medida con las funciones que desarrolla el Centro.
· Otro aspecto no menos importante es el del apartidismo del elegido. El Estado cuenta con una amplia gama de funcionarios, diplomáticos, militares, juristas, etc., entre los que no sería difícil encontrar un candidato idóneo.
· Aunque parezca baladí, la edad también importa. Debe tener una edad tal que al acabar sus responsabilidades de Estado, o continúa a su servicio, en otro puesto, o se retira; nunca pasar a una actividad privada que resulta privilegiada por el conjunto de información que el cargo que se deja deposita en la persona que cesa.
· El género es lo de menos, en los Servicios de Inteligencia de todo el mundo, hay ejemplos de todo tipo, aunque deba reconocerse la amplia mayoría de hombres respecto a las mujeres. En todo caso es un asunto tan importante para el Estado que no es momento para políticas de igualdad sino para políticas de idoneidad.
Dicho todo lo anterior, convendría además que este puesto siempre fuese consensudo con la oposición y se aprobado por el Parlamento. La duración de su mandato hace previsible que sirva a las órdenes de gobiernos de distinto signo, y su actuación está regulada por una Ley aprobada por el Parlamento, al que debe dar cuenta de su cumplimiento.
La afinidad y la confianza política son factores a tener en cuenta pero nunca a costa de la idoneidad para el cargo. Y como la mujer del César no sólo tiene que ser honesta sino parecerlo, convendría, a la vista de los ingentes recursos económicos que maneja en concepto de "gastos reservados", tan laxo en su aplicación, que el elegido hiciera ante notario declaración de sus bienes personales y familiares, antes y después del ejercicio de sus importantes responsabilidades de Estado.