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Los desafíos a los que se enfrenta el general Petraeus

Alberto P. Moreno

   lunes, 12 de julio de 2010

Como ha afirmado el propio general Petraeus en el Cuartel General de la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad de Afganistán (ISAF) en Kabul, la situación en Afganistán pasa por un momento crítico. No solo por el cambio de mando producido -que probablemente solo afectará a las personas y no a la estrategia- sino por las circunstancias que concurren en esta guerra y la han convertido en la más larga para el ejército de los Estados Unidos.

A Petraeus le espera una dura tarea en Afganistán. El impulsor de la actual doctrina de contrainteligencia de EEUU ha ganado su reputación en Iraq al conseguir con el "despertar" suní la estabilización de la provincia de Anbar y con ello el cambio de tendencia en la lucha. Pero en Afganistán tendrá que superar nuevos desafíos, tanto militares como políticos y diplomáticos, al tratarse de un país que tiene muchas diferencias con Iraq, entre otras, la ausencia, a lo largo de la historia, de un poder central fuerte.

El primer desafío es derrotar a los talibán. Un principio que acertadamente reconoció en la toma de posesión: "Tenemos que demostrar al pueblo y a los talibanes que las fuerzas afganas y de ISAF están para proteger al pueblo afgano, y estamos aquí para ganar. Este es nuestro objetivo". El tiempo se acaba y de momento los talibán han aumentado sus ataques, mantienen el control de 8 distritos y suponen una fuerte amenaza en otros 114, lo que supone un 30% del territorio, según el informe del Ministro del Interior en funciones, Munir Mangal.

Es verdad que se han conseguido algunos éxitos: Al Qaeda parece debilitada, contando con unos efectivos que no llegan a 100 en Afganistán y unos 300 en Pakistán según datos facilitados por el director de la CIA Leon E. Panetta, y una de las últimas operaciones en la provincia de Helmand ha terminado con la caída de 63 insurgentes y el apresamiento de 63 toneladas de opio. Sin embargo en otras zonas como Marja todavía es necesario asegurar el terreno conquistado por la presencia de talibanes que continúan intimidando a la población.

Otro de los desafíos es la fecha de retirada. Como ha recordado Kissinger, es difícil realizar una estrategia con fecha fija. Aunque Petraeus haya matizado que julio de 2011 supone "el comienzo de un proceso" y dependerá de las condiciones sobre el terreno, sin pensar que EEUU se desentienda, como ocurrió tras retirada soviética. Sin embargo, no es menos cierto que poner "fecha de caducidad" induce a los talibán - y a otros actores regionales- a esperar y posicionarse para el futuro, una vez hayan salido las fuerzas occidentales. Solo el progreso en la lucha, la mejora de las condiciones de vida de los afganos, y un poder estable en Kabul, podrá alterar el posicionamiento de los distintos actores.

El anuncio de retirada paulatina de efectivos de algunos países: Holanda posiblemente este año; Canadá en 2011 y Polonia en 2012, contribuye a esa sensación de provisionalidad de la acción occidental en Afganistán.

Crear y mantener la unidad entre los diferentes actores del bloque occidental, es otro de los principales desafíos a los que se enfrenta Petraeus. En primer lugar tendrá que persuadir, e incluso "mimar"- no solo ordenar-, a los civiles norteamericanos. Pero también tendrá que aunar los esfuerzos de los aliados en un momento en el que aumenta el numero de bajas y se manifiestan dudas entre la opinión publica sobre la posibilidad de vencer.

Convencer al presidente Hamid Karzai y a su gobierno que tiene que tomar una posición más activa en la lucha, puede ser una de las tareas más difíciles del nuevo mando supremo aliado. Toda la teoría de la lucha contra los insurgencia se basa en la asunción que el gobierno del país es capaz de reformarse para quitarle apoyo a ésta. En el caso de Afganistán Karzai sigue un derrotero que cada vez se separa más del guión marcado por Occidente. Un desfase que aprovechan los talibán con su intimidación y ataques para estrangular el proyecto de creación de una administración nacional.

Según Martine van Bijlert co-directora de "Afghanistan Analisyst Netwok": "el problema fundamental del gobierno afgano es que no es un aliado fiable. No es funcional y además está enfocado a obtener beneficios y su supervivencia". Las elecciones del año pasado con la masiva falsificación es buena prueba.

Más recientemente, el fallo del gobierno afgano para reunir un equipo suficientemente creíble para convertirse en el gobierno local de una ciudad liberada, como ocurrió en Marja tras la ofensiva de febrero, refleja la falta de capacidad de las estructuras estatales e incluso la carencia de voluntad de Kabul.

En Kandahar, donde se sigue retrasando la anunciada ofensiva, EEUU se encuentra en la difícil situación de tener que apoyar a un gobernador débil que está eclipsado por Ahmed Wali Karzai, el medio hermano del presidente que preside el consejo provincial.

Finalmente, el desafío más importante que tiene el general Petraeus es dedicar una mayor atención a la situación de la región. Afganistán no esta aislado, forma parte de una zona de importancia estratégica con graves tensiones que el resultado de la guerra puede agravar. EEUU y OTAN necesitan hacer patente a todos los Estados vecinos, especialmente a Pakistán, que mantener estable la región es un interés y compromiso a largo plazo.

El precio de un fallo en Afganistán es demasiado alto, en primer lugar para el pueblo afgano, pero también para toda la región, y de modo especial para EEUU y OTAN que perderían credibilidad para hacer frente al terrorismo y sus aliados.

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