Los grupos yihadistas salafistas Al Shabab e Hizbul Islam siguen avanzando a sangre y fuego en el escenario somalí sin que el escuálido Ejército del Gobierno Federal de Transición (GFT) - calculado en entre los 5.000 y los 10.000 efectivos a los que habría que añadir los 3.000 que actualmente están siendo entrenados en Uganda bajo dirección española - pueda hacer mucho por hacerles frente con eficacia.
Tal es la osadía de estos grupos considerados terroristas por buena parte del mundo que han sido incluso capaces de hacer estallar el 1 de julio una bomba en la silla en la que minutos después debía sentarse el Presidente Sharif Sheikh Ahmed en Mogadiscio. De haberse cometido el magnicidio planeado este hubiera vestido de luto la ceremonia del 50º aniversario de la independencia de este castigado país. Un pequeño retraso producido al regresar de un frente de batalla entre tropas gubernamentales y yihadistas salafistas en el que perdían la vida 18 personas - 10 yihadistas y 8 soldados - había salvado a Sharif Sheikh Ahmed. En esos momentos Al Shabab estaba intercambiando fuego de artillería con las fuerzas del GFT apoyadas por efectivos de la Unión Africana (UA). Por otro lado, otras 21 personas morían ese mismo día 1 en otros enfrentamientos ocurridos en la región central del país que rodea Mogadiscio poniendo de manifiesto las dificultades que atraviesa el país en estos momentos. Al Shabab era incluso capaz de sacar a la calle el 5 de julio una manifestación en el distrito de Suqaholaha, al norte de la capital, en la que hombres y mujeres perfectamente separados - y estas últimas debidamente cubiertas por niqabs y fuertemente armadas - exigían la salida del país de las fuerzas de la UA, unas 5.000, en medio de una importante cobertura mediática. El avance yihadista parece pues imparable, en especial tras la toma de la importante ciudad de Kismayo.
En la mar las cosas no van mucho mejor pues aunque la Operación Atalanta sigue adelante, e incluso se prevé que sea reforzada en septiembre, la rutina de los piratas sigue su curso y el 11 de junio se confirmaba el pago de un rescate por el buque británico "Asian Glory" en la zona de Garacad, en la costa este somalí. Con ello su tripulación multinacional de 25 personas - diez ucranianos, 8 búlgaros, 5 indios y 2 rumanos - recuperaban la libertad y los piratas/terroristas nuevos fondos para financiar su activismo. El Golfo de Adén sigue siendo pues escenario de trasiego de piratas y de terroristas y por él cruzan también súbditos yemeníes e incluso paquistaníes que quieren engrosar las filas yihadistas atendiendo a los continuos llamamientos de foros yihadistas y en especial de Al Qaida.
Por todo ello Yemen acelera actualmente los trabajos de construcción de una importante base de guardacostas en el estratégico estrecho de Bab El Mandeb. En su comparecencia parlamentaria del pasado 5 de julio la Ministra de Defensa, Carme Chacón, inventariaba los resultados de la Operación Atalanta en los últimos cuatro meses - desarticulación de 50 bandas criminales organizadas, detención de más de 300 piratas e intervención de 117 embarcaciones de gran tamaño, buques nodriza y simples esquifes - pero a la vez informaba a sus señorías de las crecientes dificultades que tenemos para juzgar a dichos piratas, dificultades que implican con frecuencia la liberación de estos y, con ello, el triunfo de la impunidad. Una gira de la Alta Representante para la PESC, Catherine Ashton, está intentando obtener compromisos de países africanos para poner a buen recaudo a los piratas y procesarlos, pero este esfuerzo se ha mostrado casi imposible en los dos años que lleva ya en vigor la primera operación aeronaval de la Unión Europea, y seguirá teniéndolos previsiblemente durante los otros dos en que va a ser prorrogada. Si bien es cierto que el número de ataques piratas se ha reducido drásticamente - de una media de 15 al mes a fines de 2008 se ha pasado a los 4 o 5 mensuales de hoy - lo cierto es que los piratas tienen aún en su poder 16 barcos amarrados en la costa somalí con 332 tripulantes, la mayoría de ellos en la zona de Haradere, a unos 400 kilómetros al noreste de Mogadiscio, y que como hemos visto la situación entretanto no hace sino deteriorarse en tierra.
* Carlos Echeverría es Doctor en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid
Profesor de Relaciones Internacionales de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la UNED
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