La presencia del Presidente Hosni Mubarak en la mini-Cumbre de algunos miembros de la Liga Árabe celebrada el 28 de junio en la capital libia ha representado para el mandatario egipcio una oportunidad de posicionarse en un tablero regional en el que su país juega un papel cada vez menos visible. Factores internos e internacionales explican dicha ausencia.
En términos de política interna, la seguridad, la fragilidad del mapa político - y económico, con 80 millones de habitantes azotados por el paro, la pobreza y el analfabetismo - y las incógnitas sobre la sucesión de Mubarak marcan la realidad cotidiana. Con un estado de emergencia vigente ininterrumpidamente desde que en 1981 terroristas yihadistas asesinaran al Presidente Anuar El Sadat, quien pagaba así su valiente decisión de optar por la paz en solitario con Israel, y renovado por otros dos años el pasado 11 de mayo, el país se enfrenta a la celebración de elecciones legislativas en noviembre de este año. En octubre de 2009 miles de miembros y simpatizantes de los desde 1954 ilegales Hermanos Musulmanes - que como independientes tienen la quinta parte de los escaños en el Parlamento - fueron detenidos, y el 11 de mayo el Primer Ministro, Ahmed Nazif, justificaba ante el Parlamento la susodicha prórroga del estado de emergencia por la necesidad de luchar contra el terrorismo entre protestas de la oposición. La vida política interna se ve afectada negativamente por este marco general y por la pobre representación de partidos al margen de la formación presidencial, el Partido Nacional Democrático (PND). Mubarak, de 82 años de edad y que sufrió una delicada operación de vesícula en Alemania el pasado marzo, se enfrenta a elecciones presidenciales en 2011 y son pocos los candidatos que se dibujan para reemplazarle, y a ello hemos de añadir el hecho de que no tiene Vicepresidente. Junto a su hijo Gamal, economista de 46 años, los otros nombres que suenan son tres: el Teniente General Omar Suleiman, de 74 años, jefe de los servicios de inteligencia y personaje muy valorado como mediador en Oriente Próximo; el principal rival de Mubarak en las presidenciales de 2005, Ayman Nour, quien luego pasó algún tiempo en prisión; y el diplomático de renombre mundial Mohamed El Baradei, anterior Director General de la Organización Internacional de la Energía Atómica (OIEA), Premio Nobel de la Paz en 2005 y a quien cortejarían actualmente los Hermanos Musulmanes, rumor este que puede ser cierto o que puede ser un mero infundio para neutralizarlo políticamente.
En el marco regional Egipto ha sido objeto de múltiples críticas por coadyuvar al bloqueo de la franja de Gaza desde que los terroristas de Hamas se hicieran con su control en 2007, bloqueo que se ha visto obligado a levantar parcialmente tras la interceptación por parte de la Marina israelí de la autodenominada "Flotilla de la Paz para Gaza" el pasado 31 de mayo. El creciente activismo diplomático de Turquía, de Arabia Saudí o de Qatar, todos ellos protagonistas en ámbitos en los que tradicionalmente actuaba la diplomacia egipcia, y la crisis regional que ha afectado también a iniciativas multilaterales como la Unión para el Mediterráneo - que Egipto co-preside junto con Francia y que no ha celebrado la Cumbre prevista el pasado 7 de junio en Barcelona - están eclipsando el tradicional papel del "país de los faraones" en Oriente Próximo. Ciertas medidas de enfriamiento definidas en El Cairo contra Israel nada tienen que hacer frente a las muy visibles tomadas de forma acelerada desde Ankara, y ambas capitales, la egipcia y la turca, saben bien lo que es una estrecha relación con el Estado judío. Ahora, la presencia de Mubarak junto con sus homólogos de Irak, Libia, Qatar y Yemen en la reciente mini-Cumbre reunida a iniciativa de Muammar El Gaddafi tiene el escaso impacto que suelen tener las propuestas lanzadas bien desde la Liga Árabe o bien desde subgrupos de países pertenecientes a esta. Lo que apasiona ahora a los egipcios no es si la Liga Árabe podría transformarse - altamente improbable - en una "Unión Árabe" en la Cumbre extraordinaria a celebrarse en octubre en Libia, sino una transición política y social interna y un reposicionamiento del país en el tablero regional.
* Carlos Echeverría es Doctor en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid
Profesor de Relaciones Internacionales de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la UNED
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