El hecho de que el nuevo embajador de Marruecos en España, Ahmed Ould Souilem, que fue hasta 2009 cuadro del Frente Polisario, no esté aún en Madrid, seis meses después de haber sido designado por Rabat y habiendo obtenido el "plácet" del Gobierno español en marzo, abre no pocos interrogantes sobre por qué derroteros puede moverse el conflicto del Sáhara Occidental en lo inmediato.
En términos técnicos, el nuevo embajador no ha venido aún porque el Rey Mohamed VI no ha firmado todavía su nombramiento, y es de desear que no tengamos que esperar hasta el emblemático discurso real durante la Fiesta del Trono, el 30 de julio, para conocer, quizás, las claves del bloqueo actual.
Diversos acontecimientos sucedidos en las últimas semanas y meses contribuyen a alimentar dichos interrogantes pues hay desarrollos que pueden contribuir a variar la situación, pudiendo incluso algunos de ellos escapar a las estrategias tradicionales de las partes en el conflicto aún no resuelto, rompiendo así con la monótona rutina a la que ya nos estábamos acostumbrando tras casi dos décadas de parálisis. En Marruecos, tratar de este tema es hacerlo del proyecto de regionalización avanzada cuyo comité de apoyo, la Comisión Real Consultiva, está dirigida por el dinámico Omar Azziman, hasta enero embajador en Madrid.
En ese marco de la regionalización, en un país que hoy está dividido en 16 regiones pero donde el poder de estas es insignificante, está previsto, por ejemplo, que el 1 de julio salga de Guergarat una caravana organizada por la Asociación para la Regionalización Avanzada y la Autonomía de Dajla, antigua Villa Cisneros y lugar de nacimiento de Ahmed Ould Souilem, que con dirección a Tánger cruce de sur a norte el país haciendo propaganda de las bondades de la autonomía para el Sáhara dentro de un Marruecos enfrascado, según se desea en dicha asociación, en la implementación de un verdadero "Estado de las regiones". Este último, aún por definir, se supone que será un país en el que el poder esté más descentralizado pero garantizando la impronta de la Monarquía jerifiana: algo que sólo puede vislumbrarse y definirse "a la marroquí".
Precisamente dentro de Marruecos la Asociación Marroquí de Defensa de los Derechos Humanos acaba de ocuparse de este tema, este mismo mes de junio y durante su congreso anual, con más libertad e imaginación que nunca antes y barajando desde la opción de la autodeterminación que manejan algunos hasta otras más imaginativas - una suerte de federación saharaui-marroquí - que sirva para desbloquear un conflicto anquilosado y que distrae energías necesarias para otros objetivos.
Por otro lado, ahora se destaca en ese contexto que varios centenares de saharauis, la mayoría jóvenes nacidos en los campos de Tinduf, en el suroeste argelino, habrían alcanzado, de forma escalonada y por sus propios medios, el territorio del Sáhara ocupado por Marruecos en una acción achacable a su propia iniciativa y no a manipulaciones marroquíes ni mucho menos del Frente Polisario.
La agencia de noticias marroquí MAP cifraba a fines de mayo en 650 la cantidad de personas llegadas "a la madre patria" desde los campamentos de Tinduf desde el pasado 1 de enero. Ello coadyuvaría a alimentar la idea de que el desaliento anida entre una sufrida población saharaui enclaustrada desde hace 35 años en los campos de refugiados y que no tiene esperanzas de dejar de estarlo. En cualquier caso, Marruecos ofrece públicamente a quienes quieran alcanzar el Sáhara Occidental bajo su control una pensión mensual de 1.250 dirhams y vivienda, y explica la reciente oleada de llegadas por las esperanzas que ofrece el plan de autonomía marroquí frente a la parálisis y rigidez del Polisario. En perspectiva Marruecos habla de hasta 8.000 saharauis los que desde 1991 hasta hoy habrían huido de los campamentos de Tinduf "para volver a su tierra".
Por otro lado, en temas mucho más pegados al terreno, las dificultades crecen para los saharauis y así las perciben las familias y, en su seno, sobre todo los más jóvenes. Muchos temen este año que, por efectos de la crisis, no puedan ya disfrutar de unas vacaciones en España al haberse encarecido y mucho los billetes de avión, en buena parte de su coste subvencionados por las asociaciones locales y autonómicas de apoyo a los saharauis y en menor medida por las familias de acogida, y, sobre todo y de cara a 2011, al haberse endurecido para entonces la obtención de visados al estar ya en vigor la nueva Ley de Pasaportes de la UE.
En este marco hay que destacar, además, que por la crisis y por otras dificultades añadidas la llegada de niños saharauis a España decrece rápidamente pues si eran 12.000 en 2005 van a ser unos 7.000 en 2010. También hay dificultades cada vez mayores para los alrededor de 3.000 saharauis que viven en España pues aquellos de entre ellos que deben pedir el permiso de residencia o renovarlo tienen cada vez más dificultades para demostrar su "arraigo social".
A modo de conclusión, podemos afirmar que las relaciones hispano-marroquíes son y seguirán siendo delicadas, y una vez se dilucide cuál es la estrategia inmediata por parte de Rabat en lo que al conflicto del Sáhara Occidental respecta, el trabajo que tienen por delante el que se perfila como nuevo embajador español en Rabat, Alberto Navarro, y su homólogo marroquí en Madrid, deberán de concentrarse - una vez que ambos reciban la autorización definitiva para cumplir sus respectivas misiones - en la gestión de esa y de otras muchas materias en la muy tupida agenda bilateral.
* Carlos Echeverría es Doctor en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid
Profesor de Relaciones Internacionales de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la UNED
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