En las últimas semanas se confirma la redinamización de la política exterior libia consolidando una tendencia iniciada tras la normalización de sus relaciones con la Comunidad Internacional en general, y con Occidente en particular, a partir de la primera mitad de la década que ahora acaba.
Una vez liberado de los embargos decretados tanto por la ONU como por los EEUU y por la Unión Europea el régimen libio -con su líder Muammar El Gaddafi a la cabeza- ha moderado en buena medida su discurso aún cuando no deje de sorprender de vez en cuando con algunas iniciativas y propuestas cuando menos excéntricas e incluso contradictorias con las mantenidas con firmeza en el pasado.
A principios de junio las autoridades libias informaban al Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) que deberá de finalizar sus actividades en Libia, imprescindibles para los miles de inmigrantes irregulares que han ido llegando al país magrebí tanto para buscar trabajo en él -Libia es el único país del norte de África que no tiene excedente de mano de obra local sino todo lo contrario- o bien para dar el salto a Europa, con preferencia a Italia. La desaparición del ACNUR será una malísima noticia para tantos irregulares de estos últimos - unos 12.000 ahora mismo- en un país que carece de normativa sobre asilo y refugio y que no regula las cuestiones migratorias como sí hacemos otros.
Además, la indefensión jurídica es aún más preocupante si atendemos a la denuncia lanzada el 2 de junio por Malcolm Smart, responsable en "Amnistía Internacional" del área de Oriente Medio y el Norte de África, sobre la ejecución tres días antes de 18 súbditos de Chad, Egipto y Nigeria acusados de diversos delitos. Tampoco la relación del régimen de Gaddafi con organizaciones internacionales de carácter regional es estable. En lo que a la Liga Árabe respecta hace años que critica su inoperancia afirmando que el mundo árabe es uno y en él sobran unas fronteras que lo "balcanizan", pero nada le impedía al Secretario General del Pueblo Libio, Mohamed Abu Al Kacem Zaoui, defender el 30 de mayo ante una delegación marroquí de visita en Trípoli la "integridad" territorial de Marruecos con el Sáhara Occidental y los territorios españoles del Norte de África incluidos.
El propio Gaddafi ha aprovechado la crisis provocada por la interceptación israelí de la llamada "Flotilla de la Paz para Gaza", el 31 de mayo, para renovar su pintoresca llamada a la creación de un único Estado democrático para árabes e israelíes que poco tiene que ver con los contenidos de la propuesta de paz de la Liga aprobada solemnemente en su Cumbre de Beirut de 2002 a iniciativa saudí.
Tal idea de un único Estado, renovada en un mensaje enviado por el líder libio al Presidente Barack H. Obama para criticar la susodicha interceptación israelí y calificar a Israel de "entidad colonial y mafiosa apoyada por la VI Flota estadounidense", era presentada por Gaddafi en la apertura de la Asamblea General de la ONU en Nueva York en septiembre de 2009.
Por otro lado su otrora esfuerzo integrador en lo que al mundo árabe respecta se ha visto casi totalmente diluido hoy y el enrarecimiento actual de sus relaciones con vecinos como Argelia y Egipto le ha llevado incluso a adoptar medida tan sorprendente como la adoptada a principios de junio: prohibir toda actividad deportiva con ambos países. Finalmente, en el frente africano Libia es el principal contribuyente a las arcas de la Unión Africana y precisamente por ello quiso prorrogar, aunque sin éxito, su Presidencia al corriente año para seguir ejerciendo una vocación africana que en determinados momentos aparece como sustitutoria de la árabe.
Pero donde más ha destacado el activismo libio en los últimos meses ha sido en sus relaciones con Europa, que también deben de ser presentadas en clave de una crisis que parece al fin haberse resuelto la pasada semana. No podían imaginarse las autoridades helvéticas las consecuencias que iba a tener la detención temporal, en julio de 2008 en Ginebra, de Haníbal Gaddafi y de su esposa tras ser acusados de maltrato por dos de sus sirvientes. La cobertura mediática de tal hecho irritó tanto al padre y líder que este detuvo a dos ciudadanos suizos en Libia, retiró 5.800 millones de dólares de bancos suizos, interrumpió la venta de petróleo y, finalmente, generalizó las medidas de retorsión contra Suiza a casi todo el continente europeo suspendiendo la concesión de visados de corta duración (de menos de 90 días) a los 28 países del Espacio Schengen desde el pasado 15 de febrero. La crisis acaba de resolverse y la imagen por antonomasia de la misma ha sido el "rescate" el pasado 13 de junio, liderado por el ministro español Miguel Ángel Moratinos como representante de la Presidencia de la UE, del empresario suizo Max Göldi tras dos años de cautiverio en Trípoli, pero ha pasado por páginas negras reflejadas en el llamamiento por parte del líder libio al Yihad guerrero contra el "infiel y obsceno" Estado suizo "que prohíbe construir minaretes" o en la publicación por el Gobierno de Berna de una lista de de 180 ciudadanos libios - Gaddafi y buena parte de su familia incluidos - a los que se prohibía la entrada en el país y que luego fue retirada.
* Carlos Echeverría es Doctor en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid
Profesor de Relaciones Internacionales de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la UNED
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