En un momento en que la diplomacia marroquí prepara importantes esfuerzos para mejorar la imagen de su país entre la opinión pública española - y en particular mejorar la percepción que sobre el conflicto del Sáhara Occidental se tiene entre nosotros - es cuando menos que inoportuno desenterrar el tema de su reivindicación sobre nuestras dos Ciudades Autónomas, los dos Peñones y las Islas Chafarinas.
El buen año económico 2009 parece estar dando alas a Marruecos tanto en la dinamización de su diplomacia como en la de diversos instrumentos de política interior. La de la Comisión Consultiva para la Regionalización, que dirige el último embajador en Madrid, Omar Azziman, se está aplicando y mucho en su labor política y pedagógica también hacia el exterior, en particular hacia España ya que no tiene opción alguna de hacerlo hacia Argelia. Dicho esfuerzo, legítimo en términos políticos, podría verse obstaculizado al querer abarcar demasiado - y siempre en relación con el mismo vecino - y aspirar a ganancias también en lo referente a otra cuestión que desde la perspectiva marroquí es importante: la susodicha reivindicación. Pero querer abarcar mucho no es bueno y hacerlo en las circunstancias actuales es, además, aún menos comprensible.
Tras los esfuerzos españoles por darle a la primera Cumbre Unión Europea-Marruecos, celebrada hace sólo unas semanas en Granada para aportar al arranque del Estatuto Avanzado las bendiciones internacionales que merece, esta reivindicación es inapropiada e inaceptable. Ya lo había sido el colocar y no retirar ante las lógicas protestas españolas el cartel de "Melilla ocupada" en un anuncio oficial de las autoridades marroquíes en el paso fronterizo de Beni Enzar, y también lo había sido el intentar semanas antes, en concreto el 8 de marzo y en el mismo paso, expulsar a una ciudadana de Guatemala acusada de hacer proselitismo cristiano, aprovechando la frontera con Melilla cuando les conviene y tratando de hacer español un problema que era y es marroquí. Ahora el Primer Ministro Abbas El Fassi, en su intervención el 17 de mayo ante la Cámara de Representantes haciendo balance de la actividad del Gobierno que dirige, se permitía invitar a España a abrir un diálogo sobre esta cuestión. Casi 25 años después de que, en 1986, el Rey Hassan II pidiera a España crear una "célula de reflexión" sobre los territorios españoles aprovechando una entrevista con el entonces ministro del Interior, José Barrionuevo, y hasta hoy, Marruecos ha puesto sobre la mesa en contadas ocasiones esta cuestión y obtenido siempre idéntica respuesta.
La vecindad hispano-marroquí es muy importante para ambas partes, y lo debe de seguir siendo, y su gestión requiere de una visión amplia, estratégica. A la espera de la llegada del nuevo embajador marroquí en España, el tránsfuga reciente del Polisario Ahmed Ould Souilem, este va a tener que tratar cotidianamente una enorme variedad de asuntos entre los que el Sáhara Occidental es sólo uno más, y va a tener que hacerlo en el mejor de los climas posibles, algo que sólo se logra evitando innecesarios enrarecimentos.
* Carlos Echeverría es Doctor en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid y Profesor de Relaciones Internacionales de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la UNED
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