Dichas bandas estarían conformadas por ex paramilitares que pertenecieron a las extintas Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). El propósito de este nuevo acuerdo, sería la no agresión mutua en aquellas zonas donde estos grupos ilegales ejercen el control sobre los cultivos y laboratorios donde se procesa y trafica con cocaína.
"Hemos podido observar alianzas en términos de economías ilícitas y no enfrentamientos entre las bandas emergentes y la guerrilla. Alianzas coyunturales en términos de narcotráfico y, de otro lado, pactos de no agresión y delimitación de zonas de control de cultivos. Estas alianzas están más fortalecidas en los Llanos, en la Costa Pacífica, Chocó, Sur de Bolívar y Sur de Córdoba. Sin duda eso representa un desafío para el Estado colombiano en términos de generar las condiciones de una mayor seguridad para las comunidades y los desmovilizados"; comentó Álvarez a medios de comunicación colombianos.
Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia - Ejército del Pueblo (FARC-EP), es todavía la principal guerrilla en ese país, sin embargo, gracias a las Políticas de Defensa y Seguridad Democrática implementadas por el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, desde el año 2002, cuando éste asumió la Presidencia de la República, las autoridades legítimas del Estado colombiano, con su Fuerza Pública a la cabeza, progresivamente han recuperado el control del territorio nacional, ocasionando el consecuente debilitamiento "militar", no solo de las FARC-EP, sino de todos los grupos armados ilegales que aún operan en Colombia.
El citado funcionario de la OEA, además consideró que las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), tras la desmovilización de casi 32.000 de sus hombres y la entrega de 18.000 fusiles y armas cortas, el 15 de agosto de 2006, "dejaron de ser una realidad política"; sin embargo, varios de esos ex paramilitares "han regresado a la ilegalidad" en el marco de las "bandas criminales" emergentes, las cuales se han especializado en un abanico de actividades delincuenciales directamente relacionadas con el narcotráfico.
Al respecto, y en opinión del jefe de la MAPP/OEA, "ni en número ni en cantidad las bandas criminales han crecido. La lógica que manejan es diferente a la de los paramilitares. Las bandas son coyunturales al servicio del negocio del narcotráfico, manejan un perfil más bajo, no tienen grandes estructuras y no requieren tantos hombres para el control de un territorio ni del negocio.
Hemos observado una gran capacidad de renovación: capturan a uno, e inmediatamente lo reponen. Es una preocupación en términos de la capacidad de la organización pero no de crecimiento. Buscan tener control pero no ser visibles para las autoridades y esto ha cambiado la realidad de lo que era el paramilitarismo. Estas bandas están cada vez más ligadas al negocio de la droga, al punto que ya no están al servicio del narcotráfico, son el narcotráfico".
La historia reciente de Colombia pone en evidencia que el lucro del narcotráfico, no solo puede ser la principal causa que motive la fragilidad de un Estado; sino también, prueba que es lo suficientemente poderoso como para lograr que acérrimos enemigos perfeccionen acuerdos antes impensables. Frente a este nuevo escenario en donde coexisten el narcotráfico, el crimen organizado y el terrorismo, bien vale la pena preguntarse si éste no es ya la principal amenaza para la región iberoamericana.
*Alberto Uribe Cantalejo es Licenciado en Derecho.
Master en Seguridad y Defensa en la UCM-CESEDEN.
Ha sido Profesor en la Universidad Nuestra Señora del Rosario

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