Los buques españoles participantes en la operación Atalanta dispondran, a partir de finales de año o principios de 2011, de nuevos sensores que mejoraran la protección de los pesqueros españoles que faenan en las aguas de Somalia y de los buques que naveguen por la zona así como su acción contra la piratería.
En concreto, se desplegaran aviones de observación y reconocimiento dirigidos por control remoto, los conocidos UAV, cuya adquisición está gestionando actualmente la Dirección General de Armamento y Material del Ministerio de Defensa, que dispone de un presupuesto de ocho millones de euros para la adquisición de estos aviones, cuyo modelo y número de unidades no se ha facilitado, dado que aún no se ha cerrado la fase de contratación.
El uso de estas aeronaves espía reduce el número de patrullas de los helicópteros, tiene un menor coste y mejora la captación de información por su discreción, característica que los hace idóneos para llevar a cabo la vigilancia, sin delatar su presencia, sobre un barco que pudiera estar secuestrado.
Estos aviones también se prestan a cumplir las nuevas tareas que la misión "Atalanta" ha comenzado a desempeñar en las últimas semanas, como es el control de los principales puertos que sirven de base a los piratas somalíes y de sus barcos nodriza.
Se trata de la primera ocasión en que España empleará aviones por control remoto en esta misión, complementando la intervención del avión de patrulla marítima P-3 Orion, del Ejército del Aire, y de la fragata "Victoria" -con dos helicópteros- y del patrullero "Vencedora", actualmente desplegados en el Índico frente a Somalia. España comenzó a utilizar los aviones no tripulados en Afganistán en abril de 2008, donde uno de ellos se perdió por accidente.
Defensa ha optado por la fórmula de arrendamiento financiero con opción de compra ("leasing"), la cual podría ejecutarse a comienzos del próximo año, una vez que la Armada complete el adiestramiento del personal encargado de la operatividad de los aviones. El arrendamiento previo a la compra es algo más caro, pero en caso de accidente, la compañía fabricante es la que se hace cargo del siniestro.
Los aviones que operan en Afganistán son del modelo israelí Searcher MK II-J, que cuenta con una de las tecnologías más avanzadas en este tipo de materiales, con un radio de acción de 300 kilómetros y doce horas de autonomía de vuelo. La compra de los cuatro primeros UAV tuvo un coste de 17 millones de euros, cuya fabricación se adjudicó a la Unión Temporal de Empresas (UTE) integrada por las españolas Indra Sistemas y EADS-CASA, así como a Israel Aircraft Industries (IAI)

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