A medida que los medios de comunicación van adelantando los últimos sondeos, la tendencia es nitída y se va consolidando en el panorama electoral colombiano: el candidato uribista, Juan Manuel Santos, aparece claramente en primer lugar, mientras que la estrella de Antanas Mockus sigue en ascenso y ya es la segunda opción en intención de voto. El centro izquierda, de la mano del Partido Verde y donde convergen importantes figuras políticas, como Sergio Fajardo, Enrique Peñalosa, Lucho Garzón y el mismo Mockus, se consolida como una alternativa con posibilidades reales de pasar a la segunda vuelta presidencial e incluso ganar la misma, en abierto desafío al presidente Álvaro Uribe, quien pretendía que su delfín Santos barriese sin problemas y que fuera el fiel continuador de sus políticas.
En muy poco tiempo, sobre todo después de la alianza entre el verde Mockus y el ex alcalde de Medellín, Fajardo, el bloque uribista se ha visto seriamente amenazado por la izquierda y el resto de los candidatos, incluida la inconsistente y escasamente preparada Noemí Sanín, han quedado fuera de juego. Sanín, después de una veintena de años coqueteando con casi todas las fuerzas políticas colombianas y apostando siempre a caballo ganador, ha demostrado que el peor enemigo de la candidata conservadora es ella misma; su frivolidad y su eterna sonrisa, tras la que no se esconde más que su pobreza ideológica, le ha servido para que el periodista peruano Jaime Bayly le haya bautizado como "miss optimismo". Lástima que sus intenciones, tan legítimas como lo paupérrimo de su discurso, hayan quedado en aguas de borrajas para esta antigua ex embajadora en el Reino de España.
Del resto de candidatos, entre los que destacan el liberal Rafael Pardo, el izquierdista Gustavo Petro y el conocido oportunista posuribista Germán Vargas Lleras, los sondeos señalan que apenas superan el 2% y que en ningún caso llegarían al 5% en la primera vuelta, descartándose por ahora sorpresas de última hora y afianzándose claramente la tendencia que augura su segura eliminación el 30 de mayo. El escenario ha comenzando a clarificarse.
El duelo Santos - Mockus
El duelo, por mucho que les pese a los uribistas y a algunos analistas de salón bogotanos, que hubieran preferido confrontar a Santos con Sanín, que ya apenas supera el 10% en intención de voto, será entre Mockus y Santos. Uribe, que hasta ahora manejaba a su antojo a Colombia, ha visto como sus intenciones políticas de cara al futuro se ven amenazadas por el imparable y ya casi irreversible ascenso de esa fenómeno político que es el profesor y matemático Antanas Mockus, el candidato preferido por los jóvenes, los sectores urbanos formados e ilustrados y el antiuribismo no organizado. Nuevamente quedo demostrado que en política nada está escrito y que en unas elecciones dos y dos no son cuatro.
Pero aún hay más a favor de Mockus: en caso de que pasara a la segunda vuelta, que cada vez es una contingencia que cobra más posibilidades, el candidato verde y centrista es el preferido de los liberales, la izquierda e incluso algunos sectores moderados y conservadores. Sumaría todos esos votos y su ascenso sería todavía mayor. Santos, por el contrario, concita animadversiones y pasiones encontradas, pues no olvidemos que encarna el pasado, los escándalos por los falsos positivos (1200 jóvenes asesinados por las fuerzas de seguridad) y por las "chuzadas" (pinchazos de teléfonos) del DAS y las turbias alianzas entre el poder y el paramilitarismo. Una página que, desde luego, muchos colombianos quieren pasar rápido y mirar hacia el futuro sin hipotecas y más mentiras. Es el tiempo de Mockus, porque encarna un nuevo devenir, y también de cerrar las heridas.
Uribe seguramente se equivocó con Santos, ya que no es el candidato preferido por los colombianos y porque su figura concita más antipatía que simpatía. Proveniente de la rancia oligarquía bogotana, donde se formó y catapultó para ocupar a dedo todas las responsabilidades políticas, Santos es el fiel representante de los peores vicios de la política colombiana y un hombre más aferrado a los fantasmas del pasado que a los problemas del presente y del futuro. Hombre incierto, frío, taciturno, distante y sombrío, siempre ligado a la sombra del presidente Uribe y a lo peor de su herencia, el candidato del uribismo lo tendrá difícil de cara a una segunda vuelta.
Por ahora, la ilusión y la percepción de un cambio real, anhelo de millones de colombianos cansados de tanta estéril politiquería y una corrupción secular, corre a favor de Mockus. También el tiempo, cinco semanas de campaña electoral, pueden ser un calvario para Santos, pues la distancia entre ambos candidatos decrece y se acorta, y la coronación de una merecida victoria para el candidato Mockus. La respuesta a todo lo planteado la tendremos el 30 de mayo, cuando los electores llamados a las urnas decidan con su voto el desenlace de este auténtico y emocionante "combate" electoral y respondan a la pregunta que encabeza este ensayo. Uribe, quién sabe, quizá se equivocó al elegir a Santos como su sucesor, pero en lo que sí se equivocó con toda seguridad es en el menosprecio de su principal oponente, un ex alcalde de Bogotá llamado Antanas Mockus al que apenas hace unas semanas las encuestas le daban como seguro perdedor. Cosas de la política colombiana, veremos qué pasa.
Ricardo Angoso es sociólogo y periodista.
Ha sido observador electoral de la OSCE en Honduras, Kazajstán y en los Balcanes.
Coordinador General de Diálogo Europeo
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