Las elecciones presidenciales, generales y locales en Sudán, que iniciadas el 11 de abril hubieran debido culminarse el 13, han debido de ser prorrogadas durante dos días más ante las múltiples irregularidades detectadas durante su desarrollo, irregularidades que han impedido que aquellos de entre los 16 millones de votantes convocados a votar pudieran si así lo deseaban hacerlo con normalidad. Ante la petición de la oposición que ha podido finalmente concurrir a los comicios de que se suspendieran estos la Comisión Electoral no ha tenido más remedio que adoptar tal solución como si los errores en la impresión de algunas papeletas o los retrasos en la apertura de algunos colegios, entre otras irregularidades, fueran a ser resueltos en dos días más.
El intento del régimen del Teniente General Omar Hassan Ahmed Al Bashir de perpetuarse en el poder, en el que está desde el golpe de Estado de junio de 1989 en el que derrocó a Sadiq Al Mahdi, democráticamente elegido en 1986 y hoy líder del partido Umma, legitimándose con esta para muchos mascarada electoral, está ligado también a su intento de lavar su propia imagen. Como se recordará el Jefe de Estado sudanés está reclamado desde 2009 por el Tribunal Penal Internacional (TPI) por su responsabilidad en la comisión de crímenes de lesa humanidad. Estas elecciones deben además preparar el terreno para la celebración en enero de 2011 de un referéndum en las provincias del sur en el que se decida sobre el futuro estatuto de estas. Este Estado mayoritariamente musulmán cuenta con una fuerte minoría cristiana (el 10% de la población total) que vive concentrada en un 90% en las doce provincias del sur. El enfrentamiento norte-sur viene de antiguo y se agudizó con la llegada al poder de Al Bashir arropado por los islamistas del Frente Nacional Islámico liderados por Hassan El Turabi, eminencia gris del pernicioso islamismo radicalizado que en los noventa ensangrentaba los países del Magreb, con especial intensidad en Argelia, y Egipto. El Turabi está hoy en la oposición dirigiendo el Partido Popular del Congreso tras pasar años en prisión por haberse enfrentado a Al Bashir, defiende incluso la entrega de este último al TPI y por ello algunos círculos de opinión occidentales le consideran, erróneamente, un moderado.
El enfrentamiento norte-sur en Sudán provocó durante dos décadas largas de guerra contra el Ejército Popular de Liberación del Sur de Sudán (SPLA, en sus siglas en inglés), conflicto que se solapaba con la primera guerra civil (1955-1972) y con una más compleja y con variedad de fases y de frentes iniciada en 1983, más de 2 millones de muertos y 4 millones de desplazados. El acuerdo de paz alcanzado entre ambas partes en 2005, año en el que también se aprobó una Constitución que incluye la libertad de culto que obviamente no se cumple en el país, no ha conllevado una verdadera paz para la región meridional - entre enero y marzo de este año han muerto violentamente en ella 450 personas y se han generado 60.000 nuevos desplazados - y ello aunque los líderes sudistas están presentes en el Gobierno sudanés de unión nacional. El acuerdo de 2005 establecía tanto un cierto autogobierno en el sur, gobernado "de facto" por el Movimiento Popular para la Liberación del Sur de Sudán (SPLM, en sus siglas en inglés), como la fecha de enero de 2011 para celebrar un referéndum en el que se decida su estatuto definitivo. Junto a este conflicto que viene de antiguo Sudán sufre desde 2003 un segundo escenario de violencia interna en la región de Darfur. Aquí han muerto desde ese año más de 300.000 personas y más de 2,5 se han visto desplazadas en un conflicto que no es interreligioso pues enfrenta a musulmanes entre sí pero que tiene que ver, de nuevo, con la visión personal de Al Bashir sobre cómo ha de estar repartido el poder en el país. La situación en Darfur es tan volátil que el 7 de abril la misión de la UE para observar el desarrollo de los comicios decidía retirarse de la zona. Al día siguiente de tomar esta decisión los observadores europeos el candidato Sadiq Al Mahdi se retiraba de la contienda electoral restándole aún más legitimidad a los comicios.
Así las primeras elecciones multipartidistas celebradas en Sudán en 24 años, organizadas para lavar la cara al régimen islamista de Al Bashir, no parece que vayan a servir, como desde Jartum se pensaba, de antesala a la realización del referéndum en el sur el próximo enero y al cumplimiento de un calendario de estabilización definitiva de este atribulado país, el más extenso de África. El régimen trató sin éxito de fijar unas condiciones de celebración del referéndum en el sur favorables para sus intereses - quería que la independencia sólo pudiera aprobarse con un 66% de los votos y un 75% de participación pero los porcentajes respectivos que se han aprobado son 50% y 60% que benefician a los secesionistas -, sale ahora debilitado de estas elecciones y la figura presidencial está más cuestionada que nunca pues el TPI afirmaba el pasado febrero que Al Bashir no fue acusado también de genocidio en 2009 por un error judicial. Futuro sombrío pues el que se presenta para Sudán y para sus habitantes en los próximos meses, y más inestabilidad en el continente africano.
* Carlos Echeverría es Doctor en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid y Profesor de Relaciones Internacionales de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la UNED
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