Apenas un año de negociaciones fue todo lo que necesitaron Rusia y Estados Unidos para sellar un nuevo tratado de desarme nuclear. En comparación, su predecesor, el START, exigió una década de interminables regateos que estuvieron a punto de acabar con la paciencia de ambas partes.
El nuevo acuerdo fue cerrado por los presidentes de Rusia, Dmitri Medvédev, y EEUU, Barack Obama, durante una conversacion telefónica el pasado viernes y será firmado el 8 de abril en Praga. Sus premisas habían sido adelantadas de antemano, así que no hubo sorpresas. Ambas potencias nucleares no podrán tener más de 1.550 cabezas nucleares y 800 vectores. Obama aseguró que el acuerdo era histórico, mientras el Kremlin se apresuró a proclamar que el tratado reflejaba el equilibrio de intereses entre ambos países. Pero una incógnita quedó en el aire. ¿Qué pasa con el escudo antimisiles estadounidense, que tanto irrita al Kremlin?
Rusia había insistido durante los últimos meses que el nuevo tratado debería contemplar un vínculo jurídicamente vinculante entre las armas ofensivas y las defensivas, es decir, entre los misiles balísticos intercontinentales y los sistemas antimisiles. El presidente de la Duma rusa, Borís Grizlov, incluso advirtió de que la cámara baja no ratificaría el tratado si no reflejaba claramente esa vinculación. Pues bien. Por lo visto, Rusia se ha tenido que tragar sus palabras.
Según la versión dada por los rusos, el tratado menciona el vínculo entre ambos armamentos, pero no contiene obligaciones, ni compromisos. Nadie está obligado a nada en materia de defensa antimisiles. El ministro de Exteriores ruso, Serguei Lavrov, matizó el viernes que el nuevo START contendrá una clausula en virtud de la cual uno de los signatarios podrá denunciar el tratado si cree que las acciones de la otra parte en materia de defensa antimisiles amenazan su seguridad. "Este principio de vincular la armas ofensivas y defensivas da a Rusia un argumento para el caso de que los estadounidenses sean demasiado activos en su programa de defensa antimisiles", aseguró Alexei Makarkin, analista político ruso.
Es decir, todo depende de las interpretaciones. El Kremlin consideró que la instalaciones de interceptores en Polonia y radares en la República Checa ponían en peligro su seguridad e incluso enarbolá la amenaza de desplegar misiles tácticos Iskander en Kaliningrado. Esa fue una de las razones -la principal fue la económica- por la que Obama renunció en septiembre pasado al anterior plan antimisiles.
Al mismo tiempo, anadio Makarkin, "el vínculo da argumentos a Obama en sus debates con el Senado, a la vista de que los Republicanos han expresado públicamente su recelo al respecto". El caso es que congresistas republicanos como John McCain habían advertido a la Casa Blanca de que boicotearían el proceso de ratificación si el tratado limita la capacidad defensiva de Estados Unidos.
Esto no ha ocurrido, muy al contrario, por lo que la ratificación no debería presentar problemas en ninguno de los dos países. El jefe del comité de Exteriores del Senado, John Kerry, se mostró el viernes convencido de que los republicanos dará su brazo a torcer y el tratado será ratificado antes de finales de este año. Rumanía aprobó en febrero el despliegue de interceptores en su territorio. Esos misiles están dirigidos contra posibles lanzamientos de misiles de medio y corto alcance iraníes. Según la prensa occidental, la vecina Bulgaria podría anunciar próximamente su decisión de acoger elementos del nuevo escudo estadounidense.
El antiguo embajador estadounidense ante la ONU, el "halcón" John Bolton, fue uno de los pocos que arremetió el viernes contra el tratado y la política de compromiso de Obama en relación con Rusia. "El tratado no tiene ningún sentido para Estados Unidos. El nivel de ojivas y de portadores no es rentable. Yo no no lo aceptaría". Bolton ha insistido en los últimos meses que Rusia únicamente quiere reducir el arsenal nuclear, porque le sale muy caro mantener miles de cabezas nucleares en los silos, y no porque el Kremlin sea un amante de la paz y esté en contra de la proliferación de armas de destrucción masiva.
El nuevo escudo se diferencia del anterior en que es mas barato y flexible, ya que varios de sus elementos tendrán un emplazamiento marino -buques de la sexta flota estadounidense- y no terrestre. En todo caso, Rumania y Bulgaria son países bañados por el mar Negro, zona que el Kremlin considera su esfera de influencia y una de las pocas salidas al mar para la Armada rusa que está libre de hielo los 12 meses del año. En la península ucraniana de Crimea se encuentra la base de la Flota del mar Negro y los rusos construyen nuevas instalaciones en Novorossysk y en la costa de la región separatista georgiana de Abjasia. Es decir, la supuesta amenaza para la seguridad rusa no se ha desvanecido. De hecho, el escudo antimisiles sigue estando considerado una de las principales amenazas para el Estado ruso, según la nueva doctrina militar promulgada a principios de año por el Kremlin.
Por lo visto, el tratado es el primer ejemplo de que el famoso reinicio de las relaciones entre Moscu y Washington, que estuvieron a punto de retornar a la Guerra Fria durante el mandato de George W. Bush, no es un castillo de arena. El Kremlin considera que el nuevo escudo estadounidense es políticamente acceptable y así se lo hara saber a su adormecida opinión publica.
En el aire queda por el momento la propuesta del nuevo secretario general de la OTAN, Rasmussen, reiterada el mismo viernes de crear un escudo antimisiles conjunto para proteger todo el territorio europeo, incluido Rusia.

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