El aspecto táctico de nuestras actuaciones en Afganistán que mas ha transcendido a la opinión publica es el de la protección que puedan ofrecer los vehículos allí desplegados en las emboscadas con IED (Improvised Explosive Device). La respuesta a estas tácticas de los talibanes para producirnos bajas parece correcta, pero poco imaginativa y por lo tanto de alcance limitado: aumentar la coraza de los vehículos. Quizá haya que hacer otras cosas además de blindarse a tope. Pero no quiero hablar de ello ahora, sino de otro aspecto que no ha recibido tanta atención publica como los vehículos: el armamento portátil que llevamos en Afganistán ¿es el adecuado? ¿hay razones ideológicas para no haberle prestado hasta ahora atención?
Las acciones de nuestros enemigos talibanes han mostrado hasta la fecha una regularidad notable. Tratan de producirnos bajas, cuantas mas mejor, tratando de debilitar el apoyo moral de la opinión publica nacional. Su esquema tradicional consiste en destruir un vehiculo con IED, lo que saben va a paralizar la columna y abrir fuego con armamento portátil medio -fusiles y morteros- típicamente a distancias de mas de 600 metros desde posiciones en altura.
Nuestra respuesta no puede ser también mas predictible. Responder estáticamente con lo que tenemos y pedir apoyo aéreo hasta que podamos evacuar las bajas y rescatar los vehículos dañados.
Aun aceptando -con dolor- que este esquema deja iniciativa y maniobra en manos del enemigo, quisiera centrarme en si el armamento típico del pelotón le permite algo mas allá que resistir en espera de que la salvación llegue de los cielos. O no, porque las condiciones meteorológicas en montaña y la aversión a los daños colaterales a veces juegan malas pasadas. Se podrá argumentar que los vehículos -inmovilizados si el enemigo ha elegido bien el lugar de la emboscada, lo que por desgracia suele suceder- están dotados de ametralladoras de mas calibre -típicamente de 7.62- con lo que pueden repeler en igualdad el fuego recibido. Pero imagino que los sectores de fuego, la protección de los tiradores y los otros vehículos en la línea de tiro dificultaran a veces esto. Y aunque no fuera así ¿como puede contribuir la infantería atacada mientras se resuelve la situación ? ¿devolver el fuego con su armamento portátil habitual el HK G-36 de calibre 5.56 ?
Aunque no soy un gran experto en ello tengo el concepto, y que alguien me corrija si no estoy en lo cierto, que los actuales fusiles de asalto tienen un alcance eficaz de unos 300 metros -menos de la mitad de las distancias típicas de combate de montaña en Afganistán; es mas, su alcance de incapacitación efectiva del blanco, en base a la fragmentación del proyectil, no es superior a unos 200 metros, con lo que incluso un adversario alcanzado a mayor distancia que esta ultima puede seguir combatiendo. Será un armamento muy bueno para combate urbano o en terreno nivelado en otros teatros y que permite al soldado llevar mas munición, pero intuyo que no es el ideal para los enfrentamientos que busca, y logra, nuestro enemigo talibán.
No se cual será la solución. Quizá dotar de fusiles o ametralladoras portátiles de mayor calibre. O a mas largo plazo desarrollar armas de calibre 5.56 pero con mayor alcance. O simplemente dotar de uno o dos tiradores de elite orgánicos a los pelotones. Entendiendo que el tirador de elite tiene que tener únicamente el adiestramiento de tiro del francotirador o sniper, aunque no el resto de sus capacidades para infiltrarse y sobrevivir aislado que los hacen tan escasos y preciados. Habrá que hacer lo que sea para permitir a todos o al menos algunos de los emboscados repeler los ataques recibidos con su armamento portátil y sin esperar que la solución venga de los cielos.
Esperemos que tanta ideología sobre operaciones de paz y tanta regla enfrentamiento "humanística" no nos haya hecho olvidar que la mejor defensa es hacer blanco en quien nos ataca.
*Ángel Tafalla es Almirante.
Ex Segundo Jefe del Estado Mayor de la Armada y del Mando Marítimo OTAN de Europa Sur

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