Empezó a tronar y nos acordamos de Santa Bárbara". Empieza a haber heridos, que se gestionan con éxito, ciertamente, pero las bajas vienen a poner de manifiesto la necesidad de ponerse al día. Jornadas para el debate, el estudio de material necesario y apto para su empleo en campaña, búsqueda y compra. En 1991 el presupuesto para material de campaña era de 20 millones de pesetas; en cinco años se pasa a 5.000 millones y, lo más importante, se prevé su reposición, mantenimiento y estudio de nuevos equipos. Gracias a ese esfuerzo, en la actualidad el Ejército de Tierra cuenta con material moderno y suficiente para las Misiones que le puedan ser encomendadas. El PAN, me referiré al pan del espíritu. La formación. "...tenemos que dominar la ciencia de la Sanidad de Guerra! El problema, repentinamente, se ha hecho agudo para nosotros". Editorial del Nº 19 (1937) de "La voz de la Sanidad de la XV división" Un Ejército inmóvil, con una sanidad inmóvil, válida para esa situación, con una buena formación técnica es una realidad que resulta cómoda para todos, es reacia a realizar los cambios necesarios para afrontar las nuevas situaciones. Hasta ese momento no se siente la necesidad de contar con 'médicos militares', basta con tener 'médicos de los militares'. Si 'el médico' se siente cómodo no es menos cierto que el resto de las Fuerzas Armadas, también. Se cae en el error de pensar que con que el 'médico' sepa de medicina es suficiente. Se piensa que el resto de actividades que son necesarias para proporcionar un apoyo sanitario fiable en combate pueden ser realizadas por cualquiera. Ese tremendo error lleva, entre otras cosas, a que España en 1992 no disponga de Unidades de Sanidad reales y esto pone en grave riesgo el cumplimiento de la Misión que en definitiva es "salvar vidas". Pronto se evidencia que "el mejor cirujano no opera muertos". Se requieren expertos en todos los niveles, ser soldados de Sanidad es un privilegio y un honor que no está para los aficionados. La esperanza no es un método para el éxito de nuestro 'negocio'. Ahorramos vidas y somos críticos para el éxito en paz y guerra. Si la necesidad de 'hierro' es rápidamente identificada y solucionada, no ocurre igual con la preparación. La inercia juega en contra. El Cuerpo de Sanidad Militar, de hecho, se ha suprimido. Ya no se incorpora a las Academias personal para sanidad, no facultativo, que reciba formación específica. Sus destinos en las unidades son cubiertos por personal de cualquier procedencia y sin ningún perfil. La tropa de Sanidad desaparece. No hay formación, cualquiera vale. Si en la Unidad queda alguien del extinto Cuerpo que intenta instruir a la tropa "predica en el desierto", su esfuerzo no es reconocido y además es inútil; el soldado pasará en cualquier momento a otro destino de su especialidad o arma. Pronto los pocos Oficiales y Suboficiales que quedan de Sanidad Militar no facultativos buscarán destinos burocráticos y cómodos que alivien su frustración.
Las Unidades de Sanidad están mandadas por personal del Cuerpo General de las Armas. Si bien muy cualificados para el Mando en su ámbito especifico, carecen de conocimientos que les permitan asumir la responsabilidad a este nivel. El jefe no tiene capacidad de instruir, ni la de valorar si la formación recibida por otros medios es adecuada y buena. No tiene el conocimiento necesario para entender la misión, valorar el riesgo y adecuar los medios. Por lo tanto, también carece de capacidad para asesorar. Esto se traduce en la práctica desaparición de estas Unidades. Poco a poco, se van produciendo cambios impuestos por la realidad o la legalidad. Los EMAT,s recientemente creados están mandados por médicos militares. Con personal de Sanidad, motivado y con magnífica actitud. Pero la realidad apunta que deben mejorar su preparación militar y técnica. Destinados en la Unidad, dan continuidad y permiten que el resto del personal, de distinta procedencia pueda instruirse. De hecho, aunque no de derecho, se recupera el espíritu del Cuerpo de Sanidad Militar, con magníficos resultados. Gracias a Unidades de Sanidad fiables, que se mueven con seguridad y eficacia, los heridos habidos son tratados con rapidez y éxito. Este quehacer da lugar a un reconocimiento por el Mando y fundamentalmente por el personal de la Fuerza, que se siente más seguro cuando sabe que un EMAT va con ellos. Esto va unido a la creación y magníficos resultados que están dando los Servicios de Emergencia civiles. También a la aparición de la normativa que regula la formación necesaria para dedicarse a la emergencia a todos los niveles. La aparición de las profesiones sanitarias, personal no facultativo, hace que en la actualidad exista la preocupación por la formación, que ya empieza a impartirse de forma reglada a todos los niveles. EL DINERO y la consideración .significa también que no hemos abandonado aún el concepto de que la Sanidad es un servicio de retaguardia. La Sanidad... que cura los heridos en la línea misma, que los opera a las cuatro horas y a 12 kilómetros del frente, no puede ser olvidada en los momentos desgraciados. Editorial de "La voz de la Sanidad del Ejército de Levante". 1938 A nadie se le escapa que cualquier profesional necesita, por razones obvias, recibir una remuneración adecuada, y esto es válido para cualquier profesión por vocacional que ésta sea. No va ser menos para el militar, para el médico y por supuesto para el médico militar. En el caso del médico militar, la comparación es inevitable, pues existe una clara diferencia con lo que gana un médico civil 'en la calle' y lo que gana en las FFAA. Pero explicar la salida del Cuerpo de algunos profesionales exclusivamente bajo este prisma es simplista y fundamentalmente injusto. Se da la imagen del mercader o del mercenario que sólo 'trabaja' en función de lo que cobra, e irá donde más le paguen. Se olvida su condición de Oficial de las FFAA, su vocación y compromiso. Asimismo que, como cualquiera, necesita para su propia estima cosas como las siguientes: un sueldo justo, acorde con su formación y dedicación, el reconocimiento a su esfuerzo y sacrificio, la posibilidad de mejorar constantemente su formación para sentirse útil y valorado, y la capacidad de promoción en su carrera; de nada sirve el cambio de Empleo Militar, si esto no va unido a asumir nuevos retos y responsabilidades. EL HOMBRE. El talón de Aquiles ...Esto es también valedero para nosotros los médicos. Somos -esto muchos de nosotros todavía no lo sentimos- soldados, con todos los deberes de un soldado. Y entre éstos, unos de los más importantes. Debemos aprender, debemos ampliar nuestros conocimientos para crear por nuestra parte las mejores condiciones para la victoria... Editorial del Nº 19 de 27 de noviembre de 1937 de "La voz de la Sanidad de la XV división" Sin duda, el mayor problema al que se enfrenta hoy Sanidad Militar es la escasez de material humano. Si todo lo anterior se puede y de hecho se ha arreglado, o se va resolviendo, en este aspecto la solución no es fácil ni mucho menos rápida. Es un problema estructural, que requiere soluciones de la misma tipología. Accidente de autobús en Arja (Pakistán) el 13 de El escaso sueldo, la poca consideración, la repetición en las Misiones en el exterior, sin ver el fin, sea cual sea el empleo, haciendo poco más o menos lo mismo desde teniente a coronel han llevado al desencanto. Poco a poco se ha ido produciendo una diáspora en busca de situaciones que de una u otra manera mejorar en la propia estima, responsabilidad, comodidad, sueldo, nuevos retos. Ciertamente, cada caso es diferente pero tiene un mismo resultado, la separación de las FFAA de un personal válido y preparado, pero con poco estímulo. Lo anterior, unido a la incapacidad de hacer atractivo el ingreso, lleva a la desaparición por lisis. Pero un Ejército necesita la Sanidad Militar; el Teniente Médico de la Sección de Sanidad del batallón, no es 'externalizable'; un cirujano militar, no es un cirujano civil que trabaja de uniforme o donde caen bombas; es personal que, recordando a Cervantes para el gobierno de su 'ínsula', le son imprescindibles el conocimiento de las armas y las letras. Tienen una profesión distinta. El problema existe, hay que asumirlo y buscarle, como dije, soluciones estructurales. Es urgente, se necesita humildad para reconocer errores, valentía para afrontar el problema, imaginación, estudio y esfuerzo para resolverlo. Estudiar cómo se ha acometido el problema en los países de nuestro entorno, que también lo han tenido y solucionado, cambiar el sistema de ingreso y el plan de estudios, adaptando éste a lo que debe dominar un profesional de Sanidad Militar, definir perfil de carrera y contenido de los empleos, integración en los Ejércitos, buscar semejanzas y no diferencias, y asumir responsabilidades. Explicar a los jóvenes la necesidad, diferencias y atractivos de la profesión, lo que significa el "orgullo de vestir el uniforme": historia, tradición, conocimiento, necesidad de ser los mejores en lo nuestro, el reconocimiento del trabajo, por ser un factor determinante en la regeneración de la Fuerza e imprescindibles a la hora de salvar la vida. Puede ser un camino.
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