Tres localidades habitadas mayoritariamente por cristianos en las inmediaciones de la ciudad de Jos, capital del Estado federado nigeriano de Plateau, en el centro del país, han vuelto a ser el pasado fin de semana escenarios de enfrentamientos intercomunitarios que se han saldado según los datos más recientes con más de medio millar de muertos.
En enero, Jos y otras localidades circundantes habían sido testigos de otras matanzas - en aquella ocasión saldadas con 326 muertos - y la semilla del odio intercomunitario se riega como vemos con cada vez mayor frecuencia aunque debe destacarse que lleva ya mucho tiempo plantada en este país, el más poblado de África y octavo productor de crudo del mundo.
Pastores fulanis musulmanes atacaron Dogo Nahaua, Ratsat y Jeji, habitadas por miembros de la tribu derom, en su inmensa mayoría cristianos, tras haber sido movilizados a través de mensajes de móvil cometiendo la susodicha matanza con armas blancas y de fuego. Aunque es fácil describir tan luctuosos acontecimientos como un caso más de enfrentamientos entre musulmanes y cristianos en un escenario donde esto ya ha sucedido, y demasiadas veces, anteriormente, lo cierto es que aquí se superponen dos tipos de conflictos por otro lado también recurrentes en otros países africanos.
Los fulanis son nómadas del norte del país tradicionalmente dedicados al pastoreo que compiten por los pastos con tribus sedentarias como los derom. Las fricciones iniciales se fueron centrando de forma progresiva en la identidad religiosa de unos y otros como factor belígeno adicional y esta faceta se ha hecho ya omnipresente desde el momento en que predicadores radicalizados inoculan el islamismo en el norte de Nigeria. Lo hacen además con proyección hacia los países del Sahel encontrándonos hoy con el efecto pinza que afecta esta a franja al encontrarse aquella corriente sur-norte con el yihadismo salafista que avanza en dirección norte-sur desde el Magreb y en particular desde Argelia.
Las matanzas más importantes en el norte y el centro de Nigeria de la última década se han producido en 2001, con un millar de muertos, en mayo de 2004, con más de 200, en noviembre de 2008 con 218, los 326 de enero y el medio millar de ahora.
A fines de diciembre pasado 70 personas morían en enfrentamientos en la localidad septentrional de Bauchi, entre ellos el líder de la secta islamista Kala-Kato, también conocida como Maitatsine, presente en el norte de Nigeria desde hace décadas y a la que se le suponen miles de seguidores. A esta se la relaciona precisamente con matanzas aún anteriores a las citadas y que constituyen la susodicha semilla de enfrentamientos.
Así, miles de personas morían en levantamientos islamistas sucedidos en la principal ciudad del norte, Kano, en 1980, o en Yola, capital del Estado federado también norteño de Adamawa, en 1992. El problema añadido es que las matanzas de ahora se dan en un momento muy delicado desde el punto de vista político y de seguridad pues el Presidente del país, el norteño y musulmán Umaru Yar'Adua, se encuentra incomunicado en un hospital de Arabia Saudí desde hace tres meses, y es su Vicepresidente, el inexperto sureño Goodluck Jonathan, quien ha debido de coger las riendas del poder. Ante los crecientes disturbios en el norte y las dudas en torno a que el Presidente Yar'Adua pueda recuperarse pronto de su grave enfermedad cardíaca las elecciones presidenciales previstas para 2011 podrían tener como candidato principal a un sureño cristiano. Sabido es que los yihadistas salafistas aborrecen las elecciones pero las aprovechan - sobre todo cuando pueden ser potencialmente tensas - para agudizar las tensiones e inocular su destructivo mensaje.
* Carlos Echeverría es Doctor en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid y Profesor de Relaciones Internacionales de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la UNED
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