En la fecha en que se escribe esta nota, 25 de febrero del 2010, cuando los llamados Cinco más Alemania ultiman - excepción hecha de China, uno de ellos - si se aplica a Irán, en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, una cuarta ronda de sanciones por su pertinaz insistencia con el enriquecimiento de uranio, llegado este proceso a la cota crítica del 20 por ciento - pues a partir de este nivel, todo paso adelante resulta de importancia significativa siendo del 80 por ciento la cota necesaria para lograr la bomba atómica.
Ello y el dominio en el medio plazo de la tecnología necesaria para instalar la bomba en la cabeza del correspondiente cohete, es lo que se teme que la República Islámica pueda conseguir. Pero el cohete capaz de impactar en Europa también lo tienen los ayatolás; o más precisamente dicho, lo tenían. Ahora son los Guardianes de la Revolución, la línea caliente del sistema, quienes llevan la batuta en la deriva del régimen hacia una dictadura militar.
Tres días en total sería lo que resta para que se llegue a las sanciones según fuentes de la Casa Blanca. Es decir, son 72 horas las que dispone Pekín para decidir qué hace en lo que corresponde a la cuarta sanción internacional a la República Islámica de Irán. Parece lo más probable que la oposición china a nuevas sanciones se venga a resolver con una dulcificación del castigo a los iraníes, ya que de mantenerse los términos de la sanción pensada, con su mayor severidad, tropezaría - puestos en lo peor - con el veto de China en el Consejo de Seguridad, dado que dispone de esta facultad obstructiva, lo mismo que Estados Unidos, Rusia, Reino Unido y Francia.
Muy posiblemente, la carta que está jugando a estas horas la diplomacia de Pekín no sea otra que su positivo papel en el otro problema nuclear asiático, que es el de Corea del Norte. Los chinos, en efecto han abierto un boquete en el muro de la negativa norcoreana a renunciar a su condición de potencia atómica mientras no se acepten sus exigencias de compensación económica y normalización de su comercio exterior, y muy especialmente en lo que toca al desbloqueo de sus cuentas en la banca de Macao; o sea, en todos los puntos que determinaron la anterior marcha atrás del régimen de Pyonyang respecto del acuerdo que anteriormente se había conseguido tras las arduas negociaciones de los norcoreanos con Estados Unidos, Rusia, Japón, Corea del Sur y la propia China.
A este respecto, después de las nuevas sanciones de la ONU que se impusieron a a Corea del Norte por la reanudación de sus pruebas nucleares y por el lanzamiento de misiles de largo y corto alcance, las cosas cambiaron entre Pekín y Pyonyang, pues en tal ocasión los chinos no vetaron la correspondiente Resolución en el Consejo de Seguridad, quedándose los norcoreanos sin el único apoyo internacional significativo que tenían. Pero éstos tomaron nota y en fecha reciente formalizaron su aceptación de las nuevas condiciones impuestas por los chinos ante el emisario (un funcionario de segundo nivel) enviado por los mismos a Pyongyang.
La interrogante de ahora es si tal arbitraje chino con los norcoreanos se repite con los iraníes, en el caso de que Arabia Saudí, sola o con sus socios del Consejo de Cooperación del Golfo, y tal como Estados Unidos le ha pedido, se comprometa a suministrar a China los hidrocarburos que le vende la República Islámica de Irán.

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