En paralelo tanto al lanzamiento de la gran ofensiva de la OTAN en la emblemática provincia afgana de Helmand como a la confirmación por parte del Movimiento Talibán de Pakistán (TTP) de la muerte de su líder, Hakimullah Mahsud, los yihadistas salafistas volvían a golpear a India, tercer actor por excelencia en este frente caliente de los terroristas que es el subcontinente indio y su conexión centroasiática a través de Afganistán.
El atentado producido el 13 de febrero en la localidad de Pune, próxima a Mumbai (la antigua Bombay), provocaba en el momento ocho muertos y más de cincuenta heridos, habiendo ciudadanos extranjeros tanto entre los primeros como entre los segundos. La bomba estallaba en el café German Bakery, local muy frecuentado por extranjeros al estar situado en las proximidades de un centro de meditación (ashram) de renombre pero que ese día también tenía mucha clientela india por ser fin de semana. Por otro lado, el hecho de que dicho café esté situado junto a un centro de acogida de judíos ortodoxos (chabad house) habría servido para hacer de él un objetivo privilegiado para los terroristas.
Lo más destacable de este nuevo ataque terrorista en el atribulado suelo indio es que se producía al día siguiente de que se hiciera oficial la aceptación paquistaní de la oferta india de reanudar el diálogo iniciado en 2004 y suspendido por las autoridades de Nueva Delhi tras el ataque terrorista a la cercana Mumbai en el otoño de 2008. Entonces 166 personas fueron asesinadas por terroristas yihadistas salafistas entrenados en Pakistán por el grupo Laskar-e-Taiba que actuaron de forma coordinada en la ciudad atacando con armas automáticas y granadas diversos objetivos, entre ellos otro centro de acogida judío. Aunque ahora los terroristas no han logrado que su atentado tuviera la repercusión de acciones anteriores como la aquí descrita sí han conseguido poner de nuevo en máxima alerta a India, aunque esperemos que esto no sirva de nuevo para interrumpir o para dificultar las tan necesarias conversaciones indo-paquistaníes. Estas se dan, no lo olvidemos, entre dos países que se han hecho la guerra en tres ocasiones entre 1947 y la actualidad, ambos son potencias nucleares y, por ende, no consiguen encontrar puntos de aproximación en torno a la espinosa cuestión de Cachemira a pesar de los esfuerzos diplomáticos desplegados en los últimos meses por la Administración Obama.
El enfrentar a India y Pakistán es un objetivo durante largo tiempo buscado por Al Qaida así como por grupos locales como los citados Laskar-e-Taiba o el TTP, entre otros. El TTP ha sufrido el duro revés de haber perdido a su líder Hakimullah Mehsud a los seis meses de haber sustituido a su predecesor, Baitullah Mehsud, muerto también durante el ataque de un avión no tripulado estadounidense en suelo paquistaní fronterizo con Afganistán. La corta vida en el cargo de los líderes terroristas es un buen indicador de que se logran avances en la lucha antiterrorista y la susodicha ofensiva en Helmand sirve para transmitir la idea de que, frente a tantos rumores de debilidad y de progresivo abandono del frente Afg/Pak, hay voluntad de reforzar nuestras posiciones en la región, pero no debemos de olvidar que, como ocurre también en Oriente Próximo, la efectividad de los pequeños avances está siempre supeditada a la capacidad de protegerse de las acciones hostiles de los enemigos del proceso quienes, con demasiada frecuencia y Pune es un ejemplo más, se expresan a través del instrumento terrorista.
* Carlos Echeverría es Doctor en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid y Profesor de Relaciones Internacionales de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la UNED
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