La operación Mushtarak iniciada a mediados de febrero en la conflictiva provincia de Helmand, es la mayor ofensiva llevada a cabo desde la caída de los taliban en 2001. Pero también es un primer test de la nueva estrategia contrainsurgente en Afganistán que, al igual que ocurrió en Iraq tras el despertar sunní, pretende dar un mayor protagonismo a los propios afganos para liberar las zonas en poder de los taliban.
Una serie de características de esta ofensiva que tiene su centro de gravedad en la ciudad de Marjah, la diferencian de anteriores acciones emprendidas en Afganistán. Empezando por el propio código de la operación, Mushtarak - juntos en dari- que indica claramente la importancia que se da a la participación de cinco brigadas afganas junto a estadounidenses, británicos, canadienses daneses y estonios. El volumen de fuerzas empeñadas, 15.000 combatientes, entre ellos 6.000 marines y más de 2.000 afganos, es significativo y pone de relieve, por un lado, la envergadura de la operación y, por otro, la mayor capacidad operativa de las fuerzas aliadas por el refuerzo de 30.000 hombres.
El presidente Obama, al asumir parcialmente las recomendaciones del general McChrystal en su duro análisis de situación de agosto pasado donde afirmaba qué el éxito es posible, aunque la situación es grave, (1) no solo autorizó un aumento de fuerzas sino también un cambio de actitud como se ha puesto de manifiesto en el objetivo de la operación Mushtarak que no es otro ocupar y mantener una amplia zona del valle del río Helmand para sacar a los talibanes de las áreas habitadas. Esta zona tiene su centro en Marjah, una ciudad de 80.000 habitantes, bastión de los talibanes e importante centro de producción de opio que es donde se presupone una mayor resistencia.
El objetivo, por tanto, ha cambiado. No se pretende desalojar a los talibanes y retirarse, dejando únicamente pequeños destacamentos, como ha ocurrido en anteriores ocasiones. Ahora hay voluntad de permanecía manteniendo fuerzas suficientes que impidan el regreso de los insurgentes y permitan establecer una nueva administración y servicios en el momento que se haya limpiado la zona. Para ello cuentan con un equipo de 1.500 policías y personal civil afgano al frente del cual se encuentra un gobernador que sustituirá al gobernador en la sombra taliban que ha venido ejerciendo sus funciones hasta ahora.
La planificación de la operación también ha roto los esquemas habituales. Si siempre se ha considerado en el arte de la guerra la sorpresa como una ventaja para alcanzar la victoria, en este caso se ha desechado. Desde varias semanas antes se ha venido anunciando las intenciones de desencadenar una ofensiva y el lugar donde tendría lugar. La razón no es otra que alertar a la población civil para evitar bajas y convencerlos que se actúa para protegerlos, pero también para permitir a los taliban que se retiren evitando duros combates, a la vez que se intenta llevar a su animo el convencimiento que Marjah está perdida para su causa.
La guerra de la información ha tomado un mayor protagonismo en un momento en el que se apuesta por ganar la confianza de la población y el dialogo con los talibanes, preconizando la atracción de los combatientes de bajo nivel y su reintegración en la sociedad afgana. (2) El enemigo no es la población afgana ni los simpatizantes talibanes, únicamente los dirigentes y elementos más fanáticos. Por ello la campaña informativa del departamento de Comunicaciones Estratégicas y los líderes afganos tratan de tranquilizar a la población con declaraciones como la del ministro de Defensa, Abdul Rahim Wardak que asegura: Nos quedaremos en cualquier caso y daremos seguridad a toda la zona definitivamente. (3)
Esta primacía de la protección de la población ha obligado a las fuerzas aliadas a asumir importantes limitaciones. Reducir al mínimo las bajas colaterales, especialmente tras la muerte de 12 civiles por el desvío de unos misiles, ha hecho que se haya prescindido del apoyo artillero y aéreo, excepto casos de máxima necesidad, imponiendo por tanto un ritmo un avance más lento a medida que se ha ido intensificando la resistencia taliban.
En definitiva, las características de la operación Mushtarak la configuran como un prototipo de operaciones de contrainsurgencia siguiendo la pauta expuesta por el general Petraeus en la Conferencia de Seguridad de Munich de 2008 y cuya síntesis expuso posteriormente en un decálogo que tuvo una amplia difusión en los medios de comunicación. (4)
En este decálogo de principios orientadores de contra una insurgencia - que ya aplicó con eficacia el general Petraeus en Iraq - destaca ganar el apoyo de la población. A esto tienden las nuevas medidas tomadas, empezando por limitar las victimas civiles, pero sobretodo garantizar la seguridad de la población, respetarles y ayudar a la reconstrucción.
Proteger y servir a la población es el primer mandamiento de toda campaña contra la insurgencia. En el caso de Afganistán, la mayoría de la población acogió a las fuerzas norteamericanas con alegría tras la salida de los taliban pero esta primera impresión se ha ido transformando en desencanto a medida que se comprobaba la lentitud y escasa eficacia de las medidas de protección de las zonas rurales y la reconstrucción de las infraestructuras.
Con la operación Mushtarak se trata de recuperar la esperanza de los afganos en su gobierno y el apoyo de los aliados, a medida que se toma la iniciativa en la lucha, perdida por el resurgir taliban que les ha permitido controlar gran parte del país.
La lucha en Helmand será dura y ocupar el terreno exigirá varias semanas de combates, aunque el éxito de la operación no se conocerá hasta pasados, al menos, tres meses. Entonces es cuando habrá podido transferirse la responsabilidad a las fuerzas afganas, y podrá comprobarse si verdaderamente se han ganado corazones y mentes convenciéndoles del grado de compromiso del gobierno de Kabul para mantener la autoridad y proporcionar servicios en las zonas rurales.
NOTAS
1. - General calls for More U.S. Troops to Avoid Afghan Failure. Eric Schmitt. The New York Times 21/9/2009
2.- El general Petraeus apuesta por el dialogo con los talibanes. El pais.com. 9/10/2008
3.- Kabul ofrece la reconciliación y la paz a los talibanes de la zona de Helmand. ABC. 1672/2010
4.- El decálogo del general Petraeus Andrea Rizzi. El País 19/2/2009

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