Estudios En el mes de marzo de 1883 vio la luz el primer reglamento, que determinaba las condiciones para el ingreso y establecía como común para todos el primer curso, a cuyo término los alumnos que lo hubiesen superado y deseasen pertenecer al Cuerpo de Administración Militar pasarían a continuar sus estudios en la Academia Especial del mismo. Finalizado el segundo curso, común para el resto de los alumnos, serían éstos escalafonados según sus calificaciones y se les daría la opción de elegir entre pasar al Curso Especial de Infantería o Caballería o al Preparatorio para el ingreso en los Cuerpos de Artillería, Ingenieros o Estado Mayor. El 1 de septiembre siguiente tuvo lugar la inauguración oficial del curso, en la que en la que el primer Director del Centro, el general don José Galbis Abella, resumía en una corta frase el espíritu de la General: El ideal que perseguimos es unir con lazos indisolubles a todos los que pertenecen a la gran familia militar. Los alijares El mayor logro del general Galbis fue el conseguir una enseñanza práctica, hasta entonces relegada en las academias militares, y para ello instituyó en el plan de estudios la fase de campamento, en la que se practicaba en plena naturaleza lo que se había aprendido de forma teórica en las aulas. El primer campamento tuvo lugar en 1885 en las proximidades de Toledo, y a él asistió don Alfonso XII. Luego se propuso el Director disponer de unos terrenos propios y cercanos al Alcázar, y así nació en 1886 el Campamento de Los Alijares, en un principio de reducidas dimensiones pero ampliado con el paso del tiempo, siendo hoy en día empleado por muchas de las Unidades de nuestro Ejército para sus ejercicios. No se habían superado todavía las consecuencias del incendio que destruyó el Alcázar en la noche del 9 al 10 de enero de 1887, cuando en 1890 comenzó a gestarse una nueva reorganización de la enseñanza militar, de la que la Academia General no saldría bien parada, ya que quedaba suprimida por real decreto de 8 de febrero de 1893. De nada sirvieron los buenos resultados obtenidos por aquel Centro en sus diez años de vida ni los propósitos que se habían planteado para mantener unidos a los miembros del Ejército, suprimiendo las preeminencias y costumbres de cada Arma o Cuerpo. Habría que esperar a que la General resucitase en Zaragoza en su Segunda Época, para que otra vez renaciese el espíritu impuesto por Galbis en Toledo.
Febrero
Enero
|
REVISTA ATENEA
AGENDA
DESTACAMOS
Normativa General Organización Personal Premios y Condecoraciones Internacional
LO MÁS LEIDO
|
| |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||