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Tensión post-electoral en Sri Lanka

Daniel Rajmil, politólogo

   lunes, 15 de febrero de 2010

El pasado 27 de enero, Sri Lanka apostaba por la reelección de su presidente Mahinda Rajapaksa para un nuevo mandato con un 57,9 por ciento de los votos según informaba la comisión electoral del país. La reelección cerraba, así, la posibilidad de que el otro candidato, el general Sarath Fonseka, con un 40,1 por ciento de los votos, pudiera acceder a la presidencia.

El país asiático decidió y se decantó por la continuidad del presidente Rajapaksa, uno de los principales partícipes de la lucha contra las guerrillas Tamiles. La otra opción, consistía en romper con su mandato y votar por el general Fonseka. Éste, irónicamente, participó en los planes del gobierno de Rajapaska del año pasado contra las guerrillas Tamiles. Los Tigres de Liberación del Ealam Tamil han marcado la agenda y la lucha política del país durante más de dos décadas. A principios del año 2002, la comunidad internacional se sorprendió por un alto al fuego del grupo pactado con las autoridades. No obstante, el alto al fuego fue roto en varias ocasiones por ambas partes llegando a puntos de máxima tensión en 2009, año en que el gobierno decidió iniciar una ofensiva militar contra los rebeldes que acabó con la estructura de la guerrilla y varios altos cargos, cobrándose la vida del número más elevado de civiles del conflicto.

La ofensiva militar que tuvo lugar entre enero y febrero de 2009 fue impulsada por el actual presidente y contó con operativos de más de 50.000 soldados que consiguieron restablecer el control sobre las zonas dominadas por la guerrilla. Una ofensiva que terminó con las operaciones del ejército en mayo de 2009, cuando el gobierno declaró el control sobre el grupo terrorista. El entonces jefe Mayor del Ejército, el general Sarath Fonseka, declaraba la liberación total del territorio de los Tamiles y confirmaba la muerte de su fundador, Velupillai Prabhakaran.
Este protagonismo valió la fama nacional del general Fonseka quien, después de unos meses, decidió hacer carrera política y optar a la presidencia del país. Desde este momento, la enemistad y los ataques públicos se vienen repitiendo entre los dos candidatos.

El mismo día de las elecciones, Fonseka y sus partidarios, que se encontraban desde la mañana esperando los resultados en el hotel Cinnamon Lakeside en Colombo, fueron rodeados por tropas del ejército en las inmediaciones del hotel. Ante tal medida, el general no dudo en hacer público su descontento y acusó al gobierno de iniciar un proceso de acoso personal contra su persona. Por parte de las autoridades, las medidas adoptadas se debieron a los temores del gobierno a que la oposición planeará un golpe de estado al conocerse los resultados.

Desde entonces, la situación ha ido empeorando llegando a la tensión máxima el pasado día 9 de febrero, cuando se hizo pública la decisión de las autoridades de arrestar al general Fonseka. Esta acción, como era de preveer, ha irado los ánimos de los simpatizantes del candidato opositor, produciéndose este mismo miércoles choques entre la policía y los simpatizantes de Fonseka. La policía disparó gas lacrimógeno para disolver las protestas de los manifestantes en contra el arresto del candidato. La manifestación tuvo lugar justo un día después de la detención del político y de que el presidente reelegido, avalado por los resultados electorales, decidiera disolver el parlamento. El general se enfrenta ahora a ser juzgado por la ley Marcial acusado de amenazar la estabilidad nacional. Paralelamente, los partidarios del presidente decidieron concentrarse a la misma hora y la tensión acabó estallando entre los dos lados cuando, para frenar los choques, la policía decidió intervenir.

En un momento donde se pone de manifiesto la frágil unidad nacional tras más de dos décadas de conflicto, esta nueva fractura política agudiza más los problemas de la sociedad y la clase política del país. La solidez de la democracia del país se vuelve a ver perjudicada y se desgasta aún más su imagen internacional, en un momento donde la democracia podría disfrutar de sus primeras elecciones libres de conflicto armado, la unidad podría y debería ser más fuerte que nunca.

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