La Presidencia Europea proporciona la oportunidad a España de dar credibilidad al papel que ha pretendido desempeñar, desde la transición democrática, en tanto puente entre América Latina y Europa. Esta función le proporcionaría mayor peso internacional, aunque hasta el momento no ha logrado desempeñarla plenamente. El 17 de mayo se celebrará, en Madrid, la Cumbre Unión Europea, América Latina y el Caribe. Consciente de la importancia que tiene para España este evento, el Secretario de Estado español para Iberoamérica, Juan Pablo de Laiglesia, ha asegurado que la presidencia española de la Unión Europea (UE), tendrá "un marcado sesgo latinoamericano" y este encuentro es considerado por la agenda española como un "evento central".
Realmente esta reunión es un auténtico reto puesto que las relaciones América Latina-Europa han estado dominadas hasta el momento por la indeterminación y la escasez de resultados concretos. Uno de los motivos ha sido las resistencias de Europa a abrir su mercado de productos agrícolas y la de América Latina permitir la entrada de manufacturas europeas para que compitan con producción latinoamericana. Otro obstáculo ha sido la imposibilidad de firmar Acuerdos de Asociación birregionales, con el Mercado Común del Sur (MERCOSUR), la Comunidad Andina de Naciones (CAN) y el Mercado Común Centroamericano (MCCA). Finalmente sólo han podido firmarse acuerdos con países en concreto, Chile (2000) y México (2003). Este proceso es similar a la evolución de las negociaciones de Estados Unidos con América Latina, ya que tras renunciar a la firma del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), Estados Unidos propuso Tratados de Libre Comercio (TLC,s) con países concretos.
La credibilidad española en este caso no radica tanto en la exposición de gradilocuentes proyectos que nuevamente quedarían reducidos a mera retórica, sino en la concreción de pasos sólidos aunque éstos sean menos ambiciosos. Por eso resulta preocupante que, a pesar de la experiencia proporcionada por la evolución de las negociaciones con América Latina, España tenga la pretensión de aspirar a crear "un modelo de relación de socios globales". Lamentablemente en la actualidad la región latinoamericana no actúa como un actor global, prueba de ello es que no se han logrado ni firmar acuerdos subregionales. Más realista parece, como también se está haciendo, enfocar los esfuerzos en al menos culminar las negociaciones para conseguir la asociación con Centroamérica. Se confía en que el acuerdo este firmado antes de junio de 2010. Igualmente positivo es su naturaleza, ya que no es un mero acuerdo comercial sino que también contempla el diálogo político y la cooperación reforzada, como también ha declarado el mismo Secretario de Estado. Otra cosa son los procesos de negociación con los países de la Comunidad Andina y con el Mercosur, ya que aunque se trabaja "de manera intensa para avanzar en lo posible hacia su conclusión", quedan muchas cuestiones por concretar.
Es preciso insistir en las dificultades y los obstáculos que se presentan a España, sin embargo en una situación así, la retórica y los grandes proyectos, despegados de la realidad, solo conducirán al fracaso. La única manera de ganar credibilidad será mediante la aplicación de un criterio realista, aunque menos ambicioso.
*Sonia Alda es Doctora en Historia por la UAM

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